Inés y Costanza

Esta mañana desde la ventana el día se veía gris y frío y las ganas sólo nos llevaban a imaginarnos con un colacao, viendo una película bajo la mantita. Pero a veces hay que sobreponerse a las ganas (y sobre todo a la falta de las mismas) para lanzarse a las calles y descubrir tesoros, conocer secretos, vivir Roma. Y así, sin ganas y bajo la amenaza de lluvia, nos acercamos hasta la Via Nomentana donde está la Basílica de Santa Inés Extramuros, el lugar donde teóricamente fue sepultada la joven Inés, que con sólo 14 años, en tiempos de Diocleciano, cuando los cristianos eran perseguidos y obligados a abjurar, allá por el S.IV, fue denunciada por un pretendiente despechado y encerrada en un prostibulo del que (más que milagrosamente) salió virgen, pues sus cabellos crecían para tapar su desnudez y todo aquel que osó tocarla sufrió males mayores. La cuestión es que finalmente como la muchacha no renunciaba al cristianismo ni tras el peor de los martirios, fue decapitada (donde hoy en día está la iglesia de Santa Inés en Plaza Navona) y luego enterrada donde hoy está la Basílica de Santa Inés Extramuros y allí mismo, probablemente para honrar el recuerdo de la joven santa, se creo uno de los complejos funerarios más importantes de Roma, unas catacumbas que aún existen, que hemos visitado de hecho hoy y que tienen unos seis kilómetros de extensión, funcionaron como cementerio durante más de un siglo y medio y albergaron aproximadamente 30.000 cuerpos. Luego, en ese mismo lugar, la hija de Constantino I, llamada Constantina o Costanza, en el año 340 aproximadamente, mandó construir el Mausoleo de Santa Constanza, que también existe aún y que también hemos visitado hoy y ya en el S.VII se construyó la iglesia de Santa Inés. Ambas supongo que han estado bastante reformadas a lo largo de los siglos, pero destacan por los mosaicos paleocristianos, de verdad muy llamativos y también, el de Santa Costanza, por su forma circular separada en dos espacios por un corredor de columnas. Una cosa que nos ha llamado mucho la atención – y que en realidad es una tontería – es que parte de los frescos del mausoleo están dañados por inscripciones que la gente ha ido haciendo a lo largo de los siglos (ya sabéis “aquí estuvo Pepito que amaba a Pepita”); lo gracioso es que algunos de esos grafitis se han convertido ya en un bien histórico artístico, pues datan del S.XVII. Por cierto, tanto la iglesia como el Mausoleo se pueden visitar gratis en horario, eso sí, muy reducido (de 9 a 12 y de 15 a 17), aún más si hay celebración religiosa (como ha sido hoy el caso pues había una boda, lo cual no me extraña, porque es un sitio realmente impresionante), para entrar a las catacumbas hay que pagar (entre 5 y 8 euros) pues solo se puede entrar con visita guiada (cada media hora aproximadamente en el mismo horario). Ya sé que siempre os digo lo mismo, que es un lugar impresionante (la palabra que probablemente más he empleado en este blog en los últimos tres años) y sobrecogedor, pero es que es verdad y además esta es una buena opción turística para aquellos que quieran ver las catacumbas sin perderse en el barullo de la Via Appia Antica. A nosotros nos ha merecido sin duda el esfuerzo de salir de casa.

 

Autor: elenabalo

Medio berciana, medio castellonera. Criada como barberense y crecida como villaodonesa. Y ahora mismo ejerciendo de romana. Soñadora vehemente, vividora pragmática. Unos ratos ingenua y otros escéptica. Hija imperfecta, madre impaciente, compañera indómita, amiga irregular. Culé. Viajera y enamorada de Roma.

2 comentarios en “Inés y Costanza”

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