Urbino

Urbino es, por derecho propio, patrimonio de la Unesco. Es un lugar fantástico, y eso que la he visitado precisamente hoy, el día en el que las temperaturas han decidido bajar de los 36 a los 18 grados y la lluvia, intermitente, ha vuelto a aparecer…y yo con vestidito y sandalias. Pero sea como sea, sólo hace falta dar un paseo por sus calles para comprender por qué fue considerada la ciudad ideal durante el renacimiento, una de las épocas más interesantes de la historia. Y eso que a priori Urbino no lo tenía fácil para convertirse en la cuna del renacimiento siendo, como aún es, un pequeño pueblo en mitad de ninguna parte, pero lo consiguió gracias, sobre todo, a Federico de Montefeltro que fue duque de Urbino durante casi 40 años y que construyó el excepcional Palacio Ducal que aún hoy en día sigue dejando con la boca abierta a quien lo visita, porque no es un palacio, es una verdadera ciudad dentro de la ciudad. Y aunque el esplendor de Urbino desapareció por completo en la primera mitad del S.XVII cuando murió el último Montefeltro y los Della Rovere consiguieron el poder, aún hoy sigue conservando la magia que la debió caracterizar en la época del humanismo.
Además Urbino ha visto nacer a grandes personajes. Por ejemplo aquí nació el gran Rafael Sanzio y aún puede visitarse la casa en la que vivió unos pocos años de su vida, hasta que con unos ocho o diez años murió su madre y fue enviado a Perugia a trabajar en el estudio de un pintor. También en Urbino, pero más recientemente, nació Valentino Rossi. Y en un pueblo cercano perteneciente al término municipal nació Bramante. Hay otras cosas que pueden visitarse en la ciudad como los Oratorios de San Giuseppe y San Giovanni, el Teatro Sanzio, la rampa helicoidal y sobre todo las pequeñas calles de color arenoso y llenas de encanto. Sin olvidar las vistas que de la ciudad pueden observarse desde la Piazza della Resistenza, por decir una. ¡¡Un pueblo que me ha encantado!!

 

Città di Castello

Hoy es San Pedro y San Pablo, día festivo en Roma. Por eso me he ido lejos de Roma para despedirme también de Italia. Y así llegué hasta Città di Castello, a un par de horas de la capital, un pueblo de la Umbría profunda donde nació Monica Belluci que seguro que os suena más que la beata Margherita o que Alberto Burri un artista contemporáneo que también nació en esta ciudad, que aún conserva mucho de su pasado medieval. Cabe señalar varios palacios, un par de torreones, la catedral, el palazzo comunale y la pinacoteca (la tercera más importante de Umbria), además de un par de plazas interesantes como la de Fanti o la de Matteotti.
Después de esa parada técnica que además aproveché para comer, llegué (por una carretera de montaña) hasta Urbino, un pueblo que tenía pendiente desde hace mucho, la ciudad donde nacieron entre otros Rafael y Bramante y que me dejó impresionada por su fascinante belleza. Aunque he de reconocer que cuando llegué a Urbino, ya cansada del viaje, me dejé seducir por los paisajes y la piscina del hotel donde me alojaba…juzgad vosotros 😉

 

Lo peor de Roma

Hoy hemos tenido una jornada difícil, de esas en las que estás contento aunque no paras de llorar. Hoy hemos celebrado la fiesta de despedida de los niños con sus (cincuenta 😛 ) mejores amigos del colegio y sus padres. Y estamos contentos porque tanto los bambini como nosotros hemos dejado aquí un grato recuerdo, por todas las cosas buenas que nos deja esta experiencia romana y porque volvemos a casa. Pero no paramos de llorar al pensar que pasamos página, que dejamos atrás personas y lugares, con lo que eso significa. Espero que podamos cumplir al menos una parte de todos los buenos propósitos que hoy hemos verbalizado. En todo caso, Roma ya forma parte de nosotros, con lo bueno y con lo malo…que es lo que hoy os dejo, para que el camino de vuelta se me haga más liviano 🙂
Lo peor de Roma es sin duda alguna el tráfico, que hace perder la paciencia al más pintado y el tiempo a todo el que se mueve por la ciudad. No es la única cosa mala, tiene otras, como el mal mantenimiento de las infraestructuras y, sobre todo, la suciedad, pero a decir verdad, eso es una cosa que a mí (visualmente) me afecta bastante menos (si ya hablásemos del olfato, que no es el caso, la cosa cambiaría). Los otros puntos negativos a los que nos hemos tenido que enfrentar a lo largo de estos cuatro años no tienen tanto que ver con Roma, pues creo que las hubiésemos sufrido en cualquier otro lugar (incluso a menudo te ocurren en tu propio país): la dificultad para comunicarse (que no siempre viene dada por el idioma), las burocracias absurdas (¿qué os voy a contar?), el desconocimiento de los protocolos más habituales (infernal lo de ir al médico), las interpretaciones libres de la ley (ejem, ejem)…

 

 

Las niñas

Hoy son siete las niñas de diferentes orígenes que duermen en mi casa. Y aunque la foto diga lo contrario (parece mentira, pero son ellas las que colocaron los zapatos así, como en un muestrario) el caos está servido: jugar, bailar, “hablar” con el espíritu de bloody Mary, volver a bailar (“Despacito” es el punto de unión de las dos fiestas de pijamas que hemos tenido estos días), comentar los chicos por los que están y los que están por ellas (sí, sí, en ese punto estamos ya, aunque hablamos de niñas de entre nueve y once años), darse algún susto divertido, bailar de nuevo, empezar a ver una película de miedo (la última de Harry Potter), dejarla, ver una película de Selena Gómez, cuchichear y, POR FIN, a la una de la mañana…¡¡dormirse!!. Algunas de las niñas que hoy duermen en casa, llevan en la vida de la rubia desde el primer día de colegio en Roma, otras han aparecido después, pero intensamente y para quedarse. Con todas ellas ha vivido momentos tan especiales, que estoy segura de que no los olvidará. Con ellas ha reído y ha discutido, ha ido de excursión o al cine, ha estudiado y ha bailado…con ellas ha crecido. Mi rubia las va a echar mucho de menos…¡y yo también!

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Roma a bajo coste

Lo bueno de Roma es que no se necesita mucho dinero para disfrutarla. Por ejemplo, para llegar a Roma desde cualquier otra ciudad europea, hay varias compañías de bajo coste que vuelan a Ciampino por una cantidad que, en el caso de España, suele fluctuar entre los 60 y los 120 euros (ida y vuelta y siempre que seas un poco previsor y saques los billetes con tiempo y sin viajar en viernes o en domingo).
Una vez en Roma debo avisar de que los alojamientos son bastante caros, bueno, el bastante es un eufemismo, en realidad son muy caros, pero puede encontrarse una habitación o un apartamento a un precio más razonable en alguna de las páginas que todos conocemos o intentar alojarse (por unos 35/40 euros persona y día, desayuno incluido) en uno de los monasterios o conventos súper céntricos que alojan a turistas, aunque lo mejor, siempre, es tener un amigo que te acoja gratis en su hogar 😉
Para comer te puedes decantar por la street food de calidad, como las fantásticas pizzas al taglio (al corte), los panini (bocadillos deliciosos que te harán en cualquier salumeria) o los platos de pasta sencillos, que no te costarán más de 5 euros y que puedes tomar en forma de picnic en uno de los maravillosos parques romanos. El aperitivo (de 18.00 a 21.00 generalmente) es otra ocasión para comer barato (los hay desde unos siete u ocho euros) que consiste en pagar la bebida y disfrutar del buffet de ensaladas, verduras y, en el mejor de los casos, también pasta, pizza y algo de carne. Para beber, las fuentes abundan en cada esquina llena de agua fresquita y gratuita con la que hidratarse.
Y para visitar la ciudad, Roma es en sí misma un espectáculo, sólo tenéis que ver esta puesta de sol a través del cristal del coche. Pasear por sus calles es una experiencia genial. Pero si lo que queréis es chicha, arte puro, podéis hacer un recorrido por las iglesias romanas, las cuatro basílicas mayores, las basílicas menores, todas son gratuitas, como también lo son el increíble Panteón o la Fontana de Trevi, por no hablar de las plazas, como Piazza Spagna, Piazza Navona o Campo di Fiori, o los encantadores miradores desde los que puede apreciarse toda la ciudad, (como el del parque de los naranjos en el Aventino, el del Gianicolo o el del Zodiaco) y los puentes romanos sobre el Tiber (incluido el de Sixto o el del Santo Ángel). Sin olvidarnos de que también sin abonar ni un euro pueden verse esculturas básicas de la historia del arte como el Moisés de Miguel Ángel, el éxtasis de Santa Teresa de Bernini o la Piedad, también de Miguel Ángel. Pero hay varios museos gratuitos, como el de Pietro Canonica, en Villa Borghese, que tiene excedentes de los Museos Capitolinos o el Museo Napoleónico, cerca de Piazza Navona. Aprovecho también para comentaros que el primer domingo de mes los museos estatales son gratuitos, así que se pude entrar al Coliseo, los Foros, la Galleria Borghese, el Castillo del Santo Ángel, la Galleria Spada o el Palazzo Massimo entre otros. Y el último domingo de mes (última entrada a las 12.30) hay que aprovechar para ver los Museos Vaticanos con la apabullante Capilla Sixtina. 

De los adioses 1

Jolin, ya lo siento, pero todas estas últimas entradas van a ser de mucho moñeo. Aunque aún espero poder compartir un último lugar secreto, algún restaurante destacado o uno de esos maravillosos rinconcitos romanos antes de la vuelta definitiva. Me queda aún mucho pendiente. Vale, venga, no mucho, pero sí lo suficiente como para llenar otro año de blog 😉 . En todo caso, hoy no será el día de hablaros de Roma, ni de Italia, porque hoy hicimos la cena de despedida con la gente – españoles, italianos y franceses – que durante estos cuatro años nos han incluido en sus planes, esos con los que hemos tomado café, pizza, cañas, prosecco, que nos han enseñado italiano, con los que hemos ido de excursión y de vacaciones, que nos han recomendado películas y libros, que nos han tratado con afecto y cariño, con los que hemos reído, analizado y, a veces incluso, llorado, en fin, con los que hemos compartido nuestro día a día romano. Hoy hemos hecho la despedida de nuestros amigos en Roma, gente que no querremos, ni podremos olvidar, porque ya forman parte de nuestra bella storia romana. Os dejo algunos de los regalos que nos han hecho (sólo pongo los más italianos) …¡¡y no, no tengo Vespa!! 😀

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