La comida siciliana

Y ahora que hemos vuelto a la realidad de la verdura al vapor para poder abrochar de nuevo esos pantalones que se nos resisten después de estos días de relajo y despiporre gastronómico, echo la vista atrás y relamiéndome os dejo algunos de esos platos típicos que hemos probado durante estos días en Sicilia…
Empezamos con un antipasto, semplice ma buono.
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Y los arancini, que pueden usarse como “cibo di strada” (“street food”  o comida callejera) o como antipasto para abrir boca. Los arancini son una especie de croqueta de arroz que además va rellena de carne y verduras (los más típicos en Sicilia, con forma acampanada) o también de espinacas, jamón y queso o cualquier otra combinación que le guste al cocinero o cocinera. Estos nos los comimos en Taormina.

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Y pasamos a los hidratos. El couscous es uno de los legados que dejaron los árabes en su paso por la isla. Lo suelen preparar con pescado o/y marisco (nunca lo había probado) y la verdad es que está sabrosísimo. El de abajo lo tomamos en Ragusa, en el restaurante Antares, se llama couscous mediterráneo y tiene pescado, marisco y berenjena…¡¡delicioso!!
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Y la pasta a la norma es la más representativa de Sicilia, por eso también la probamos y os la enseñamos…está hecha con berenjena, tomate y ricota. Ésta la comimos en un restaurante de Siracusa que se llama A Putia.
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En cuanto a las proteínas, hay que subrayar la importancia del pez espada, el característico de la isla, aquí dos ejemplos de preparación, el primero al modo de Siracusa, con tomate, cebolla y aceitunas, lo tomamos en Il Cenacolo de Siracusa.
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El segundo está envuelto en berenjena.
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También probamos el pulpo a la parrilla sobre puré de patata. Como veis a todo hay que añadirle siempre un buen puñadito de perejil.
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Y también se da mucho lo que ellos llaman la sopa de mejillones, aunque se trata más bien de mejillones con salsa de tomate. Este nos lo comimos en el Manhattan (un nombre muy propio) de Agrigento..¡¡estaban riquísimos!!
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Y para que veáis que también hemos comido verdurita durante las vacaciones, os dejo dos platos que se asemejan algo a nuestro pisto: la caponata – hecha con berenjena y tomate con aceitunas y alcaparras – y la fricata (aunque ellos le llamaban también de otra manera que no consigo recordar ahora) y que tiene patatas y pimientos rojos y verdes. Sin olvidarme de la parmigiana (¿cómo me puede gustar tanto?) o lo que es lo mismo una combinación de berenjena, tomate y queso.
Y para terminar, una golosa como yo no podía olvidarse de los postres. En primer lugar una tarta de Siracusa, con chocolate, pistacho y ricota…¡¡para chuparse los dedos!!. Y por supuesto lo más típico: los mazapanes, los helados, los cannoli y los granite. Estos últimos son una especie de granizados, pero más densos que los que solemos tomar en España. Están hechos con fruta de temporada y se suelen acompañar de un brioche. Estos los probamos en Taormina, en un bar especializado que se llamaba Bam Bar…¡¡inolvidables!!
Vamos que Sicilia tiene mucho que ofrecer, como naturaleza, como arte, como historia y además, para los tragaldabas como la que suscribe, también es un paraíso. En cuanto pueda repito. 🙂

Sicilia 8: Gole di Alcantara, Savoca y Messina

Esta mañana salimos sin planes de nuestro alojamiento en Taormina. Siempre pasa, o al menos a nosotros, que el último día termina siendo de descuento. Pero bueno, como eran muchas las horas que teníamos aún por delante (os escribo esto desde el camarote, cuando son algo más de las once de la noche y aún quedan más de tres horas para que salga el barco) al final decidimos aprovechar y acercarnos a las Gargantas de Alcántara, a sólo 16 kilómetros de Taormina. El sitio es bonito y los cachorros se lo han pasado muy bien brincando para enfrentarse a la corriente del río. Sería fantástico si fuese gratis y paradisiaco, pero no es el caso. A 13 euros por cabeza y con todo un conglomerado de bares, restaurantes, snack cafés, venta de productos típicos, a uno se le quitan las ganas de pasear por las, por otro lado, bonitas gargantas. Pero bueno…

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Allí hemos estado un par de horas y de allí nos hemos ido a Savoca. Un sitio que a nadie le suena. Tal vez viendo la foto, los más cinéfilos puedan saber a qué se debe la fama del pueblo, aunque es para nota.

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Es el bar Vitelli, el mismo al que iba Michael Corleone a pedir la mano de su novia Apollonia. El interior del bar es un museo del rodaje, con todo tipo de recuerdos. También la boda se rodó en el pueblo, de hecho pasaban otra vez por delante del bar, y curiosamente hoy en la iglesia del pueblo hemos visto una boda (con dron incluido :O ).

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Y de allí hemos llegado a Messina. Lo más bonito es ver la Calabria al otro lado, pues sólo unos tres kilómetros separan Sicilia de la península. Sin embargo, a primera vista la ciudad no nos ha gustado nada. Entrando, en medio del atasco, nos ha parecido fea y gris. Sin embargo, más tarde, ya en el centro, paseando tranquilamente, nos ha impresionado por sus avenidas, algunos edificios bonitos y, sobre todo, su gran ambiente. ¡¡Mucha marcha en Messina!!. Y después de cenar y dar un paseo, hemos venido al barco, para descansar un poco mientras nos devuelve a nuestra vida como romanos. Aún queda mucho pendiente por ver en Sicilia, pero de lo que hemos visto durante estos días, sólo puedo decir cosas buenas.

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Sicilia 7: Taormina

Parece mentira, pero ya llegó mayo. Y nosotros comenzamos este nuevo mes en Taormina, visitando su castillo saraceno. Bueno, en realidad no, porque cuando llegamos arriba descubrimos que el castillo estaba cerrado por reformas…¡desde 1997!. Pero aún así, la subida hasta Santa María della Rocca mereció la pena, sobre todo por las vistas del pueblo y también de toda la Bahía de Naxos.
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Después nos acercamos hasta el Teatro Griego que, aunque de griego ya apenas conserve nada, es un lugar idílico sobre todo por su posición, con el Etna a un lado y toda la costa al otro. Es un lugar maravilloso, donde además se han rodado gran cantidad de películas.

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Y después de dar un paseo por el pueblo y tomar un granizado (del que ya os hablaré convenientemente en la sección “gastronómica” de Sicilia), volvimos un ratito a la playa. Las playas de Taormina tienen un agua cristalina y fresca, en su contra cabe decir que son de piedrecillas y que son todas (o casi todas) de pago, dejando sólo la parte libre a los trozos más rocosos o al mismo lugar donde atracan los barcos.

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Por la tarde, ya de vuelta a casa después de la playa tomamos la que probablemente ha sido la peor decisión de todo el viaje hasta el momento: visitar Castelmola que es un pueblo colgado por encima de Taormina, a apenas un par de kilómetros, y que tiene las que probablemente son las mejores vistas del Etna y también de toda la Bahía y que además, molar mola. Pero ha coincidido que hoy había un festival de rock y el pueblo estaba tan a rebosar que al final hemos tenido que cenar en un restaurante panorámico con vistas a una maravillosa pared en el que hemos tenido que esperar una hora y media a ser servidos. ¡Una pena!
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Y mañana ya se acaba este viaje, de nuevo al barco, a Roma y a la rutina. Pero aún nos quedan horas para disfrutar y para seguir contándolo.

Sicilia 6: Etna(2) y Taormina

Lo bueno de dormir en las faldas del Etna, en el Refugio Sapienza, es que si quieres subir al cráter puedes hacerlo tranquilamente, antes de que la horda de autobuses furibundos lleguen dispuestos a tomarlo todo. En general la subida al Etna es fantástica, aunque a mí este tipo de actividades me crean dudas éticas sobre como somos capaces de utilizar la naturaleza a nuestro antojo, a veces para beneficiarnos de ella con el fin de sobrevivir y otras veces simplemente para hacer caja. En fin…la cuestión es que maridísimo, porque él lo vale, subió andando desde los 1.980 metros del Refugio Sapienza hasta un poco más arriba de los 2.925 metros donde se sitúa la Torre del Filósofo. Yo, aprovechando la excusa de los niños y el 30% de descuento que me hicieron en el hotel, cogí el pack de funicular y autobús todoterreno (aún así casi 50 euros). 

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Mientras subes, hay muchísima nieve por el camino y una vez arriba, hay que abrigarse muy bien, pues el viento sopla fuerte. Lo mejor es que puedes dar una vuelta alrededor de uno de los cráteres y ver muchos otros, entre ellos el cráter principal, donde se ven las fumarolas y manchas de colores. Entre lo bueno también las vistas de gran parte de la isla de Sicilia. Lo peor, pues la cantidad de gente y la sensación que os he descrito antes de fomentar un negocio que al final prostituye el planeta. Pero bueno…seré yo.

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La experiencia aún así es muy buena, excepcional. Aunque en cuanto hemos bajado hemos salido huyendo de los puestecillos de souvenirs y de los bares buffet. y, en una hora más o menos, hemos llegado a Taormina, un pueblo muy turístico, pero precioso por su disposición, sus vistas, sus calles…Nada más llegar hemos dejado las cosas en el B&B Dionisio y nos hemos ido corriendo a la playa de la Isola Bella. Un lugar precioso de aguas cristalinas, donde hemos estado hasta que la sombra nos ha empujado de nuevo hacia el albergue. Mañana más. 

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Sicilia 5: Catania y Etna (1)

Esta mañana en unos 45 minutos hicimos el trayecto Siracusa-Catania. Hasta el momento nos había sorprendido que la leyenda “negra” que corre sobre Sicilia en cuanto a su forma de conducir y a su caos, no se había cumplido. Tal vez es porque venimos de Roma y, antes de eso, de Madrid. Así el listón de la mala conducción y del caos lo tenemos bastante alto. En fin…en todo caso llegamos a Catania y la cosa ya comenzó a parecerse a lo que esperábamos: cruces infernales, semáforos orientativos y muchos cláxones, aunque nada demasiado escandaloso. Catania es una ciudad curiosa y, aunque no la recomendaría más que para un rato, o como centro de operaciones para desde allí moverse por los alrededores, un paseo sí que se merece De hecho nosotros hoy caminamos por el antiguo anfiteatro romano (que está en su mayoría oculto bajo las nuevas construcciones), la Catedral, el Elefante (que es el símbolo de la ciudad) y, sobre todo, lo más impresionante: el mercado del pescado.

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Después de comprar algo de fruta en el mercado, nos fuimos a dar un paseo por la ciudad y sus cercanías en el autobús descapotable (que los pequeñitos también tienen derecho a elegir de vez en cuando). El viaje sale de la Piazza del Duomo y dura una hora y media aproximadamente. Y además de pasearte por los principales monumentos de la ciudad, te lleva hasta playas de arena negra, donde puedes dar un paseo. También nos enteramos de que si Catania sigue en pie es por el empeño de su gente, pues ha sido destruida hasta ocho veces por las erupciones del Etna y el terremoto del que os hablé el otro día que en 1693 afectó al Valle del Noto, fue especialmente aciago con esta ciudad, pues mató a 16.000 personas de las 20.000 que en ese momento vivían en Catania. ¡¡Asombroso!!

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Ya de vuelta a la Piazza del Duomo, hemos tomado un helado y hemos dado un paseo por el Parque Bellini que, según dicen por aquí es el parque más grande de Europa, aunque no sé si creérmelo, porque también dicen que el Etna es el volcán más alto de Europa y ¡claro!, eso sería cierto si consideran que las Canarias no son europeas, pues el Teide está 500 metros por encima del Etna. Y aquí estamos ahora, en el Refugio Sapienza, a casi 2.000 metros de altura, en las faldas del Etna, con los forros polares preparados para ver si mañana podemos hacer una pequeña ascensión hasta casi los 3.000. ¡¡Espectacular el paisaje de lava negra, fantástico todo esto!!

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Sicilia 4: Siracusa

Hoy estuvimos todo el día en Siracusa, me sigue pareciendo una ciudad excepcional y la sensación que me da es de gran seguridad, aunque he de reconocer que, hace un rato, mientras atravesábamos el entramado de callejuelas de camino a nuestro hotel (B&B Resalibera) que está en plena isla de Ortigia, algunas imágenes de “Gomorra” han venido a mi memoria. En todo caso, el albergue está muy bien situado para visitar todo aquello que te apetezca y más. Por ejemplo esta mañana fuimos a la Neápolis, aunque fue un poco decepcionante, pues al hecho de que el teatro romano estuviera cerrado por mantenimiento y el teatro griego tapado con maderas por la próxima representación de una obra, se unió la (mala) fortuna de tener que visitarlo todo rodeados de cientos (sin exagerar) de estudiantes bastante alterados. Esos estudiantes a los que ya van aleccionando desde pequeños, recordándoles, por si en casa no han sido lo suficientemente puntillosos en la enseñanza del orgullo patrio, que todo lo italiano es lo mejor (“como estos limones, que todos sabemos que son los mejores del mundo”). En fin…menos mal que pudimos ver las canteras de las que sacaban las rocas para sus construcciones hace casi veinticinco siglos y, sobre todo, la oreja de Dionisio, una cueva artificial que, según la leyenda, la creo el propio Dionisio como prisión, puesto que, por la formidable sonoridad de la misma, podía escuchar los secretos de los presos.

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Después estuvimos poniéndonos un poco las botas, ya sabéis de nuestro gusto por la buena comida y, aún nos dio tiempo a descansar un rato, antes de ver atardecer mientras dábamos la vuelta a la isla, paseando junto al mar, para a última hora de la tarde volver a perdernos por las calles de la ciudad y terminar sentándonos a tomar algo.

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Otra cosa que tampoco os he contado es sobre el siciliano, la lengua me refiero. Ayer, creo que fue en Módica, escuchamos una conversación, de balcón a balcón, en siciliano y…me sentía como una tía de Kentuky que ha estudiado español en el colegio con los vhs del “speak up” en mejicano y, de repente se ve en Palma del Río, con sus cuarenta grados a la sombra y todo. Resumiendo…¡¡que ni una palabra pillé!!
Y de despedida de la ciudad os dejo unas imágenes de algunos de los comercios que más me han gustado, algunos muy originales, otros más tradicionales, como las marionetas sicilianas (pupis, paladines) y también los más elitistas, como los productos de belleza de la marca Ortigia Sicilia.

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Sicilia 3: Modica, Noto y Siracusa

Y en el día de hoy hemos seguido con el Valle de Noto, la zona del barroco siciliano. Ayer al final no os conté que en Sicilia estuvieron durante varios siglos los españoles y muestra de ello es la importancia de San Jorge en su iconografía, el estilo barroco que ellos llaman “siciliano-catalán”, la imagen del águila – emblema del príncipe aragonés – en los escudos de los edificios y también algún vestigio gastronómico como por ejemplo la empanada, la primera vez que la veo en Italia.
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De Ragusa a Modica hay sólo unos quince kilómetros y la verdad es que es un pueblo muy interesante, construido como en cascada, pues hay que cansarse de subir y bajar escaleras para visitar todos sus palacios y sus iglesias. Destacan especialmente sus dos catedrales, la de “abajo” San Pietro y la de “arriba” San Giorgio. Ambas muy bonitas.
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Aunque también hay algunos palacios excepcionales y la iglesia de San Giovanni que está en lo más alto del pueblo, justo al lado de un mirador desde el que tienes toda Modica a tus pies.
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Finalmente tuvimos que recuperarnos del desgaste, probando los exquisitos chocolates de la Antica Dolceria Bonajuto: de naranja, vainilla, gingseng, con todos los porcentajes de cacao habidos y por haber y también todos los orígenes (muy rico el de Perú). Y es que el chocolate es otra de las cosas por las que es conocida Modica, aunque en realidad es otro de los legados que dejaron los españoles, aunque aquí lo hacen con una técnica en frío que consigue que puedas morder los trocitos de azúcar y del sabor que acompaña al chocolate al tiempo que te inunda el sabor del cacao. No sé, muy muy buenos.

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Desde allí nos fuimos a Noto. Tardamos unos cuarenta minutos en llegar. Noto es un pueblo patrimonio de la humanidad. Más turístico que los otros, está tan cuidado que parece un escenario. Nos subimos al campanario de una de sus iglesias para poder apreciar bien toda su belleza. Lo cierto es que todos estos pueblos que hemos estado visitando (Ragusa, Modica y Noto) sufrieron en enero de 1693 un terrible terremoto que prácticamente las destrozó y por eso parte de sus edificios fueron total o parcialmente reformados posteriormente. Aún así son fantásticos.

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Desde Noto, en poco más de media hora, incluyendo el atasco, llegamos a Siracusa, a la isla de Ortigia, el centro histórico. Es un lugar maravilloso. No creía que me fuese a gustar tanto. Aunque el tiempo, que hasta el momento había sido maravilloso, se estropeó un poco y comenzó a refrescar y a nublarse, no puedo decir nada malo del sitio. Mucho encanto, unas calles espectaculares, un comercio original y creativo, poco turismo y algo mágico en el ambiente. Os dejo la plaza del Duomo para ir abriendo boca. Mañana más.

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