Subiaco

La vida en una gran ciudad y especialmente en una ciudad tan caótica y turística como ésta, aunque sea maravillosa, puede llegar a cansar y mucho, hasta el punto de que una excursión, más que un simple placer se convierte casi en una necesidad. O eso o subirse a un árbol y hacerse asceta, como hizo San Benito, al que se considera uno de los primeros religiosos en darse a la vida eremita y por tanto iniciador de la vida monástica en occidente y al que hoy le hemos seguido la pista. Para ello, en poco más de una hora nos acercamos hasta Subiaco, a unos 70 kilómetros de Roma, donde San Benito – aquí conocido como San Benedetto – fundó en el S.VI junto a un grupo de jóvenes – entre ellos Plácido y Mauro – el primero de varios monasterios. Hoy visitamos dos de ellos, el que se conoce como del Sacro Speco o de San Benedetto y el que lleva el nombre de su hermana gemela (Santa Escolástica).
El Monasterio de San Benedetto está literalmente encajado en la roca, y las paredes, las fachadas y las escaleras parecen parte de las piedra sobre la que se apoyan. Lo más destacado, además de su propia situación, son las dos iglesias pintadas con frescos de diferentes épocas – los de la superior son del S.XV y los de la inferior del S.XIII – que por su profusión y colorido llegan a agitar el espíritu del que las contempla. ¡Vaya, no quería ser tan pedante, pero la verdad es que entre tanta obra de arte, uno no sabe a dónde mirar!. Además de la Capilla de la Virgen, que une las dos iglesias a través de la Escalera Santa, y la gruta donde se supone que el santo vivió durante tres años de su vida, allá por el S.VI. Podría describiros todo con detalle, pero alguien dijo que más valía una imagen que mil palabras, así que ahí van varias para que os hagáis una idea de lo que os cuento. La última foto es la de la gruta.
Después, íbamos con una familia amiga, nos fuimos a comer a un restaurante con vistas al pueblo, Belvedere se llamaba,la comida bien, slow food, ya sabéis que uno sale de Roma y todo cobra otro ritmo.Y después de coger fuerzas con unos cuantos antipasti del terreno y un buen plato de pasta, nos fuimos al Monasterio de Santa Escolástica. Ambos Monasterios están separados por apenas un par de kilómetros, pero los horarios son bastante restringidos. 

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El monasterio de Santa Escolástica es el más antiguo de los monasterios benedictinos, pues es el único que ha sobrevivido a lo largo de la historia a los terremotos y los ataques sarracenos, aunque poco queda de lo que debió ser en un principio, pues hoy en día se trata de un complejo de edificios construidos en épocas diferentes. Para empezar entras bajo un arco del S.XX donde está escrito “Ora et Labora”, que da paso a un primer claustro del Renacimiento, del S.XVI, del cual se pasa a un segundo claustro, en este caso gótico, del S.XIV y finalmente a un tercer Claustro románico, del S.XIII, para llegar hasta una iglesia del S.XVII. Por cierto, pese al nombre del monasterio, hay que decir que Escolástica nunca estuvo allí. En todo caso, la visita de esta zona, en el río Aniene y de estos monasterios, merece la pena.

 

 

 

Autor: elenabalo

Medio berciana, medio castellonera. Criada como barberense y crecida como villaodonesa. Y ahora mismo ejerciendo de romana. Soñadora vehemente, vividora pragmática. Unos ratos ingenua y otros escéptica. Hija imperfecta, madre impaciente, compañera indómita, amiga irregular. Culé. Viajera y enamorada de Roma.

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