Los obeliscos de Roma

Cuando uno visita Roma – tanto si es la primera vez, como si ya ha estado más veces – llaman mucho la atención los obeliscos que se encuentran repartidos por todo el centro de la ciudad. Y es que se podría hacer un juego de “ginkana”, para buscar todos los obeliscos, el premio se lo lleva el que los encuentre todos, pues habrá recorrido, prácticamente, los lugares más emblemáticos del centro de Roma.
Ocho de estos obeliscos son de origen egipcio. Y es que uno de los trofeos más deseados por los emperadores romanos que estuvieron en Egipto eran los obeliscos, pues ellos eran símbolo de la divinidad e inmortalidad de los faraones. De tal forma que para un emperador traer un obelisco a Roma significaba la supremacía de Roma sobre Egipto, y del Emperador sobre el Faraón. Los otros cinco obeliscos son romanos, porque tanto gustó este souvenir en la Antigua Roma, que decidieron construir sus propios obeliscos, basados en los egipcios, pero lógicamente mucho más modernos.
Después de la caída de Roma, muchos obeliscos quedaron sepultados. Y fue durante el Renacimiento cuando se encontraron (en muchos casos divididos en varias partes) y se desenterraron, volviéndose a colocar en las principales plazas, en esta ocasión como símbolo del poder del Papa.
Al final de la entrada encontraréis una lista con todos los obeliscos, para facilitaros la tarea y que cuando vengáis a Roma podáis fotografiaros en cada uno de ellos. Poco a poco os iré colgando información y fotografías de cada uno de ellos. Hoy, para no cansaros mucho, sólo os pondré 2, el más alto y el más bajo de los egipcios.

ok 01 Lateranense (egipcio)

El obelisco Lateranense se construyó en el SXIV a.C y llegó a Roma desde Tebas en el año 357 d.C. Su primera ubicación fue en el Circo Máximo, aunque desde 1587 está junto a la Basílica de San Juan de Letrán. Mide 32.18 metros (sin contar la base) y pesa unas 230 toneladas.
El obelisco Matteiano mide sólo 2.68 metros y está situado desde 1820 en Villa Celimontana. Se construyó en la época de Ramses II (S.XIII a.C) y formaba parte de una pareja que llegó a Roma desde el Templo de Ra en Heliópolis (su pareja es el Macuteo, que hoy se levanta frente al Pantheon).
Matteiano - Villa Celimontana
Matteiano – Villa Celimontana
Los ocho (8) obeliscos egipcios son:
1. El Lateranense, que se encuentra junto a la Basílica de San Juan de Letrán.
2. El Vaticano, que está en la Piazza de San Pedro.
3. El Flaminio, en la Piazza del Popolo.
4. El Solare, en la Piazza Montecitorio.
5. El Macuteo, en el centro de la Piazza Rotonda, frente al Panteón.
6. El Minervo, en la Piazza della Minerva, junto a la Iglesia de Santa María Sopra Minerva.
7. El Dogali, que está frente a las Termas de Diocleciano, junto a la Piazza della Republica.
8. El Matteiano, que se encuentra en la Villa Celimontana.
Los cinco (5) obeliscos romanos son:
1. El Agonalis, en la Piazza Navona.
2. El Quirinal, en la Piazza Quirinale.
3. El Esquilino, en la parte de atrás de la Basílica de Santa María la Mayor.
4. El Salustiano, en Trinitá dei Monti, en lo alto de las escaleras de Piazza Spagna.
5. El Pinciano, en la Colina Pinciano.

La lluvia en Roma

Jamás pensé que pudiese amortizar tanto mis botas de agua en Roma. Y es que se hacen necesarios – las botas, los paraguas, los impermeables y los gorros – si pretendes salir a la calle bajo la lluvia romana. Porque no estamos hablando de cuatro gotas, no. La lluvia romana es torrencial, viene de cada rincón, y con una fuerza desorbitada, te rodea y te empapa en tan sólo unos pocos minutos, dejándote, como dicen ellos, “bagnato” (mojado).
14.30: Tormenta.
Tormenta de las 14.30.
Y es que, seamos sinceros, cuando  yo me imaginaba viviendo en Roma, me veía a mí misma comiendo un helado (de esos que no engordan, que para eso estamos soñando) mientras recorría los monumentos más famosos, bajo un cálido y brillante sol. El sol en Roma es como la lluvia en Londres. Inevitable. A nadie que vaya a Londres, en cualquier temporada, se le olvidaría meter en la maleta un chubasquero.
Sin embargo, después de hacer un estudio muy concienzudo sobre el clima europeo (bueno, vale, le he echado un vistazo a la página www. climadata.eu y he sacado algunas conclusiones) os diré que he descubierto cosas muy sorprendentes…
He comparado Madrid, Roma, Londres y Paris y ¿sabéis cuál es la ciudad con más precipitaciones al año? Pues sí, correcto…la cantidad media de lluvia que cae en Roma al año (876 mm) es más del doble que la que cae en Madrid (384 mm) y más que la que cae en Paris (595 mm) y en Londres (744 mm). Pero además, se da otro factor curioso y es que llueve más y durante menos días – 89 días al año en Roma, frente a los 164 de media en Londres o Paris (58 en Madrid, para los curiosos). Y hasta aquí los datos objetivos que puedo aportar para que os imaginéis como son aquí los días de lluvia. Eso sí, para compensar, tienen de media casi las mismas horas de sol al año que Madrid (2691 Madrid vs 2516 Roma). Eso hace que sus parques sean tan bonitos y que, afortunadamente, se puedan disfrutar tanto.
Parque Doria-Pamphilj una vez más.
Parque Doria-Pamphilj una vez más.

El cine en Barberini

Acabo de llegar de mi primera sesión de cine adulto en Roma. Hasta ahora sólo había ido una vez al cine y había sido para ver una película infantil. En aquella ocasión, lo que más me sorprendió fue el corte hacia la mitad de la película, cuando encendieron las luces y – en lugar del “Visite nuestro bar” que aparecía en la pantalla de aquellos cines de verano que frecuentaba en mi adolescencia – el encargado del bar se dedicó a pasearse por la sala con una bandeja llena de palomitas, chocolatinas y refrescos que enseguida atrajeron la atención de los más pequeños. ¡Negocios italianos!. Tenía curiosidad por saber si también sería así en las películas “para mayores”. Pero no. 
Lo que me gusta de los cines en Roma es que aún permanecen en el centro de la ciudad, no como en Madrid, donde prácticamente todos han sido desterrados a la periferia, reconvertidos en frías salas de gigantescas superficies, que a su vez forman parte de  tremendos centros comerciales. Aquí aún existen (y no pocos) cines de barrio, con una, dos o, como máximo, cinco salas pequeñas.
Lo que menos me gusta es la dificultad, casi imposibilidad, para ver alguna película en V.O. Y creo que me costará acostumbrarme a ver a Forest Whitaker (por ejemplo) hablando italiano. Lo peor ha sido que mi conocimiento del italiano ya me da para entender la película casi a la perfección, pero me limita mucho a la hora de participar en el coloquio posterior…(decir “me ha gustado mucho” no aporta demasiado, ¿verdad?)…en fin, poco a poco (supongo).
Los cines a los que hemos ido, por cierto, se encuentran en la Piazza Barberini, otro punto importante de la geografía romana, que además se caracteriza por albergar, en su centro, la Fontana del Tritone, otra obra de Bernini, que data del año 1643.
Piazza Barberini.
Piazza Barberini. Los cines del mismo nombre a la derecha de la imagen.

Hablar italiano…sin abrir la boca.

De vez en cuando me sumerjo en la prensa (española o extranjera) para buscar artículos, blogs o enlaces relacionados con la bella Italia. De las cosas que he encontrado últimamente, este vídeo, donde parodian la mítica gesticulación italiana, es uno de los que más gracia me ha hecho. Y es que en general los italianos hablan mucho más bajo de lo que yo esperaba, sin embargo, gritan con sus gestos. 
Como comprobaréis en el vídeo (mientras os alegráis la vista, no en vano los protagonistas son modelos de Dolce&Gabbana) muchos gestos son similares a los que hacemos en España, pero otros no tienen nada que ver.

A continuación pongo el significado de los gestos para los que no hablan inglés y subrayo los que me parecen más diferentes a los nuestros: 1. “¿Pero qué estás diciendo?” / 2. “No hay nada que hacer” / 3. “¿Estos dos están juntos?” / 4. “No me interesa lo que dices” / 5. “Tengo miedo” / 6. “Tranquilo, no te alteres”. / 7. “Perfecto” / 8. “Vete y déjame en paz!” / 9. “Butifarras de Teruel”.
Pero nuestro gesto italiano favorito, es uno que no sale en este vídeo, pero que utilizan mucho cuando en una conversación quieren enfatizar aún más su postura. El gesto consiste en unir todos los dedos de una mano con su equivalente de la otra mano, pero separando las palmas y moviéndolas con énfasis de arriba a abajo. ¡¡Es un gesto que mi familia ya ha hecho propio!! (“Otro capítulo más de Peppa Pig” – me dicen moviendo así sus pequeñas manos :D)

Ibérico (tienda española)

Tienda Ibérico - productos españoles en Roma
Tienda Ibérico – productos españoles en Roma
¿Cuándo deja de llover en esta ciudad? Lo digo para hibernar hasta que deje de caer agua del cielo de esta manera torrencial…¡¡vaya forma de llover “tiene” Roma!!. Yo, que odio los paraguas, que los siento como una prolongación incómoda y peligrosa de mi persona, ya me he comprado tres desde que vivo aquí.
Pero hoy, pese a la lluvia y la desgana, me acerqué hasta Circonvallazione Clodia 161 (barrio Prati) y le eché un vistazo a la tienda de productos españoles que abrieron allí en octubre. La tienda se llama Ibérico (¿cómo no?) y es muy chiquitita, pero tiene todo eso “bueno, bueno… pero bueno de verdad”, que te puedes imaginar de la gastronomía española: lomos, chorizos, jamones, cecina, latas de conserva variadas, arroz, legumbres…¡¡ñam!!…y cola cao (mi contribución de hoy a la “causa hispana”).

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Domenica

Anocheciendo en Villa Ada.
Atardeciendo en Villa Ada.
Supongo que la mayoría de los domingos conllevan algo de melancolía, quizá porque de alguna manera te encuentras asomado al precipicio: al de la semana que muere, tal vez sin haber conseguido todo aquello que se propuso y al de la que empieza, con muchas ganas, pero ya agotada antes de dar el primer paso. Hace años, antes de que internet, wapp y otras influencias tecnológicas y perniciosas me hicieran perder la cabeza, escribí un texto sobre los domingos que creo que me representaba perfectamente a los veinte años. No sé dónde está ese texto, pero da igual, porque hoy yo ya no soy aquella que se dejaba atropellar por los domingos, tirada en el sofá. Y es que desde que tengo hijos los domingos, en general, son días de familia, amigos, cosquillas, películas, patines, parques y pasteles de chocolate…

 

Películas “romanas”

Esta mañana nos hemos acercado hasta Termini para comprar unas películas. Concretamente a una tienda mítica, que lleva vendiendo música, películas, libros y otros productos desde 1953. Se llama Discoteca Laziale y está en la Via Mamiane 62. A mí me ha gustado mucho desde el momento en que he entrado, por la sensación de amplitud, de orden, de limpieza…Y es que soy un poquito cuadriculada, no lo puedo evitar. Y una de las cosas que odio de los mercadillos y también de las rebajas es la idea de revolver entre un desorden buscando el gran tesoro…¿qué le voy a hacer si prefiero que el tesoro esté clasificado entre la A y la Z?

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La tienda, pese a tener una sola planta, es grandísima y tiene casi de todo. Especialmente música y cine. Es increíble. Y los precios me han parecido bastante ajustados, la verdad. Por supuesto nos hemos llevado dos peliculones que muestran un pequeño abanico de imágenes de esta ciudad, para compararlas con las que nosotros vamos adquiriendo en nuestra vida como romanos: Vacanze Romana y La Dolce Vita.

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