1. Y volver, volver, volver

Volver a Roma conociéndola bien es asegurarte el disfrute, incluso aunque te reciba con nubes y lluvia. Saber que hay gente que te espera también a este lado del Mediterráneo es saber que no hay nada que preparar, sólo dejarte llevar. Ayer, quince meses y cinco días después de dejar Roma, tomamos el avión (Ryanair gracias) y aterrizamos en Ciampino casi a medianoche. Allí nos esperaba el sustituto de maridísimo que entre el caótico tráfico romano, aún a esas horas y, después de lidiar con la verdadera idiosincrasia romana al volante, (hubo un accidente en un túnel y los coches decidieron dar la vuelta hasta encontrarse con aquellos que venían de cara, de manera que nos quedamos bloqueados durante casi una hora), nos acercó hasta Monte Mario, donde viven nuestros amigos guadarrameños y donde maridísimo y yo nos íbamos a alojar durante estas vacaciones romanas. Por la mañana nos levantamos sin prisa, desayunamos y nos preparamos para reencontrarnos con la bella Roma. Nos vino a recoger mi amiga hispano-italo-francesa y fuimos los cinco al centro: Villa Borghese, Piazza Spagna, Fontana di Trevi… bajo una lluvia ligera, pero continua, que nos recordó nuestro lluvioso primer año. Además, como dicen que el mundo es un pañuelo y todos los caminos conducen a Roma, mientras ibamos callejeando bajo la lluvia me encontré de frente con una de mis alumnas de español favoritas, que estaba a punto de irse a Paris y pude conversar un rato con ella :).

Y después de comer en Gusto, cerca del mausoleo de Augusto y del Ara Pacis, fuimos al cole a reencontrarnos con el resto de la gente que nos acompañó y nos hizo felices durante cuatro años. Fue precioso ver a nuestros hijos rodeados por sus amigos, que les abrazaban y les hablaban como si  la última vez hubiese sido ayer…el ojazos se enganchó al balón y jugó sobre el barro con los viejos amigos que echan de menos estos partidos improvisados que ya no abundan desde que se fue el españolito. La rubia, cada vez menos rubia y mucho más tímida, buscaba su espacio entre sus amigas, todas ya rozando esa difícil edad en la que uno no tiene identidad, ni se la espera. Maridísimo y yo ejercimos de los novios en la boda (como dijo una madre) con una fila de mamme italiane que esperaban su turno para besarnos. Qué bueno recuperar las caras conocidas y ver que después de unos momentos de indecisión, nuestro italiano volvía a fluir!!. Después yo acompañé a la rubia a la casa donde iba a dormir, allá por Baduina y maridísimo llevó al ojazos y a uno de sus amigos al entrenamiento de fútbol con otros tres amigos del cole. Sobre las ocho nos reencontramos para una pizza en el restaurante Fuoco con la familia italo-americana donde dormiría el ojazos y que,  además,  nos dejaron el coche con el que volver a nuestra casa…¿quién da más en una primera jornada de retorno?

Autor: elenabalo

Medio berciana, medio castellonera. Criada como barberense y crecida como villaodonesa. Y ahora mismo ejerciendo de romana. Soñadora vehemente, vividora pragmática. Unos ratos ingenua y otros escéptica. Hija imperfecta, madre impaciente, compañera indómita, amiga irregular. Culé. Viajera y enamorada de Roma.

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