Il marmoraro

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Hoy ha hecho un típico día de primavera. Un día maravilloso, soleado y con buena temperatura. Un día ideal para caminar sin pausa por Roma, que ya comienza a recibir a los turistas, y para descubrir nuevos lugares en compañía de viejas amigas por las que, digan lo que digan, no pasa el tiempo. Hoy podría hablaros de la iglesia del Gesú, (de la que creo que nunca os he hablado, que – junto a la de San Ignazio – pertenece a la “zona de la Compañía de Jesús”, y que indudablemente merece la visita), podría también tratar de describiros los cuadros de Caravaggio que están en la iglesia de San Luis de los Franceses, sus luces y sus sombras, o podría tratar de analizar la historia que cuenta el Ara Pacis, pero al final me quedo con lo más pequeño, con uno de esos negocios que a mí siempre me llaman la atención, una tiendecita muy chiquitita que se las tiene que ver con galerías de arte, con hoteles boutique y con tiendas de diseño. En este caso, se trata de un marmolero situado en la Vía Margutta (paralela a Babuino)…siempre que paso no puedo dejar de mirar las inscripciones de sus mármoles.

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Trieste

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Habiéndonos robado una hora este fin de semana y con una nueva visita – recién llegada – en casa, hoy no tengo mucho tiempo para contaros “mis cositas”, pero no quería irme a dormir sin compartir con vosotros un barrio que he descubierto hoy, el barrio de Trieste, un barrio tranquilo, pero a la vez animado, al noreste de la ciudad. ¡Supongo que el hecho de haberlo descubierto comiendo en un ático, al sol y con buena compañía, también influye para mi buena opinión del barrio, pero de verdad que me ha parecido un bonito sitio para vivir!.

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Sábado de primavera

Brevísimo, que ya a estas horas, se me escapa el día…
Pavimento cosmatesco.
Pavimento cosmatesco.
Un día en el que por la mañana, durante casi dos horas, hemos patinado por un camino precioso que te aleja de Roma entre árboles y campos (de los verdes, pero también de los deportivos).
Un día en el que por la tarde, hemos ido a un cumpleaños infantil, donde habían confirmado 26 niños y aparecieron 8 (así son también a veces los italianos), pero donde tanto los niños como nosotros lo hemos pasado muy bien, tal vez porque en el fondo sea verdad eso de que el tamaño no importa, de manera que siendo menos padres hemos podido disfrutar de una charla amena y mucho más íntima con tres de las madres, dos italianas y una australiana y hemos podido practicar italiano y…mangiare!!!
Un día en el que por la noche, nos hemos perdido por el Trastévere con otra pareja, llenando el tiempo de cena y copas, con agradable conversación. A estas alturas el Trastévere, convertido ya en atracción turística de primer orden, estaba atestado de gente, pese a ello, gracias a la reserva previa, hemos podido cenar en un restaurante que se llama Gli Amici, y que se caracteriza porque, además de comer bien por un precio razonable, pertenece a una obra social, en este caso de integración de personas discapacitadas, de manera que todos los camareros presentan algún tipo de discapacidad psíquica. Antes de la cena, mientras hacíamos tiempo, fuimos a ver la Iglesia de San Benedetto in Piscinula, una iglesia románica, del S.XI que se llama así porque fue construida encima de unos antiguos baños públicos. La fachada de la iglesia, que ha sido reconstruida varias veces a lo largo de los siglos (pues su origen data del S.VI) no llama la atención y de hecho, si no la conoces, puede pasar perfectamente desapercibida. De la iglesia destacan especialmente tres cosas: en su interior, el suelo de pavimento cosmatesco, en el exterior, su torre, que es la más pequeña de Roma y en sus costumbres, el horario, que te permite visitarla a las diez de la noche.

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Historias de Roma

Hoy, después de meses oyendo hablar de él, por fin, he leído el libro Historias de Roma, de Enric González, el periodista que, durante cinco años, mientras era corresponsal de El País, fue un romano más. El libro se lee en un ratito, en parte porque sólo tiene unas 120 páginas y en parte por la narrativa de Enric, que hace la lectura interesante y muy amena. Habla de historia antigua y moderna, cuenta anécdotas personales, recomienda restaurantes, explica la política y les hace la radiografía a los romanos. A mí, personalmente, me ha hecho gracia encontrar allí muchas de las cosas que os cuento aquí, supongo que es porque al final a todos nos sorprenden las mismas cosas de esta ciudad que te llega al alma, pasando antes por todos los sentidos. Es un libro muy recomendable si vives en Roma, si has estado en Roma, si vas a ir a Roma, si sueñas con ir a Roma o si alguna vez te preguntaste cómo sería en realidad Roma.

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Obama

Hoy he visto a Dios, rodeado de una corte de ángeles celestiales. O tal vez, sólo era Obama, con su escolta policial…¿quién sabe?
Decenas de furgones, miles de miembros de las fuerzas del orden (policía municipal, de estado, carabineros, guarda de finanza, gendarmería vaticana, militares), vallas a modo de barricada tras las que asoman las cámaras, calles bloqueadas al tráfico, cortes de la señal de internet y del teléfono…es lo que conlleva dormir (en la misma calle) con el presidente del mundo (con el permiso de los dictadores de la macroeconomía).
Y es que, tras casi treinta años viviendo en Madrid, jamás vi algo parecido a lo de Roma. Casi cada día desde que llegué he visto cortes de tráfico momentáneos para permitir el paso de cualquier “mindundi”, escoltado además por varios coches y motos. Incluso furgonetas de simples cadetes militares son protegidos de esta manera, así que imaginaros la comitiva de Obama…¡¡29 coches y 8 motos!!.
(Mañana os cuelgo foto de los carteles que emapelan Roma, en los que se “nombra” a Obama enemigo público y al pueblo italiano, socio de Putin. Málaga o Malagón. Sin comentarios. Punto y final)

 

De guía

Mi primer día como guía “oficial”, pasado por agua, pero con buena onda. Al menos he podido hablar sin tener que traducir simultáneamente en mi cabeza…algún día os contaré mis meteduras de pata con el idioma italiano y lo mucho que se ríen conmigo…nunca (en español) me hubiese encontrado yo esa vis cómica.

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En la ruta de hoy hemos caminado de Piazza Spagna al Coliseo, pasando por Vía Frattina, Vía del Corso, Piazza Venezia y Foros Imperiales. Después hemos subido a San Pietro in Vincoli a ver el Moisés y las cadenas de San Pedro. Y de allí a Santa María la Mayor, que me sigue pareciendo la más bonita de todas las grandes Basílicas romanas. Y más tarde, para terminar, a San Giovanni in Laterano que sí, es bonita (para muestra unos botones), aunque a mí me apabulla tanta grandiosidad, debe ser una cuestión de personalidad.
Santiago el Mayor, el más guapo de los apóstoles de San Giovanni in Laterano.
Santiago el Mayor, el más guapo de los apóstoles de San Giovanni in Laterano.

 

Siete

Hoy hace exactamente 7 meses que aterrizamos en Roma. En este tiempo he descubierto que Italia y España son similares pero, a la vez, muy diferentes. Y lo mismo pasa con los italianos y los españoles.
Es curioso porque en mi opinión, Italia viene a ser un consuelo (de tontos, como ya he dicho alguna vez) para los pobres españoles: su burocracia es más complicada y más lenta que la nuestra, sus calles están muchísimo más sucias, sus infraestructuras  (calles, transporte público) son en muchos casos tercermundistas, sus políticos son (incluso) más hoscos, su sanidad es mediocre, las diferencias sociales creo que son más acusadas que en nuestro país, porque los salarios medios son igual de bajos y sin embargo los precios son más altos…y sin embargo, curiosamente, ellos siguen perteneciendo al G8 y nosotros estamos donde estamos (donde quiera que eso sea).
Por otra parte, los italianos se gustan, se sienten seguros de sí mismos y orgullosos de su país y eso es lo que venden. Cuando uno todos los días te está diciendo lo maravilloso que es, pienso que, empiezas a mirarle con otros ojos y, a la larga, termina convenciéndote un poco. Es como el viento, no se ve, pero después de un tiempo erosiona hasta las rocas más duras. Los italianos son de estos que te dicen lo guapos que son ellos, lo listos que son sus hijos, lo bien que cocinan y lo estupendo que es su país. En España en cambio, vivimos de una falsa modestia que a veces es incluso un poco molesta. No puedes destacar nada que te ataña directamente e, incluso, si dices que tu país te gusta…¡hasta te miran mal!. Y así nos va…
Por lo demás, el saldo de estos siete meses como una romana es muy positivo. Me encanta la ciudad que creo que es una de las más bonitas del mundo, me gusta el clima y la comida (ambas cosas muy importantes para mí). Además pienso que, aunque la sociedad italiana me parece en general bastante egoísta y un poco frívola, es cierto que de manera individual sólo he encontrado gente generosa, cercana, amistosa y familiar. Me he sentido bien acogida por mis vecinos y en general por toda la gente que voy conociendo. Mis niños son felices en el colegio, maridísimo se empapa de “italianismo” y ya sabe conjuntar camisa y corbata 🙂 y yo me lo paso bien, además ya conozco gente con la que puedo charlar, reírme, intercambiar opiniones o tomar un café…

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