Basilicata y Puglia: Alojamiento y Gastronomía

Creo que ya ha quedado claro por mis entradas anteriores que me han gustado mucho Basilicata y Puglia, dos de las regiones más al sur de Italia, que nos han ofrecido una pequeña muestra de todas sus caras, la nublada, la lluviosa, la fresca, la calurosa, la soleada, que nos han dejado entrever todas las maravillas que esconden y nos han sorprendido por la amabilidad de la gente y por la (más que decente) limpieza de sus calles y de sus zonas naturales. Esta vez tuvimos suerte con todos los alojamientos y también con lo que hemos comido (así lo atestigua la báscula). En un Castelmezzano escondido entre las nubes, paramos en un pequeño bar a tomar una tabla de embutidos y quesos de la zona que estaban buenísimos (muy muy ricos los lácteos por allí, debimos suponerlo cuando nada más entrar en el término municipal, un rebaño de ovejas y cabras cortó la carretera). Después fuimos hasta Matera donde probamos el bacalao (históricamente el único pescado en zonas de interior como ésta) con los peperoni cruschi (que es un tipo de pimiento un poco picante, que se puede tomar solo con aceite encima del pan o frito muy crujiente como acompañamiento) y también comimos un buen plato de calzoncini materani (una especie de ravioli triangulares, rellenos de ricota con nuez moscada y acompañados de salsa de tomate con trozos de cordero) que se ha subido al top de las mejores pastas que he comido hasta ahora (y ya tengo una larga trayectoria).
Luego ya en Alberobello nos dejamos aconsejar por el dueño del trullo donde dormíamos que nos recomendó el restaurante de su tía. Yo no las tenía todas conmigo, pues estaba más bien a las afueras del pueblo y me temí lo peor. Sin embargo el restaurante tenía muy buena pinta, estaba llenísimo y tal y como ya nos habían anunciado, con un solo antipasto ya comía toda la familia y es que nos sacaron como catorce platos llenos de pequeñas delicias típicas, desde los más tradicionales embutidos y quesos, pasando por trippa (callos), fritti de todo tipo (incluidas unas bolitas pugliese que están hechas de pan de ajo), verduras variadas (como unos calabacines marinados y unas berenjenas rellenas con alcaparras, o una crema de garbanzos y grelos)…en fin, para muestra algún botón.
Y ya en Lecce y Leuca también nos dejamos seducir por los placeres gastronómicos…en cuanto a pasta, las más típicas son las orecchiette (con forma de pequeñas orejitas) y le sagne (que son como tallarines más gruesos y mal cortados, que quedan como retorcidos), siempre acompañados con requesón, albahaca y tomates cherry, y, a veces, con algún producto del mar.
En esa zona también es muy habitual el pulpo alla pignata (que es el nombre de la olla donde se cocina el pulpo) y también la carne de cordero (aunque esta vez nos dedicamos más al pescado). Y en cuanto a los dulces, el  Pasticciotto leccese es el más típico, que es una masa rellena de crema y todo cocinado al horno y que se sirve caliente, tal y como hacía el dueño de nuestra última residencia cada mañana.
Y hablando de residencias, os dejo algunas fotos de los b&b en los que nos hemos alojado, por si a alguno le sirve, que luego me preguntáis y yo ya no me acuerdo. En Matera estuvimos en la Corte de San Leonardo: preciosa habitación e increíbles vistas desde la terraza, aunque no funcionaba el wifi. Después entre Alberobello y Locorotondo, en mitad de un campo de olivos, está el Trulli Caroli, muy bien acondicionado para las familias y con un abundante desayuno en cestita de Caperucita que nos dio para desayunar, comer y merendar. Y por último en la Suite Battisti de Lecce, un pequeño apartamento con terraza, donde el dueño venía cada mañana a prepararnos el desayuno y que está muy bien situado para descubrir esa bonita ciudad. Dicho queda...

Conversano, Bari y Trani

Recién aterrizados en Roma, nos enteramos de que ha habido un nuevo terremoto entre Abruzzi y Marché. Y mientras contestamos a nuestros familiares y amigos que llaman interesándose, hay una nueva réplica que tampoco notamos, aunque los vídeos que mandan amigos romanos ponen los pelos de punta. Espero que todo quede aquí.
Por nuestra parte esta mañana salimos de Lecce ya hacia el norte. Una de las joyas del viaje (según la guía que solemos utilizar y que casi siempre acierta) era Conversano y allí que hemos parado y sin embargo apenas nos han impresionado sus edificios de piedra blanca, ni su castillo normando.
Así que hemos continuado por la costa adriática hacia el norte y nuestra siguiente parada ha sido Bari, una ciudad sobre la que ha habido diversidad de opiniones en los consejos que hemos recibido antes de empezar este viaje. Y es que la ciudad, una de las más prósperas del sur, es enorme y, sólo un poco, caótica, pero el centro histórico tiene su gracia por los callejones, las iglesias y el tumulto. No es maravillosa Bari, pero tiene algo de la chispa italiana que todos imaginamos antes de llegar aquí.
Hemos comido rápido y bastante bien en un restaurante en una de las avenidas principales de Bari y enseguida nos hemos ido hacia Trani que es, sin duda y pese a la lluvia que ha comenzado a caer cada vez más intensamente, la ciudad que más nos ha gustado de hoy e indudablemente una de las joyas de Puglia, con su romántico puerto cerrado en forma de U, su catedral imponente por fuera y delicada por dentro, sus calles empedradas y solitarias, su castillo…Un lugar al que hay que volver, porque las vacaciones por esta vez no han dado más de sí y esta ciudad me ha dejado con muchas ganas de más. Muy buena la experiencia en Basilicata y Puglia, mañana os hablaré de sus alojamientos y gastronomía.

 

Leuca y Otranto

Ayer tratamos infructuosamente de conseguir información turística de la región y no os creáis que es que íbamos preguntando por la calle, no no, íbamos a sitios teoricamente especializados, vamos, a las oficinas de turismo, donde nos miraban raro, nos contestaban rozando la grosería y seguían a sus asuntos (mirar Internet, hablar con su amiga o sacar fotocopias). Menos mal que san Google lo tiene todo y al final encontramos lo que queríamos: un paseo en barco entre el mar Jónico y el mar Adriático, en Santa Maria de Leuca, el punto más al sur del tacón. Y allí nos hemos ido esta mañana temprano; y sobre las 11 ya estábamos en nuestra barca, una que en agosto llega a pasear a 26 personas y que hoy era solo para nosotros…¡qué gustazo!. Y durante un par de horas hemos recorrido el mar turquesa, entrando en las diferentes grutas de la costa y…hasta nos hemos bañado. ¡Qué día más bueno!. Después hemos subido hasta la basílica y el faro de Leuca, para tener otra visión del pueblo (que es poco más que un puerto) y después hemos ido hacia el norte.
Como se nos echaba la hora encima y el estar fuera de temporada se hacía sentir mucho en las calles vacías y los restaurantes cerrados, paramos a comer en Castro (desierto) y luego continuamos hacia el Cabo de Otranto, el punto más oriental de Italia. Allí solo hay una zona militar y un faro recientemente restaurado desde el que se ve la costa albanesa. Además estando allí mi teléfono ha decidido darme la bienvenida a Grecia y conectarme con una compañía de ese país…¡qué miedo!. Al margen de todo eso, el lugar es bastante chulo.
De allí hemos seguido hasta Otranto, a sólo seis o siete kilómetros, un pequeño pueblo lleno de historia e interesantes monumentos que visitar, como el castillo de Alfonso de Aragón o la catedral, con un gran mosaico y una cripta con pinturas. Además tenía un poco más de ambiente y comercio. Ya comenzaba a anochecer y estábamos cansados, así que hemos vuelto a Lecce.

Lecce

Esta mañana dejamos nuestro trullo sin prisa, disfrutando del campo de olivos que lo rodea, y marchamos para seguir descubriendo la Puglia o Apulia que, no sé si os he dicho que es el tacón de la bota italiana. Visitamos un par de pueblos que no aparecían en las guías, pero que nos habían recomendado, Martina Franca y Cisternino, esperando descubrir algún tesoro oculto, pero no encontramos nada reseñable, así que seguimos hacia Lecce, ya en el sur, un pueblo grande y barroco, que nos ha recibido con un tiempo fantástico, sol y 25 grados, que nos ha invitado a pasear por sus calles, a ver las fachadas de sus incontables iglesias – a destacar el Duomo y la Basílica de la Santa Croce, llena esta última de imágenes mitad mágicas, mitad grotescas – a entrar y descubrir sus retablos blancos de piedra de Lecce y a dejarnos conquistar por sus plazas y sus rincones. Luego, después de un rato de descanso en el maravilloso alojamiento que hemos reservado (creíamos que era una habitación y ha resultado ser un apartamento) hemos vuelto a salir para disfrutar de la ciudad ya con luz artificial y a seguir dejándonos conquistar, esta vez por el estómago, a través de la comida pugliese. 

Matera y Alberobello

Como os dije ayer, Matera es uno de los lugares más fascinantes que he conocido; además es un lugar muy antiguo, pues está habitado desde el paleolítico y aún conserva una mezcla especial de culturas y de historia, que se deja ver en el color mágico de la piedra. Además Matera será capital europea de la cultura en 2019 gracias, entre otras cosas, al esfuerzo que sus habitantes han hecho a lo largo del tiempo por conservar y mejorar esta ciudad que en los años 50 fue calificada por un ministro italiano como la “vergüenza” de Italia y que hoy en día destaca por ser “única”. Para empezar la mañana fuimos a la cisterna, que desde el SXVII y hasta 1936 ha recogido el agua de las colinas cercanas y de la lluvia, para dar servicio a la ciudad. El palombaro, que así se llama la cisterna, es espectacular, yo no me esperaba nada semejante, un espacio de 60×16 metros, con apariencia de tener unos robustos muros de piedra que construyeron los propios habitantes aprovechando para excavar en zonas donde ya había minas y cuevas. La cisterna puede llegar a recoger cinco millones de litros de agua…¡ahí es nada!. La ingeniería popular hizo el suelo del palombaro un poco inclinado, para que cuando hay poca agua, ésta vaya hacia los puntos de extracción. Pero la escasez de agua ha sido una excepción a juzgar por las marcas en las paredes que indican el nivel a donde ha llegado el agua. El punto máximo fue en 1936 cuando la cisterna fue cerrada por falta de uso después de que llegase el acueducto a Matera en 1927. En 1991 extrajeron todo el agua e hicieron las pasarelas para convertirla en un lugar de interés turístico, justo un par de años antes de que toda Matera fuese declarada patrimonio de la humanidad. Muy muy interesante la historia de la cisterna de Matera, de verdad. Después hemos revisitado la ciudad y hasta hemos hecho una caminata de una hora aproximadamente para subir al mirador de Murgia, lleno de cuevas donde podían verse hasta alguna iglesia rupestre como la de Santa Agnese. También hemos visto otras iglesias interesantes (muy bonito el Duomo) y hemos seguido disfrutando perdiéndonos por las calles de esta ciudad y dejándonos conmover por sus imágenes de postal.
Después, en algo más de una hora, recorrimos el trayecto que nos alejaba de Basilicata y nos adentraba por primera vez en la Puglia; en este caso concretamente en Alberobello, un pueblo conocido como el pueblo de los trullis, que son unas construcciones peculiares que antes las usaban los granjeros y pastores y hoy, además de viviendas, acogen comercios, restaurantes y hoteles como en el que hoy estamos…e incluso iglesias.