Il capitale umano

A través de uno de esos artículos que se han puesto de moda en toda la prensa internacional (del New York Times a El País) y que se encargan de mostrar los bajos fondos de Roma, descubrí hace unos días una película que no conocía y que me pareció a priori interesante, se llama Il capitale umano (Paolo Virzi, 2014).
Podría comenzar filosofando sobre el verdadero sentido del término “capital humano” y decir, en plan simplista, que es la calidad de los empleados que trabajan para una empresa, los que le dan valor a la misma, aunque no en términos propiamente humanos, sino más bien en términos de productividad y beneficio. Admitámoslo, hemos creado una sociedad donde nuestro valor se mide fácilmente, y se mide en función de dónde venimos, de qué es lo que tenemos y de lo que podemos ofrecer. Sólo hay que asomarse a las portadas de cualquier periódico para ver que al que no viene de ningún sitio, ni tiene nada material que dar, sólo se le ofrece la perspectiva futura de una alambrada. En fin, a lo que vamos…la película. Me ha gustado mucho. Sí, mucho. Y, aunque es italiana y transcurre en Milán, podría suceder en cualquier otro lugar. De hecho se basa en una novela, del escritor americano Stephen Amidon, que tiene lugar en Connecticut. 

El_capital_humano-314808348-large[1]

¿Qué os puedo contar? Que todo comienza con un accidente en el que resulta herido un ciclista, y la película intenta, desde el principio, resolver ese misterio (¿quién ha sido?), contándonos la misma historia desde el punto de vista de tres de los personajes principales. Y estoy de acuerdo en que hace veinte años que eso dejó de ser formalmente original y muchos más  que estamos viendo en el cine historias que se basan en ese conflicto inicial, sin embargo, la película engancha y los personajes, muy bien interpretados, juegan a la perfección con nuestras emociones como espectadores: a veces te repugna lo que son capaces de hacer y otras sientes miedo al darte cuenta de que empatizas con alguno de ellos. Por otro lado la crítica está ahí, la crítica hacia una sociedad que es la nuestra, donde hace tiempo que ciertos valores se mandaron a reciclar, para obtener a cambio brutales diferencias de clases, y una nueva fauna llena de especuladores y arribistas, dando lugar a una sociedad en la que todo (TODO) tiene un precio, hasta la vida de un hombre, que se puede cuantificar teniendo en cuenta “la esperanza de vida media de sus compatriotas, sus retribuciones potenciales y la cantidad y calidad de sus lazos afectivos”.
Hora y tres cuartos de entretenimiento de calidad. Si tenéis ocasión echadle un ojo. Para mí más que recomendable. 

La Romana

Digo por adelantado que, aunque a mí me encanta comer – cosa que creo que ya ha quedado patente a lo largo de las múltiples entradas sobre gastronomía italiana con las que he intentado deleitaros durante los últimos dos años – ni la pasta, ni los helados, se encuentran entre mis comidas favoritas…lo que no quiere decir que no disfrute de ellos, pero sí que no soy asidua, ni, por lo tanto, una gran experta.
Además en Italia, durante todo el año, pero especialmente en verano, es casi imposible no sucumbir a la tentación de una de esas delicias cremosas que se deshacen en la boca llenándola de sabores casi mágicos. Así que esta tarde, después de haber recibido muchas recomendaciones, he terminado acercándome hasta Vía XX Settembre 60, para probar los helados – ricos, muy ricos – de La Romana. Y es que aún me deleito recordando el sabor del pistacho (que sabía a pistacho), del biscotto della nonna (que sabía a nostalgia de verano infantil), del baccio di donna (que sabe dulce y amargo a la vez, pues es crema de chocolate con almendras tostadas) y del zabaione (una típica crema de huevo, azúcar y vino). Pero hay muchos más sabores…así que no hay tiempo que perder 🙂
El local es uno de esos locales modernos, blancos y neutros, donde podrían vender helados, como mantelería fina, sin apenas sitio para sentarse y con un personal dispuesto, pero distante, sin una sonrisa de más. Eso sí, la cola sale del local y recorre buena parte de la calle…Lo mejor de todo para los que me leéis desde Madrid es que también tienen local allí, concretamente en el Paseo de la Habana. ¡¡¡Suerte y que La Romana reparta helado…o tiramisú!!!

Cambio de caminos

Dicen que lo mejor para llegar a un resultado distinto es…no hacer siempre lo mismo. O al menos no hacerlo de la misma forma. Sin embargo hay veces que la vida te sorprende y cogiendo el mismo camino llegas a otro destino. Así hoy, para ser educados con la madre Naturaleza y porque somos cabestros de costumbres, nos acercamos con unos amigos al lago Martigniano (¿cómo no?) y, pese a que debe ser ya la enésima vez – vez arriba, vez abajo – no hicimos casi nada de lo habitual y comenzamos cruzando el lago a nado y en piragua y terminamos tomando prosecco y bailando Vasco Rossi bajo la luna llena…Sólo por estos momentos merece la pena estar aquí, porque en este caso mi alternativa madrileña hubiese sido estar viendo en la tele “Sábado noche” (o similar) 😛

20150829_175047_resized

La luna

¿Cuándo algo extraordinario se convierte en cotidiano? ¿Cuándo las mariposas se caen de las cajas y pierdes la magia? ¿Cómo se puede volver a mirar con ojos de “primer amor” aquello por lo que ya has perdido más de una batalla? Dos años y tres días después Roma sigue siendo preciosa, más aún bajo el brillo de la luna llena de finales de agosto, sin embargo hoy, al cruzar el río volviendo del parque Doria Pamphilj, la ciudad me ha sabido a vieja conocida, como esa anécdota que, por muy divertida que sea, ya te sabes de memoria, como esos guapos que al final sólo logran atraer tu atención un segundo…lo que tardas en mirarles. Pero a veces hay que pasar por encima de lo obvio, superar tus propios prejuicios y aventurarte hacia un camino sin destino, o en este caso con un fin…¡seguir descubriendo Roma! 

luna

Regreso a la Roma cruel

Recién aterrizada apenas puedo añadir nada más a lo ya dicho durante estos últimos dos años. Como bienvenida, os dejo un artículo que leí hace solo unos días, que habla de la otra cara de Roma, más allá de la belleza de sus monumentos y de la bondad de todos esos placeres que esta ciudad entrega gratuitamente (o no). En este caso busca la cara cruel que también se puede vislumbrar en esta ciudad, incluso más allá de esos lugares oscuros que enseña el maravilloso Enric González.

http://www.elmundo.es/cultura/2015/08/21/55d06e4be2704e0b148b4574.html