Nochevieja

En la Puerta del Sol como el año que fue…
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…pero no, no estoy en la puerta del Sol, sino en Roma. Y después de un paseo por el centro y de haber comido las tradicionales lentejas, me preparo para ver las campanadas en la televisión española  (por internet) y comerme las también tradicionales uvas. Para que vosotros paséis esta noche un ratito en Roma, os dejo unas fotos de hace un rato mientras caminaba por la ciudad eterna…para que eternas sean nuestras ganas, nuestros deseos, nuestra fuerza en este nuevo año. ¡¡Feliz 2015!!. AUGURI!!

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La posta

Hoy os contaré una de romanos…
Y es que, como ya os adelanté hace unas semanas, con ese amor-amor que los que me conocéis sabéis que siento por maridísimo, aunque a veces no se note, me matriculé con él en la universidad y hoy era el último día de plazo para enviar la documentación de la matrícula, así que…ya he echado la mañanita.
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Sobre las doce me llama maridísimo desde la oficina central de correos, acaba de coger número, tiene el 234 y van por el 119…¡¡horror!!. Salgo corriendo con la mamma y los bambini hasta la oficina más cercana a mi casa. La cosa pinta mucho mejor, cojo número, el 92, aunque la pantalla indica que aún van por el 75. Diecisiete números en conversión tiempo: hora y cuarto. Tras 55 minutos esperando, en la pantalla, por fin, sale mi número: el 92. Me acerco a la ventanilla y al decir que la carta es certificada, me dan los documentos para rellenar y me piden que me aparte. Siguen atendiendo. Yo relleno con premura los certificados, cosa que, por cierto, podría haber hecho en el tiempo (interminable) en que he estado esperando, pero no…te los tienen que dar ellos. Pues muy bien. Y allí, con mis papeles ya rellenos, tengo que esperar que atiendan al 93 y también al 94, para luego, por fin, cuando ya solo quedaba otra persona en la oficina, ser atendida…¡¡viva la organización italiana!!.
Todo esto no me debería pillar por sorpresa, pues ya la útima vez que vine a Roma como turista, hace exactamente cuatro años tuve una experiencia paranormal con la posta italiana. En aquella ocasión, un día 2 de enero, paré en una oficina de correos cercana al Vaticano para comprar unos sellos, con el “stupefacente”  (sorprendente) propósito de enviar unas postales y…¿sabéis lo que me dijo el funcionario de correos? ¡¡¡qué no tenían sellos!!!. ¡¡¡En una oficina de correos…no tenían sellos!!!.
Y sí, sé que todo esto no os importa nada pero…¡¡de alguna manera tendré que desahogarme con la que está cayendo!! 🙂

Puntarelle

Ya de nuevo en el caos de Roma, que esta vez nos ha sorprendido fría, casi podríamos decir que muy fría, pues rondamos los 5 grados. Y, sin embargo, yo os voy a hablar de un producto que, aunque es muy típico de estos días invernales romanos, a mí no me invita a su consumo, pues personalmente en estas fechas prefiero unas lentejitas bien calentitas, antes que una ensalada. 
Ensalada de puntarelle, alcachofas y carne braseada.
Ensalada de puntarelle, alcachofas y carne braseada.
El producto del que os hablo, se llama puntarelle, se caracteriza por su amargor, no en vano es de la familia de la achicoria.  Todo un mundillo éste de las achicorias, pues a él pertenecen también las escarolas y las endibias, entre otras y además en tiempos se usaba como sucedáneo del café.
Aunque se consume toda la planta, lo más apreciado de los puntarelle, son los brotes, porque son crujientes, pero a la vez tiernos. Una cosa que me ha sorprendido cuando me he puesto a buscar información de los puntarelle son sus otros nombres, pues también se les conoce como “cicoria asparago” o como “cicoria di Catalogna”, aunque no he logrado saber el por qué de este último nombre. Seguiré investigando…
 

Regreso a Roma

Regreso a Roma con un equipaje de unos tres kilos extra…de turrones, de mazapanes, de carne en salsa de la mamma, de croquetas de la suegra, de jabuguito (cuando se ha podido), de quesito manchego, de migas, de potaje de garbanzos, de gambones, y también (¿por qué no?) de focaccias del Mercadona y de sándwiches de Rodilla…tres kilitos para mis cartucheras, ¡¡¡pero que tres kilitos más felices!!! 
Dilatando el tiempo…porque los días en España duran más de 24 horas, como los kilómetros en Roma son de más de mil metros…
Ya sabéis que la euforia tras estos días a vuestro lado, no es eterna y que pronto habrá días en que la nostalgia invadirá de nuevo mis palabras, pero mientras tanto, la perspectiva no es mala y…volveré a perderme, a buscarme y a encontrarme, por estas calles romanas que ahora también son las mías…
Grabado en una silla de madera de Monte Mario.
Grabado en una silla de madera de Monte Mario.

Trastévere

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Hoy, mientras  leéis esto, yo estoy cruzando el Mediterráneo, con destino a casa, con la intención de pasar estas cortas vacaciones entre Madrid, Zaragoza y Barcelona. Por eso me despido de Roma, y consecuentemente de vosotros como lectores del blog, hasta el día 28. Pero me tenéis en el teléfono español, en el wapp italiano y en cualquier momento para unas cañas o un trozo de turrón.
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Para suavizar la despedida os dejo unas imágenes del Trastévere, que no sé si os llenarán de espíritu navideño, pero que seguro que os invitan a salir, a pasear, a soñar…¡¡Felices Fiestas!!

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Síndrome de Roma

Una buena conocida de aquí dice que viajar a España es “contraproducente” y creo que algo de razón tiene. En estos momentos, cuando estoy sin estar y vivo sin vivir en mi, cuando aún tengo un pie en Roma pero mi cabeza ya está en Madrid, comienzo a desvariar: “justo ahora que estamos aquí asentados y tan bien, qué pereza ir”, pero es que lo peor de ir, no es ir, ni mucho menos estar, lo peor de ir, es tener que volver.
Y, pese a todo, tengo con este lugar  una especie de síndrome de Estocolmo, bueno, en este caso de Roma, una ciudad que trata de destruirte, pero a la que no puedes dejar de amar…¿cómo se podría dejar de amar algo así, tan bello, tan único, algo que sabes que es tuyo, aunque no te pertenece?

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Ya casi es Navidad

Ha vuelto la lluvia a Roma. Llueve, llueve mucho, pero no hace frío, ayer de hecho volvimos a rozar los 20 grados, y eso, incluso en Roma, es calor para esta época del año, ¿no?. Así, me es difícil terminar de creer que en poco más de una semana ya será Navidad. Pero el calendario no engaña y hoy, por fin, he escrito la carta a los Reyes Magos – he pedido un milagro – y he hecho también mi lista de propósitos de cara al año nuevo – básicamente seguir el consejo del que hoy necesita el milagro y tratar de ser mejor persona.
Por lo demás, la semana de Navidad, allá me tendréis, aunque sean pocos días, iré a España y trataré de disfrutar con mi familia y mis amigos, reírme, compartir, crear momentos, porque esa es la verdadera magia, no sólo de la Navidad, sino de la vida.
Para ir haciéndonos a la idea de los días que se avecinan, os dejo un villancico cantado por Andrea Bocelli, uno de los cantantes italianos más conocidos del mundo, que además ha vendido 75 millones de discos…¡¡ahí es nada!!