Ancora Martignano

Tengo al ojazos y a un par de italianitos durmiendo aquí al lado, mientras espero que mañana por la mañana llegue una nueva visita desde aquel lado del Mediterráneo. De repente pienso que aún no he soñado nunca en italiano, aunque a decir verdad, ahora sueño mucho menos que hace unos años. Maridísimo lee el periódico (online y en español) y me habla de un tal Manolo que ha tratado de cruzar desnudo la Fontana di Trevi. Yo estoy dejando la prensa. Creo que leerla cada día es lo que me impide soñar. Aunque a veces es más fácil durante el día y con los ojos bien abiertos. Por ejemplo hoy, como los bambini han tenido colegio, pero no actividades extraescolares, hemos aprovechado y nos hemos ido hasta Martignano para disfrutar, como siempre, de los fantásticos paisajes…de ensueño.

Tarquinia

Hoy, como casi todos supongo que sabéis, es el día de la Inmaculada, fiesta nacional también en Italia. Las opciones eran varias, pero la desidia se las ha ido llevando y al final sólo el día soleado nos ha sacado de nuestra pereza y nos ha animado a no quedarnos en casa y por eso hemos decidido ir a explorar un poco el Lazio Etrusco y nos hemos acercado hasta Tarquinia. Os pongo un poquito en antecedentes, Etruria fue un país que se extendió por lo que hoy es el norte del Lazio y toda la Toscana desde el S.VIII a.C. hasta que la expansión de la república romana les absorbió; aunque el poder de este pueblo siempre estuvo presente, pues varios de los reyes romanos fueron de origen etrusco. La cuestión es que se trataba de un pueblo bastante avanzado en temas militares, de construcción y también socialmente. En Tarquinia está la necrópolis etrusca más grande del Lazio, con más de seis mil tumbas enterradas, excavadas en el suelo y con pinturas sobre la roca. La verdad es que yo no me imaginaba que fueran así y me he quedado muy sorprendida. Muchas de las pinturas están en bastante mal estado de conservación (no en vano la mayoría son del S.V a.C), pero otras son fantásticas y dicen mucho de esa civilización que creía en Charun – un demonio alado y de color azul que acompañaba el alma de los difuntos, pues era el custodio del inframundo – y que veneraba a la Gorgona, que petrificaba con su mirada, pero que también era símbolo de poder. Una sociedad donde las mujeres de la alta nobleza compartían la riqueza y el poder con los hombres. Y donde las mujeres en general, aparte de ser el centro de las familias, participaban también de la comida, del vino y del sexo, no por una razón económica (como sí ocurría en Roma o en Grecia, donde sólo las prostitutas estaban invitadas a ese tipo de eventos) sino por un mero disfrute hedonista. Así, según he leído, las etruscas de la época, eran para los romanos y para los griegos, las suecas de la generación de nuestros padres, esas mujeres liberadas y seguras de sí mismas que llegaban a sacar a los hombres de una sexualidad pacata o de pago. Y todo esto se ve en las pinturas de las tumbas etruscas, como también se ve el tipo de vestimenta, sus costumbres y las diferentes clases sociales. Por lo demás, Tarquinia, la nueva Tarquinia, es un pueblo agradable para pasear, con algunos edificios interesantes como el Museo Nacional, el convento de San Francesco o el Palazzo Comunale y que tiene iniciativas divertidas, como crear una ruta donde además de los nombres de los monumentos a visitar, te pone la distancia, el tiempo estimado y…¡las calorías que vas a perder caminando hasta allí!. La verdad es que hemos pasado un buen día.

La villa Pontificia de Castelgandolfo

Hemos ido muchas veces a Castelgandolfo desde aquella primera vez en septiembre de 2013. A veces fuimos a bañarnos en el lago, otras a comer al restaurante I Quadri que nos gusta bastante y tiene muy buenas vistas y alguna otra vez, como hoy, a visitar el pueblo con amigos. Pero nunca hasta hoy habíamos entrado en la villa pontificia, entre otras cosas, porque solo es visitable desde el 22 de octubre de este año cuando el Papa Francesco completó la reconversión de Castelgandolfo de residencia papal de verano en museo. Ya en 2014 el Papa Francesco renunció a pasar los veranos en este bonito pueblo a poco más de veinte kilómetros de Roma y después dispuso la apertura al público de los jardines Barberini, que se hizo efectiva el 1 de marzo de este año. Y ha sido ahora, cuando también se ha permitido la entrada a la Sala de los Papas y a los apartamentos privados. Pendiente nos han quedado los jardines, que me gustaría visitarlos en tren desde el Vaticano y que deben ser maravillosos, pero hoy indudablemente no era el día, pues llovía, a ratos más que bastante, y además no teníamos mucho tiempo pues nuestros invitados tenían un avión esperándoles. En el palacio papal se pueden visitar dos plantas; en la primera hay una sucesión de retratos de los Papas que han pasado por allí desde que en el S.XVII Urbano VIII (del que os hablaba el otro día a cuenta de las abejas) se enamoró del lugar. En este piso también pueden verse algunos objetos curiosos, como las mitras o las zapatillas papales. En la segunda planta están los apartamentos privados, donde se pueden ver salas amplias, con objetos de arte, despachos, biblioteca y hasta el dormitorio de los Papas. ¿Es una visita necesaria? Pues no, pero desde luego no deja de ser curiosa.

 

 

Sabaudia

Il capo de maridísimo es un enamorado de Sabaudia y nos lo lleva recomendando tres años, pero nosotros por hache o por bé siempre que habíamos intentado ir, algo se había cruzado en nuestro camino. Pero no hay nada como hacer planes para que la vida se ría un poco de ti; por eso, este fin de semana que pensábamos ir a San Quirico D’Orcia en la Toscana, hemos terminado en Sabaudia. Y he de decir que, aunque lo que se dice cerca de Roma no está, porque tardamos más de hora y media en llegar y otro tanto en volver, ha merecido la pena, pues son sin duda de las playas más agradables que he visto hasta ahora en este país. Aunque supongo que también influye el hecho de que esta semana ha comenzado, a golpe de tormenta y de ligera bajada de temperaturas, el otoño y que el pronóstico meteorológico anunciaba lluvias también para hoy. Sin embargo, allí estábamos, en medio de una inmensa playa de arena dorada, rodeados de montañas verdes y con un sol que brillaba con fuerza, aunque a veces se escondía tímidamente entre las nubes. Y solos, prácticamente solos.
Allí mismo, en la playa de Torre Paola, comimos en el restaurante Saporetti, aunque no os lo recomiendo, no porque no estuviese bueno, que lo estaba, sino por el trato y, sobre todo, por los precios, al doble de lo que sería normal en cualquier restaurante de su categoría. Pero sigamos con lo bueno, porque después de comer, fuimos a alquilar unas barcas al lago. Y es que no os he contado lo que más me ha llamado la atención de este pueblo y es el lago costero que forma una especie de brazos que terminan en dos canales separados del mar por una duna de arena sobre la que crece la típica vegetación mediterránea y forma una zona húmeda que hace el lugar verdaderamente fascinante. Sobre todo la imagen cuando uno toma la calle que lleva desde el pueblo a la playa y puede ver el agua tranquila del lago, las dunas, el verde, el mar y al fondo el cabo Circeo, un monte de más de 500 metros que destaca sobre la costa. En fin…que aunque no tenga buenas fotos del lugar, en mi retina lo guardo. Además, tampoco conseguimos alquilar las canoas, pero pendiente queda para la próxima ocasión…¡que llegará!
Después de eso seguimos recorriendo la zona y llegamos hasta San Felice Circeo, no sin antes explorar un poco la costa desde las alturas y ver el faro del lugar. En San Felice encontramos otra playa tranquila y agradable donde pasamos la tarde antes de volver al bullicio romano y a la lluvia que pronostican para mañana, pero…¡¡que nos quiten lo disfrutao!!

 

 

Subiaco

La vida en una gran ciudad y especialmente en una ciudad tan caótica y turística como ésta, aunque sea maravillosa, puede llegar a cansar y mucho, hasta el punto de que una excursión, más que un simple placer se convierte casi en una necesidad. O eso o subirse a un árbol y hacerse asceta, como hizo San Benito, al que se considera uno de los primeros religiosos en darse a la vida eremita y por tanto iniciador de la vida monástica en occidente y al que hoy le hemos seguido la pista. Para ello, en poco más de una hora nos acercamos hasta Subiaco, a unos 70 kilómetros de Roma, donde San Benito – aquí conocido como San Benedetto – fundó en el S.VI junto a un grupo de jóvenes – entre ellos Plácido y Mauro – el primero de varios monasterios. Hoy visitamos dos de ellos, el que se conoce como del Sacro Speco o de San Benedetto y el que lleva el nombre de su hermana gemela (Santa Escolástica).
El Monasterio de San Benedetto está literalmente encajado en la roca, y las paredes, las fachadas y las escaleras parecen parte de las piedra sobre la que se apoyan. Lo más destacado, además de su propia situación, son las dos iglesias pintadas con frescos de diferentes épocas – los de la superior son del S.XV y los de la inferior del S.XIII – que por su profusión y colorido llegan a agitar el espíritu del que las contempla. ¡Vaya, no quería ser tan pedante, pero la verdad es que entre tanta obra de arte, uno no sabe a dónde mirar!. Además de la Capilla de la Virgen, que une las dos iglesias a través de la Escalera Santa, y la gruta donde se supone que el santo vivió durante tres años de su vida, allá por el S.VI. Podría describiros todo con detalle, pero alguien dijo que más valía una imagen que mil palabras, así que ahí van varias para que os hagáis una idea de lo que os cuento. La última foto es la de la gruta.
Después, íbamos con una familia amiga, nos fuimos a comer a un restaurante con vistas al pueblo, Belvedere se llamaba,la comida bien, slow food, ya sabéis que uno sale de Roma y todo cobra otro ritmo.Y después de coger fuerzas con unos cuantos antipasti del terreno y un buen plato de pasta, nos fuimos al Monasterio de Santa Escolástica. Ambos Monasterios están separados por apenas un par de kilómetros, pero los horarios son bastante restringidos. 

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El monasterio de Santa Escolástica es el más antiguo de los monasterios benedictinos, pues es el único que ha sobrevivido a lo largo de la historia a los terremotos y los ataques sarracenos, aunque poco queda de lo que debió ser en un principio, pues hoy en día se trata de un complejo de edificios construidos en épocas diferentes. Para empezar entras bajo un arco del S.XX donde está escrito “Ora et Labora”, que da paso a un primer claustro del Renacimiento, del S.XVI, del cual se pasa a un segundo claustro, en este caso gótico, del S.XIV y finalmente a un tercer Claustro románico, del S.XIII, para llegar hasta una iglesia del S.XVII. Por cierto, pese al nombre del monasterio, hay que decir que Escolástica nunca estuvo allí. En todo caso, la visita de esta zona, en el río Aniene y de estos monasterios, merece la pena.

 

 

 

Terremoto

Qué pena pensar que a sólo unos pocos kilómetros de casa, cientos de sueños quedaron interrumpidos para siempre. Gente de este aquí y de aquel aquí, jóvenes y mayores, mujeres y hombres, personas al fin, que se acostaron con sus preocupaciones cotidianas y que ya no despertarán, porque la tierra, enojada, se enfrenta a nuestro desprecio, con fuerza y furia. Es normal. Y qué pena que gente que huyó de otros desastres, naturales o humanos, se hayan encontrado con este destino. Qué pena terminar cuando apenas empiezas. Colgamos de cuerdas invisibles que no podemos controlar. Precisamente muy cerca de esa zona hoy destruida pensábamos ir este fin de semana a ver a unos amigos. La cuerda se mueve y te salvas, la cuerda se mueve y te mata. Así es la vida. Hoy llora(mos) Italia. 

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Collepardo

Hoy nos escapamos hasta Collepardo, en la región del Lazio, en la provincia de Frosinone, a unos cien kilómetros de Roma, para ver la abadía de Trisulti, construida hace ochocientos años en la mitad de un bosque. Se trata de un monasterio donde conviven monjes cartujos de clausura y que además tiene una capilla muy interesante, un belén artístico y una farmacia antigua y verdaderamente curiosa, con pinturas al fresco que parecen retratos de los personajes de “El señor de los anillos” y vitrinas llenas de botes antiguos.
Después paramos en unas cuevas llenas de estalactitas, estalagmitas y…¡murciélagos!. Muy interesante. Y, aún más allá, tras comer en el pueblo, nos dimos un baño en el río de la zona…que hace muchísimo calor estos días, pero alegra salir un poco de la rutina de la ciudad.