Primer día sin tráfico

Roma es una ciudad estupenda, pero muy contaminada. Nada extraño teniendo en cuenta la cantidad de tráfico que tiene. Yo noto como le quito hojas a mi calendario cuando monto en bici y mi amiga villaodonesa nos comentó que cuando se lavaba las manos le salían negras. Yo nunca me he dado cuenta, pero ¡claro! será que yo soy un poco cochinilla y me lavo poco las manos. Ayer leí en el periódico que, a consecuencia de esta contaminación, la administración de la ciudad ha decidido cortar el tráfico en todo el centro – en la zona que queda dentro del “gran raccordo”, que es el anillo que rodea la ciudad – durante cuatro domingos. Mañana uno de diciembre es el primero de ellos (el 19 de enero, el 23 de febrero y el 23 de marzo serán los siguientes). El tráfico no se cortará todo el día, sólo unas horas (de las 7.30 a las 12.30 y de las 16.30 a las 20.30).
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Se supone que potenciarán el transporte público (¡¡ya veremos!!) y que, para completar, harán diversas “fiestas” tipo “vamos a montar en bici todos juntos”. Cuando leo la noticia,la idea no me parece mala, de hecho es bastante interesante. Pero luego, cuando sigo leyendo, veo que hay una lista con…los ¡¡¡30!!! tipos de vehículos que sí que podrán circular: los eléctricos, los híbridos, las motos, los de policía, los de emergencias sociales, los de mantenimiento, los taxis, los oficiales, los de personas con discapacidad, los de médicos, veterinarios y sacerdotes en trabajos de urgencias, los que transporten alimentos o servicios, los que lleven a participantes en ceremonias religiosas, los de la televisión, los relacionados con el control aéreo del tráfico, los que sirven para mantener el metro, los de las empresas que trabajan para el ayuntamiento y los de los vendedores ambulantes de los mercadillos que se llevan a cabo los domingos.
Vamos que me parece a mí…¡¡qué mañana va a ser un día cualquiera en Roma!!. Aún así, yo iré en bicicleta.

Pasta 1: Carbonara

Dicen que hay tres pastas que, si vienes a Italia, no puedes perderte: la carbonara, la cacio e pepe (queso y pimienta), y la amatriciana (tomate y bacon). Yo hoy sólo voy a hablar de la más famosa de las tres en España: la carbonara.
El origen de esta salsa no se sabe con exactitud. Lo que sí que es seguro es que no apareció en los libros de cocina hasta 1945. Dicen que es probable que la receta tal y como se conoce actualmente, surgiese durante la liberación de Italia por parte de los aliados al final de la Segunda Guerra Mundial, (¿son los americanos pues los inventores de la carbonara? :-O), ya que las raciones militares sólo contenían huevo en polvo y panceta ahumada y fue así como a algún cocinero se le ocurrió la idea de mezclar ambas cosas, añadirle queso y condimentar con ello la pasta, espolvoreándole bastante pimienta negra (como el carbón) para realzar el sabor. Otras teorías dicen que los carbonara actuales, son una evolución de una receta muy antigua. Pues los leñadores que andaban por las montañas para cortar la madera con la que luego se haría el carbón (de ahí el nombre de “carbonara”) aderezaban su pasta con panceta, huevos y queso. 
Atendiendo a todo lo anterior, es evidente que la “receta original” de la carbonara, no existe. Aunque hay varios axiomas fundamentales: siempre se hace con pasta larga (preferentemente spaghetti), no se usa nata (pues la cremosidad de la salsa debe venir del huevo), el queso tradicional que se usa es el pecorino (aunque también es válido el parmesano) y el toque fundamental está en la pimienta (pero siempre recién molida).
Básicamente, por un lado, hay que escaldar la panceta (cortada en pequeños cuadraditos). Por otro, hay que mezclar las yemas del huevo (1 por persona), con el queso rallado (1 cucharada por persona) y la pimienta (a voluntad). Mientras tanto se pone a cocer la pasta (80 gramos por persona) en abundante agua no demasiado salada. Cuando la pasta esté al dente, se saca rápidamente de la olla (con unas pinzas o un tenedor grande) y se añade a la mezcla del huevo (es con el calor de los espaguetis, con lo que el huevo va a cuajar y va a tener esa cremosidad), se le da vueltas muy suavemente y se le añade la panceta y, si se quiere, otro poco de pimienta negra recién molida. Y voilà!

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Y esto, teniendo en cuenta mi dominio de las artes culinarias y del idioma italiano, es lo más parecido a una receta que puedo escribir. Además he entrado en los blogs de varios chefs para encontrar la auténtica receta de los carbonara, y ahora resulta que…no existe. Pues vaya. Aún así, ¡espero que os guste!. Buon appetito!!

Le piccole vie a Roma

De la Piazza del Popolo surgen tres grandes calles romanas. Todas ellas comerciales y fantásticas. A saber: La Vía del Corso, la central, que lleva hasta el monumento a Vittorio Emmanuele; la Vía de Ripetta, a la derecha, que lleva hasta la zona del río y la Vía Babuino, a la izquierda, que acerca hasta Piazza Spagna. Pero yo no suelo ir por ninguna de éstas, porque a mí la que más me gusta es “la cuarta”, una pequeña calle paralela a Babuino, que se llama Vía Margutta. Es una calle que combina edificios casi ruinosos, con otros llenos de encanto, y todos ellos alojan galerías de arte, hoteles, tiendas de artesanía muy modernas y, también, anticuarios. Es una calle preciosa, tranquila (para lo que es Roma), verde…es la calle donde vivía el personaje de Gregory Peck en sus “vacaciones en Roma”.
Vía Marguta.
Vía Marguta.
Un poco más allá, cerca de Campo dei fiori, hay también un par de calles llenas de librerías, artesanos, restauradores de muebles, ropa vintage y alternativa, decoración, etc, por las que también me encanta perderme…son la vía Pellegrino y la vía dei Cappellari.
Vía del pellegrino
Vía del pellegrino
Via dei Cappellari
Via dei Cappellari

Tarjeta y expulsión

Hoy el Senado italiano ha aprobado la expulsión del Parlamento – tras permanecer veinte años consecutivos en él – de Silvio Berlusconi, después de ser condenado a cuatro años por fraude fiscal. En realidad Berlusconi no irá a la cárcel ni un sólo día, por ser beneficiario de una amnistía y por tener más de 70 años, pero pierde la inmunidad judicial. Eso sí, mientras todo esto pasaba, el centro de Roma se colapsaba: calles cortadas, más policía y carabinieri que nunca, cámaras de televisión a doquier y una multitud alrededor del Palazzo Grazioli – la vivienda de Silvio Berlusconi, un palacio del SXVI, en la misma calle del Palazzo Venezia, y que es para verlo por lo discreto, sencillo y accesible (!!). Y el caos se debía a que desde este lugar es desde donde Berlusconi ha dado un discurso para arengar a sus fieles, aludiendo al ataque personal que está sufriendo él y, consecuentemente, la democracia…
¡¡¿¿Están o no están locos estos romanos??!!
Yo creo que sí, que los romanos “estamos” un poco locos. Pero Roma, con romanos, o sin ellos, sigue siendo una maravilla…
Vistas de Roma.
Vistas de Roma.

Tres

Me parece que el abrigo, el gorro, la bufanda y los guantes han llegado a mi vida para quedarse. Estos últimos días hace frío en Roma, mucho frío. Aunque a la vez hace sol. Por un momento hasta he pensado que igual tendría la suerte de ver Roma nevada. Si es así, preparaos para el book.
Y después del parte meteorológico…
Villa Borghese.
Villa Borghese.
…Esta mañana me he dado cuenta de que ya hace más de tres meses que “somos romanos”. Un cuarto de año. Y a veces parece muchísimo, como si fuese romana del mismo Testaccio (barrio cercano al Trastévere que cualquier día de estos tendré que visitar) y otras en cambio, me parece que todo va muchísimo más lento de lo que me gustaría, que apenas avanzo. Incluso me siguen sorprendiendo las mismas cosas que me asombraban al principio: el tráfico caótico, la burocracia que tanto me recuerda a nuestro lejano “vuelva usted mañana”, las soluciones tercermundistas a problemas postvanguardistas, el look y la actitud de muchos italianos…y añado nuevas, como la anarquía en las normas lingüísticas. Me decís que me leéis feliz y lo estoy, pero en realidad todo es mucho más difícil de lo que pensaba, se me escapan muchas cosas y en ocasiones vivo esto como si se tratase de un “show de Truman”, donde todos, menos yo, saben que ésta no es mi vida real…

San Pedro

Mi madre me dice que me lee otoñal y melancólica y nada más alejado de la realidad…¡¡Alegría, alegría, ponte la peineta, Mari, y los tacones bien altos, que nos vamos de sarao!!.
Bueno, en realidad, ni una cosa ni otra. Pero es cierto que ando un poco “como vaca sin cencerro”. Y es que, pese a que durante muchos años me he quejado de la rutina – pues la identificaba con el tedio y el aburrimiento – la verdad es que, ahora que carezco de ella, no sabéis cómo la echo de menos…¡¡cosas de ser cuadriculada!!. Parece mentira, pero el hecho de levantarse cada día a la misma hora e ir al mismo sitio durante unas horas determinadas, hace que, al menos yo, me organice mejor el tiempo y lo aproveche mucho más. Sin embargo aquí me cuesta muchísimo organizarme una agenda y cumplirla y, por ello, todos los días, desperdicio demasiada energía y demasiado tiempo. Es como si estuviese en unas vacaciones que nunca terminan: cada día tengo nueva compañía, lugares nuevos e interesantes por descubrir, cosas que comprar sin saber bien dónde, soluciones “comunicativas” que encontrar e incertidumbre constante…no suena del todo mal, pero para mí, ¡¡también es cansado!!.
Lo más parecido a una rutina que he tenido estos días es mi visita a El Vaticano…y es que ir 3 días de 5 debería ser ya considerado casi trabajo, ¿no?
Los doce apóstoles del Vaticano.
Los doce apóstoles del Vaticano.
Desde la Cúpula del Vaticano.
Desde la Cúpula del Vaticano.
Hoy he subido a la Cúpula. No había vuelto a subir desde la primera vez que vine hace 25 años. Era uno de mis pocos recuerdos de Roma. De aquella vez en la que os conté que Roma “ni fú ni fá”, los únicos recuerdos que me llevé fueron las Catacumbas, la Fontana di Trevi, una idea vaga del Coliseo, la insolación que se pilló mi amiga Raquel en la Plaza de San Pedro esperando a que el Papa Juan Pablo II nos bendijese (a nosotras, que íbamos a ética) y las vistas de la Cúpula del Vaticano. En estos 25 años supongo que habré cambiado (eso espero), sin embargo, me siguen sorprendiendo esos mismos lugares que impresionaron a la adolescente que fuí. ¿Veis como en el fondo, soy constante y leal (a mis afectos, a mis lugares, a mis personas) y, sobre todo… cuadriculada? Y, por cierto, pese a que éramos cientos en un cubículo minúsculo y enrejado, he disfrutado muchísimo viendo extenderse el Vaticano soleado ante mí.

Un clásico

Sigo recorriendo Roma en compañía de nuestras visitas llegadas de España…Aquí os dejo un par de detalles de hoy:
Teatro Marcelo (17 a.C)
Teatro Marcelo (17 a.C)
Anfiteatro Flavio, alias "El Coliseo" (80 d.C)
Anfiteatro Flavio, alias “El Coliseo” (80 d.C)
Después de leerme un par de guías (en formato libro, con sus hojitas de papel y todo) y varios foros completos sobre curiosidades y secretos de Roma, ahora estoy empezando a estudiar un poco de la historia de la Roma clásica, pues me pierdo entre las “familias”, los emperadores, los cónsules y demás zarandajas…pero aún me queda trabajo…¡¡mucho!!