Curso en el Corso

Tienes que ayudar a cruzar el río a 1 oveja, 1 lobo y 1 lechuga. Pero si cruzan juntos el lobo se comerá a la oveja y la oveja la lechuga.  ¿Os acordáis de ese juego de lógica? Pues así ha sido más o menos mi día. Tienes 2 niños, 1 marido que acaba de empezar en su trabajo, varios trámites burocráticos pendientes y 1 colegio que – en el día de la presentación de las clases – pone a los niños horarios incompatibles y tienes que conseguir que todos esos elementos se coordinen satisfactoriamente. Conclusión, para hacerlo te pasas toda la mañana y gran parte de la tarde, vía del Corso arriba, vía del Corso abajo, bajo un sol de justicia. En el lado positivo, los paseos te hacen estar más receptiva y te permiten darte cuenta de algunas cosas:
No me gusta ir de tiendas, ni creo que nunca llegue a gustarme, pero en esa calle, y sus aledañas, es casi imposible no echar un ojo, aunque sea de refilón, a los espectaculares escaparates. Y en ese sentido, lo que sí hay que reconocerme es mi buen ojo. “Mira que zapatos más monos”. Y 990 golpes contra el cristal después, me he dado cuenta de que el tacón era demasiado alto y me iban a resultar incómodos…
El tráfico en Roma pues…¿qué no se puede decir del tráfico en Roma? Los verdaderos habitantes de esta ciudad son los coches y, aún más, las motos. Cruzar la calle es verdaderamente arriesgado, pues nunca sabes por dónde te pueden venir, y además los pasos de cebra son grafitis carentes de significado para la mayoría de los conductores. Las calles del centro son un caos sin orden ni concierto. Además, en general, por toda la ciudad, las aceras son muy estrechas, y por ellas tienen casi la misma prioridad los peatones que los vehículos de dos ruedas.  Y luego, para colmo…están las italianas. Esas italianas-italianas, de las de verdad, que ya no tienen ese físico exuberante de las clásicas, pero que se las gastan de la misma manera. Esas italianas, que ahora son altas y delgadas, con unas piernas – con moreno de Capri y longitud eterna – asomando bajo un vestido ajustado. Esas italianas que con su bolsa de Gucci te golpean o, peor aún, con su “aquí estoy yo” se llevan por delante a cualquier niño de menos de un metro (y medio). Esas italianas que, si las tocas levemente para evitar el choque, te montarán un numerito digno de la Loren. (Y digo yo, menos mal que maridísimo está acostumbrado a tratar con locas…mujeres de carácter…y tiene amplia experiencia aguantando el chaparrón con media sonrisa y una calma irritante).
Y ya por último, que se me está alargando mucho la cosa, me he cruzado con una celebridad local. O eso creo, porque, en un momento en el que me he apartado para dejar salir de una tienda a una pareja, me he dado cuenta de que la gente de alrededor se daba codazos mirando al hombre. Incluso, cuando ya habían desaparecido tras una esquina, un chico joven, se ha echado las manos a la cara, tapándose los ojos y luego las ha empezado a agitar nerviosamente, tratando de explicarle a su acompañante el momento único que acababa de vivir. ¿Quién sería? – me pregunto – ¿un deportista, un actor o cantante, un presentador de la televisión?… el hombre del tiempo seguro que no,  porque es un militar de mediana edad con su uniforme y todo. No sé quién sería, pero en todo caso, me ha hecho reflexionar sobre lo poco que sé, en general, de este país.
Así que ya tengo nuevo propósito…¡aprender algo de cultura contemporánea y actualidad italiana!.

Autor: elenabalo

Medio berciana, medio castellonera. Criada como barberense y crecida como villaodonesa. Y ahora mismo ejerciendo de romana. Soñadora vehemente, vividora pragmática. Unos ratos ingenua y otros escéptica. Hija imperfecta, madre impaciente, compañera indómita, amiga irregular. Culé. Viajera y enamorada de Roma.

2 comentarios en “Curso en el Corso”

  1. Muy bonito todo …. y los niños que tal en su primer día de cole? o esto lo dejas para otro capítulo. Por cierto, te he enviado un contacto a través de mensaje en el face. Es un gusto leerte, es casi como estar allí, je,je

    1. Inés lo lleva mejor. Gonzalo poquito a poco, cada uno llevamos nuestro tiempo. Pero felices los dos. Sobre tu contactillo ya te he contestado antes. Mil gracias. Besos.

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