Hispano italianos

Desde que volví a Roma he escrito algunas entradas más pesadas que comerse en agosto unos fagioli all’uccelletto, o lo que es lo mismo, una fabada. Así que hoy, para que no os canséis, necesito aligerar un poco el asunto y para eso os traigo una rareza que en realidad no es tal, pues todos sabemos que Miguel Bosé es hijo de una italiana de raza, Lucía Bosé, pero lo que igual no imagináis es lo famoso que es en Italia y lo mucho que suena en la radio. Os dejo la versión italiana de “Morena mía”…¡café!

Italianini y Spagnolos

Hoy di una clase muy divertida sobre la diferencias entre los italianos y los españoles; os remito al artículo de Juan Arias que hemos analizado y que me ha parecido bastante carinohttp://elpais.com/diario/1984/03/28/opinion/449272809_850215.html. El autor empieza diciendo que aunque la mayoría de la gente piense que un italiano y un español se entienden “porque sí” en realidad son dos idiomas muy diferentes que hay que estudiar en profundidad. Sin embargo los españoles pensamos que con terminar las palabras en “ini” vale y los italianos creen que con terminarlas en “s” también…no os engaño, a veces funciona…peri ni siempri!!

Reserva Natural de la Insugherata

El tiempo en Roma es francamente imprevisible. Por ejemplo, para este domingo venían anunciando lluvia y tormenta eléctrica toda la semana y sin embargo a lo largo del día, apenas ha habido un par de leves tormentas, aunque a decir verdad ahora llueve a mares. Aunque ahora, que ya hace rato que es de noche, poco me importa. La cuestión es que al final, esta mañana, mientras estábamos encerrados en casa, esperando que cayera la anunciada lluvia, veíamos el solecito entrar por la ventana, con lo que al final hemos hecho caso omiso de las predicciones y, con un par de chubasqueros por si acaso, nos hemos ido a descubrir un nuevo parque romano, en este caso la reserva natural de la Insugherata, por donde además pasa la Via Francigena, que es un camino de peregrinaje que existe desde el medievo y que en tiempos unía Canterbury con Roma. Desde hace unos años están intentando reflotar esta vía, sobre todo en la zona de la Toscana, donde ya está bastante recuperada. Por lo demás la reserva da color verde y aire puro al norte de la ciudad gracias a su gran variedad de árboles que forman bosques frondosos. Es increíble que en el centro de una gran ciudad como ésta, aún pueda uno pasear junto al río, entre alcornoques, encinas y ovejas. 

Sabaudia

Il capo de maridísimo es un enamorado de Sabaudia y nos lo lleva recomendando tres años, pero nosotros por hache o por bé siempre que habíamos intentado ir, algo se había cruzado en nuestro camino. Pero no hay nada como hacer planes para que la vida se ría un poco de ti; por eso, este fin de semana que pensábamos ir a San Quirico D’Orcia en la Toscana, hemos terminado en Sabaudia. Y he de decir que, aunque lo que se dice cerca de Roma no está, porque tardamos más de hora y media en llegar y otro tanto en volver, ha merecido la pena, pues son sin duda de las playas más agradables que he visto hasta ahora en este país. Aunque supongo que también influye el hecho de que esta semana ha comenzado, a golpe de tormenta y de ligera bajada de temperaturas, el otoño y que el pronóstico meteorológico anunciaba lluvias también para hoy. Sin embargo, allí estábamos, en medio de una inmensa playa de arena dorada, rodeados de montañas verdes y con un sol que brillaba con fuerza, aunque a veces se escondía tímidamente entre las nubes. Y solos, prácticamente solos.
Allí mismo, en la playa de Torre Paola, comimos en el restaurante Saporetti, aunque no os lo recomiendo, no porque no estuviese bueno, que lo estaba, sino por el trato y, sobre todo, por los precios, al doble de lo que sería normal en cualquier restaurante de su categoría. Pero sigamos con lo bueno, porque después de comer, fuimos a alquilar unas barcas al lago. Y es que no os he contado lo que más me ha llamado la atención de este pueblo y es el lago costero que forma una especie de brazos que terminan en dos canales separados del mar por una duna de arena sobre la que crece la típica vegetación mediterránea y forma una zona húmeda que hace el lugar verdaderamente fascinante. Sobre todo la imagen cuando uno toma la calle que lleva desde el pueblo a la playa y puede ver el agua tranquila del lago, las dunas, el verde, el mar y al fondo el cabo Circeo, un monte de más de 500 metros que destaca sobre la costa. En fin…que aunque no tenga buenas fotos del lugar, en mi retina lo guardo. Además, tampoco conseguimos alquilar las canoas, pero pendiente queda para la próxima ocasión…¡que llegará!
Después de eso seguimos recorriendo la zona y llegamos hasta San Felice Circeo, no sin antes explorar un poco la costa desde las alturas y ver el faro del lugar. En San Felice encontramos otra playa tranquila y agradable donde pasamos la tarde antes de volver al bullicio romano y a la lluvia que pronostican para mañana, pero…¡¡que nos quiten lo disfrutao!!

 

 

Historia 3: La República

La República romana se extendió en el tiempo casi 500 años – del 509 a.C al 27 a.C. – pero…¿en qué consistió? Pues así como resumen os diré que aún hoy en día puede verse en muchos lugares de Roma el lema de esa época: SPQR, que no, no significa como dice la rubia “Sono Pazzi Questi Romani” (Están locos estos romanos) sino “Senatus Populusque Romanus”, o lo que es lo mismo “El Senado y el Pueblo Romano”. Y es que, como parece que lo de un solo Rey no funcionaba, a juzgar por como les había ido con el último (Tarquino el Soberbio), decidieron formar un Senado que sería elegido por el pueblo (bueno, por una parte de él, los plebeyos) y en el que participarían los patricios (que eran los jefes de las principales familias romanas, las que habían formado la ciudad junto a Rómulo). Y a su vez el Senado elegiría a dos cónsules que ostentarían el poder, relevándose cada año y pudiendo vetar uno las decisiones del otro. En el Senado se hacían las leyes, se ejecutaban y se castigaba a los infractores. A cambio los plebeyos pagaban los impuestos, participaban en el ejército y una vez al año elegían a los magistrados de entre los patricios. Todo muy justo. Vamos, más o menos como ahora. Pero si los romanos llegaron tan lejos fue porque eran un poco más listos que nosotros, por eso los plebeyos dejaron de cultivar la tierra y de comerciar, para subir a la colina del Aventino y dejar claro que no volverían a sus tareas hasta que no se reconocieran sus derechos. La ciudad quedó sumida en el caos y al final el Senado cedió parcialmente y se creó la figura de los tribunos, que podían vetar las decisiones del senado que afectasen a los plebeyos. Para protegerles se les nombró personas sagradas, de manera que el que les atacase, sería condenado a muerte. Más o menos de esta época (451 a.C) datan las primeras leyes escritas de Roma que hasta aquel momento se basaban en la costumbre. Y de ahí que todos tengamos un amigo abogado que en la uni pencaba Derecho Romano para septiembre, ¿o no?
Durante la República, para conseguir expandirse, a Roma “no le quedó más remedio” que meterse en bastantes guerras. Primero fueron las guerras latinas, contra otros pueblos de la región del Lazio. Ganaron los romanos. Después las tres guerras samnitas, donde luchaba Roma contra Samnio, un pueblo del sur de Roma. Ganó Roma. También las guerras Pírricas, contra los pueblos griegos asentados al sur de la península Itálica y que hoy nos llevan a hablar de victorias pírricas (que no es por Pirri señores, sino por Pirro de Épiro, un general griego que logró darles un baño a los romanos, pero que en la contienda perdió a casi todos sus hombres, por lo que llegó a decir “otra victoria así y estaremos perdidos”). Sin olvidar las famosas guerras Púnicas contra los cartagineses (que se asentaban en el norte del actual Túnez). Primero por el dominio de Sicilia, después por el dominio de Hispania (con imágenes surrealistas como la del cartaginés Aníbal cruzando los Pirineos montado en elefante) y luego ya (por vicio, por el gusto de ver a su máximo enemigo saqueado, quemado y arrasado) en África, donde vencieron una vez más los romanos gracias a Escipión que a partir de entonces sería conocido como el Africano. Pero vamos, que todo esto os lo cuento muy resumido, porque ponerse a contar con pelos y señales cómo Roma llegó a expandirse por todo el Mediterráneo, las Galias y el norte de África sería un poco largo. La cuestión es que aunque Roma colonizaba para ganar más dinero a costa de explotar los territorios conquistados, también es verdad que al mismo tiempo construía calzadas, puentes y acueductos, promulgaban leyes, distribuía alimentos entre los ciudadanos y celebraban grandes espectáculos. Pero hubo un pueblo que les cautivó: Grecia. Porque cuando entraron en Atenas, los romanos se convirtieron en el conquistador conquistado, de manera que gran parte de su cultura se vio influida por esa otra (religión, escultura, música, literatura…). Y esa cultura romana fue a su vez exportada a todos los demás territorios conquistados.
Pero tanto crecimiento tuvo también su contrapartida y es que Roma ya no se podía controlar con las instituciones republicanas existentes. Por un lado el pueblo estaba descontento y se evidenciaba el enfrentamiento entre los más conservadores y los más innovadores, como cuando en el S.II a.C. los hermanos Gracos, tribunos de la plebe, lucharon por la repartición de las tierras entre los campesinos en detrimento de los grandes terratenientes. Este problema lo solucionaron por las bravas. Les asesinaron. De igual manera terminaron con otro problema, el del excesivo poder que acumulaban los generales, más concretamente Julio Cesar que se convirtió en dictador vitalicio, aunando todos los poderes políticos de forma indefinida y que ya sabemos todos cómo acabó: al mes fue asesinado, cerca de Largo Argentina por Bruto y Casio. Corría el año 44 a.C. El resultado fueron 17 años de guerra civil que terminaron cuando Augusto se convirtió en el primer Emperador de Roma. Pero eso ya será otro día…
Porque hoy…Puff…nos ha costado llegar hasta aquí casi tanto como a los romanos. Por cierto, de esa época quedan en Roma algunos frescos (en museos), restos de varios edificios en los Foros y en el Largo Argentina y un puente, el Fabricio, del año 62 a.C, que lleva a la isola Tiberina. Os dejo fotos.

 

 

Más lecturas

En la televisión un programa cuenta que tras el robo del aceite en España está la mafia siciliana. Maridísimo riega las plantas pese a que hoy han caído varias tormentas importantes en Roma. El ojazos duerme y la rubia se ha ido a una fiesta de pijamas en casa de una amiga. Y yo escribo esto, comiéndome un trozo de chocolate, mientras me preparo para leer un nuevo libro que me han recomendado sobre la historia y los secretos de Roma. Nunca es suficiente. Nada basta. Y no me refiero sólo a Roma…también al chocolate 😛

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