Villancico italiano

Ésta será probablemente la última entrada del año 2015, porque esta noche, mientras leáis esto, los bambini y yo estaremos cruzando el Mediterráneo, de vuelta a Madrid por unos días. Os dejo hasta el año que viene con un villancico tradicional italiano (Tu scendi dalle stelle) cantado por una de las mejores voces italianas, Luciano Pavarotti y con el deseo de que paséis unas felices fiestas, descanséis y disfrutéis de vuestra familia y amigos, sin abusar demasiado (o sí) de la comida y el alcohol. Es lo que, si puedo, pienso hacer yo. Buon Natale!!

Perros

Ya os he dicho alguna vez que aquí en el tema perruno están mucho más avanzados. Vas a un centro comercial y los perros caminan por allí a sus anchas, lo mismo que sucede en casi todas las tiendas, además tienen zona propia en todos los parques e incluso en la mayoría de cafeterías y restaurantes son bien recibidos. Hoy os dejo una cafetería muy chula que está en Villa Borghese, donde cada mañana se juntan decenas de perros para tomar alguna galletita mientras sus dueños toman café. Sólo espero que el camarero se lave bien las manos de las babas caninas antes de servir los cafés ;P

20151216_085653_resized

 

Lungotevere Marzio

Ya sabéis que me encanta que me motivéis a buscar información sobre esos pequeños rincones de Roma que os han sorprendido, esos secretos que no aparecen en ninguna guía. Me pico fácilmente y saco a pasear a la investigadora que llevo dentro para satisfacer vuestra curiosidad que, en el momento en el que me la trasladáis, ya se convierte en mía. Y el otro día mi prima Elo, a través de Miguel, un amigo suyo, me mandó una fotografía de la terraza de un edificio que estaba “casi enfrente de la Corte de Casazzione al lado opuesto del Tiber, un poco antes del Ara Pacis”. La fotografía, con el permiso del dueño, era ésta…

11222629_716460858488687_3411413517019533803_n

…y lo que había llamado su atención eran las dos estatuas que la coronaban. Miré la foto. ¿Quiénes eran? Uno me parecía Mao o algún otro líder oriental, pero el otro, el dorado, no podía identificarlo. Así que allí que me fui. En una primera expedición encontré el edificio, que está en el Lungotevere Marzio número 12 y en él, además de varias viviendas particulares, está la Embajada de Malta y la sede de una firma que se llama Michael Kors. Pero el portero no estaba, así que me quedé con las ganas de obtener más información. Lo que sí que pude hacer fue sacar alguna foto más cercana…

20151211_122048_resized

Hoy, tal y como prometí, hemos vuelto para continuar con las investigaciones y, por fin, estaba el portero que nos ha dado algún dato más. Las estatuas pertenecen a una vivienda particular y el dueño las puso allí hace cuatro o cinco años. Y representan, agarraos al mástil que tengáis más a mano, a Mao, tal y como en un primer vistazo supuse y a…¡¡Silvio Berlusconi!!. Rondel oro, rondel verde. Madre mía. Me pregunto cuál es la razón, si el propietario pretende con ello representar las dos caras de este sistema que nos hemos inventado y en el que nos ha tocado vivir. ¿Quién sabe? De todos modos, el portero se ha ofrecido a concertarnos una cita con el dueño de la casa y, también de las estatuas, ya de cara al año nuevo y yo me apunto a esa entrevista, pues evidentemente el tipo debe ser de lo más particular. Pero no os preocupéis, que como siempre digo, volveré para contarlo 🙂 

Luces de Navidad

Madrid tiene un tráfico caótico. Pero llegas a Roma y aprendes a relativizarlo. Y es que aquí, los carriles están marcados por la costumbre más que por la pintura (y las costumbres difieren mucho de unas casas a otras), para las motos y las bicicletas el sentido de la circulación no es vinculante, los peatones han aprendido que la mejor manera de salvar la vida es evitar los pasos de cebra y simplemente cruzarse sin mirar, a veces los semáforos están en ámbar para todo el mundo y, la más importante, el primero que llega, el primero que pasa. A mí reconozco que cuando vuelvo a Madrid me lleva un par de días habituarme a dejar de conducir “como una romana”, de manera que cuando llevo a la familia y a los amigos, les faltan asideros a los que agarrarse. En fin…y todo esto para deciros que ya es Navidad y por eso, al caos habitual, hay que sumarle las grúas terminando de poner las lucecitas. Hoy treinta y tres minutos para recorrer dos kilómetros. Pero qué bonita Roma iluminada (y sin iluminar también :P).

 

 

Lecciones de vida

Ayer la vida, durante la comida en Martignano, me dio una lección de esas que no hay que olvidar grabarse a fuego. Y pese a que sé que me voy a poner pesada y repelente, si no os importa, quiero compartirla con vosotros. Y es que a veces nos creemos que lo sabemos todo de los demás, que con solo echarles un vistazo, a ellos, o a su perfil de Facebook, podemos hacerles la radiografía completa. Cuántas veces escucho, sobre todo en estas últimas semanas y a cuenta de la política, sentencias en uno u otro sentido, calificando a los que hacen o dicen tal o cual cosa, como si sólo tuviésemos una faceta, un plano perfectamente delimitado, como si no estuviésemos llenos de aristas que nos convierten en un poliedro complejo, lleno de contradicciones, como si no existiesen razones para actuar y motivos para dudar hasta de nosotros mismos y de aquello que alguna vez hemos defendido y en lo que hemos creído. Y yo que siempre me quejo de esto, ayer tropecé con una piedra, una roca más bien, y la vida, como os digo, me dio una lección. Ni lo digas, ni siquiera lo pienses, hasta que no hayas escuchado su historia. Pero ¿por qué me ha dado hoy lo mío? Porque en el grupo de (mayoritariamente) italianos con los que de vez en cuando salimos a comer por las cercanías más rurales de Roma, se coló ayer una pareja de ingleses. Muy british, jóvenes, peripuestos, agradables y, por supuesto, con una nanny filipina de acompañante de sus tres hijos. Les echas un vistazo y te crees que lo sabes todo de ellos. Y cuando uno de los habituales les pregunta que qué tal y ella comienza a decir con una expresión grave que todo muy bien, salvo por los  trasquilones en el pelo, te preguntas que qué es peor si su frivolidad o tu nivel de inglés. Pero luego la conversación sigue y ella dice que se ha inscrito para correr la maratón de Roma en abril y tú le preguntas que por qué no ha corrido ésta y sus palabras caen sobre ti como la losa que deberíamos utilizar para lapidar nuestra soberbia y nuestras presunciones. Porque cuando te contesta entre bromas que aún no puede correr porque hace sólo tres semanas que le han hecho una operación de reconstrucción del pecho, una vez curada de su cáncer, te sientes una inmundicia por haberla prejuzgado. Al final todos necesitamos escuchar más y juzgar menos, ser más escuchados y menos prejuzgados. Tal vez,  y sólo tal vez, la vida sería más fácil. Y para soportar mi enésima petardada, os dejo una foto de Roma para que soñéis un poco.

20151206_164006_resized

Trail dei due laghi

Ayer os hablaba de Olimpiadas y hoy de un trail…¡¡estoy de un deportivo últimamente!!. Y es que hoy salimos de Roma, sólo unos treinta kilómetros, para llegar hasta Anguillara, salida y meta de la carrera de 21 kilómetros que transcurría, pues eso, entre dos lagos, concretamente el de Bracciano y el de Martignano. Los que la han hecho (cuatro locos de la pandilla, entre ellos maridísimo) contaban que, aunque la carrera era difícil por los desniveles y las sendas, más que caminos, por las que discurría, los paisajes eran tan espectaculares que todo merecía la pena. En general han llegado enteros. O al menos lo suficientemente enteros como para, sin ni siquiera ducharse, meterse entre pecho y espalda un par de platos de pasta con carne de jabalí y una bandeja enorme de carne a la brasa, en il Casale di Martignano, del que ya os he hablado alguna vez. Así que…el año que viene me apunto, pero a la versión abreviada de 10 kilómetros, que también la hay, para los valientes…pero menos.

 

 

Villa Olímpica

Hoy os dejo otro barrio romano, más concretamente la antigua Villa Olímpica, donde se alojaron los atletas que compitieron en las lejanas Olimpiadas de 1960 en Roma. Los edificios son muy de esa época – anda que no hay barrios así por las ciudades del mundo – y las calles tienen nombre de los países que participaron. Hoy en día es un barrio popular, entre el Auditorio y el Ponte Milvio, con las sábanas asomándose desde las ventanas a sus grandes plazas arboladas.

20151212_144552_resized