Historia 6: Dinastía Flavia y Dinastía Antonina

Durante el gobierno de estas dos dinastías, a lo largo de 123 años, hubo nueve emperadores, que llevaron a una época de gran esplendor al Imperio y que construyeron algunos de los monumentos más reconocidos de Roma.
Habíamos dejado a Roma desnortada tras el golpe de estado que llevó al suicidio de Nerón, con el que desapareció la dinastía de los Claudios. Pero después de una guerra civil que duró algo menos de un año, ascendió al poder el general Vespasiano, corría el año 69, y con él comenzó la dinastía de los Flavios. Vespasiano fue un hombre trabajador y sencillo, un gran administrador que saneó las arcas del Estado. Además, durante su mandato se construyó el Anfiteatro Flavio, es decir, el Coliseo. A su muerte le sucedió su hijo Tito, un hombre tan admirado por su pueblo por su buen carácter y generosidad que, pese a la brevedad de su gobierno (sólo un par de años) llegó a ser nombrado Dios por el Senado. A su muerte el trono fue ocupado por su hermano Domiciano que era completamente diferente a Tito, pues de hecho ha pasado a la historia como un gobernante cruel y autoritario, un auténtico déspota, que quitó todo el poder al Senado para centrarlo en su persona, y que juzgaba con demasiado severidad a sus enemigos. Claro que esto, por lo que he leído es lo que decían los historiadores de su época, que pertenecían mayoritariamente a la aristocracia romana, contra la que Domiciano cargó duramente. En fin…que nunca se sabe. Lo que sí que es verdad es que, después de 16 años de gobierno, Domiciano fue asesinado a consecuencia de una conspiración palaciega urdida por un grupo de oficiales de la corte y con el beneplácito de la Guardia Pretoriana que, digamos, hizo la vista gorda. Domiciano se había casado por amor con Domicia Longina, con la que había tenido un solo hijo que había fallecido siendo aún un niño. Así que de nuevo no había sucesor, sin embargo, el mismo día de la muerte de Domiciano, en una sesión extraordinaria, el Senado nombró a un nuevo Emperador de transición, Nerva, un senador anciano y sin hijos que inmediatamente nombró como heredero a Trajano, el mejor general de Roma. Trajano, por cierto, sería el segundo Emperador nacido fuera de Roma, (después de Claudio que nació en las Galias) y el primer Emperador hispano, pues nació cerca de la actual Sevilla. Trajano inauguró el Siglo de Oro del Imperio Romano, la era más gloriosa del Imperio, el siglo en el que Roma alcanzó su máximo esplendor. Durante el periodo de Trajano se llevó a cabo la campaña militar en Dacia (en la actual Rumanía). Los Dacios eran temibles guerreros que si no morían en la batalla, se suicidaban. Y ya desde la época de Domiciano, los romanos habían tenido problemas con ellos y, para evitar los continuos saqueos, habían llegado a un acuerdo por el cual los romanos pagaban una cuota a los dacios, cosa que evidentemente se consideraba una vergüenza. Pero Trajano, deseoso de empezar su gobierno con una gran victoria, invadió Dacia con éxito. Esa victoria fue descrita en la Columna de Trajano (que se encuentra aún hoy junto a la Piazza Venezia) y trajo un doble beneficio a Roma, por un lado territorial y por otro financiero. Con este aumento en la riqueza de las arcas del imperio, Trajano se dedicó a las obras públicas, por ejemplo parte del foro de Trajano fue construido en esa época. Pero su gran triunfo militar en Dacia se compensó con una gran derrota, la que Trajano tuvo en Oriente, cuando intentaba ampliar el territorio romano por el desierto de Arabia. Fue precisamente en esa operación militar cuando murió el Emperador, víctima de un ataque de apoplejía. Como no había tenido hijos con su única mujer (parece ser que se inclinaba más por los muchachos adolescentes) le sucedió en el trono su primo Adriano, otro hispano, que pensó que el Imperio no debía extenderse más y que lo mejor era cohesionar los territorios que ya tenía, para ello recorrió todas las provincias para mejorar su funcionamiento y asegurar sus fronteras. Además, como cosa curiosa, Adriano, que era un admirador de la cultura griega, puso de moda la barba. De la época de Adriano queda Villa Adriana, en Tívoli, el Pantheon actual (que fue una reconstrucción del Pantheon de Agripa que fue destruido por un incendio) y el Castello de Sant’Angelo que fue construido como su mausoleo familiar. A su muerte gobernó Antonino Pio, un procónsul al que el Emperador nombró sucesor ante la falta de descendientes directos. Antonino fue un hombre bondadoso y clemente, al que a veces los estudiosos acusan de descuidado, pues nunca salió de Roma para solucionar los problemas y perdió muchas oportunidades de hacer incluso más grande el Imperio. El gobierno de Antonino Pío fue el más largo desde Augusto. Cuando murió le sucedió el último de los Cinco Buenos Emperadores y el tercero de origen hispano, Marco Aurelio, que era hijo adoptivo de Antonino Pío por mandato de Adriano (que se lo había puesto como condición antes de nombrarle sucesor) y que, pese a ser un magnífico gobernante, el Emperador filósofo le llamaban, tuvo que sufrir el principio del fin de la Edad de Oro del Imperio Romano, pues durante su gobierno todas las fronteras fueron atacadas, por guerreros, pero también por masas migratorias que buscaban nuevos lugares donde asentarse y contra los que el Emperador nunca utilizó las armas. Con Marco Aurelio, Roma pasó de atacante a defensora y eso mermó mucho las fuerzas del Imperio, que pronto comenzó a perder territorios. De la época de Marco Aurelio quedan en Roma la columna que lleva su nombre (en el Montecitorio) y que describe una victoria sobre los germánicos y una estatua ecuestre en bronce que se encuentra en los Museos Capitolinos (y cuya copia está en el centro del Campidoglio). Por desgracia Marco Aurelio no siguió la tradición de elegir al más preparado como sucesor y eligió a su propio hijo, Cómodo, al que muchos recordaréis porque era el Emperador que salía en la peli “Gladiator”, interpretado por Joaquin Phoenix. No sé si os acordáis del personaje, pero era un neurótico, violento, con aires de grandeza y aficionado a la lucha de gladiadores por encima de la cultura o el gobierno. Se cuenta que luchaba contra gladiadores desarmados, que asesinaba a los lisiados que encontraba por las calles de Roma, que mataba animales, torturaba esclavos y celebraba grandes orgías en las que dilapidaba las riquezas del reino. Ni que decir tiene que con él acabó la edad de oro del Imperio. Fue asesinado por una persona de su confianza y todo lo que recordaba a él en Roma fue destruido. Tal era el odio que había sembrado. Su muerte terminó con la Dinastía Antonina y sumió a Roma en una nueva guerra civil. Empezaba el año 193.

Autor: elenabalo

Medio berciana, medio castellonera. Criada como barberense y crecida como villaodonesa. Y ahora mismo ejerciendo de romana. Soñadora vehemente, vividora pragmática. Unos ratos ingenua y otros escéptica. Hija imperfecta, madre impaciente, compañera indómita, amiga irregular. Culé. Viajera y enamorada de Roma.

2 comentarios en “Historia 6: Dinastía Flavia y Dinastía Antonina”

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