Toscana 2- Lucca y Pisa

Seguimos nuestro periplo por la Toscana, hoy con un día algo nublado e incluso, por momentos, lluvioso, aunque cálido y agradable en general. El paisaje es muy verde y me transmite energía positiva (una que es medio silvestre). Además, hoy visitamos Lucca, una gran desconocida. Por lo menos para mí lo era. Sólo investigando sobre la Toscana, leí sobre esta pequeña ciudad medieval, que también se caracteriza por sus torres. Sólo un consejo, especialmente dedicado a aquellos que tengan a su cargo a un kamikaze aspirante a Supermán de aproximadamente un metro de altura…¡¡¡hay torres a las que conviene no subir!!!!. Porque después de la experiencia no apta para cardiacos de ayer en la torre de la Catedral de Siena (no tiene vallas), hoy subimos a la Torre Guinigi de Lucca, que tiene un pequeño jardín de encinas seculares en su parte superior, y unas vistas preciosas del pueblo, pero que, aunque tiene vallas, con tanta rama, tampoco es que resulte una experiencia tranquila si uno viaja con el koala de turno.
Por lo demás, como decía, Lucca es una ciudad fantástica. Tiene unas murallas medievales que encierran todo el conjunto histórico y que, además de permitir dar un paseo de lo más agradable a lo largo de unos cuatro kilómetros, están muy bien conservadas. También hay varias Iglesias románicas y góticas increíbles, como la Catedral de San Martín, la Iglesia de San Miguel o la Basílica de San Frediano. Sin olvidar una plaza circular que llama la atención.
Y para no cansaros más con mis apreciaciones de “listita-turistita”, sólo comentar que igual que la gasolina es bastante cara (entre 1.60 y 1.90 el diesel), las autopistas me parece que no están nada mal y son bastante asequibles (además se puede circular a 130).
Para terminar la jornada, a primera hora de la tarde hemos llegado a Pisa y hemos visitado lo “clásico”, aunque debo señalar que el pueblo tiene más cosas que ver y, sobre todo, varias calles con mucha animación y comercio. Volviendo al tema de las torres, resulta que a la famosa Torre inclinada de Pisa no dejan subir a los menores de ocho años (no sé si añadir “afortunadamente”), así que hemos hecho promesa familiar para volver dentro de cuatro años.
Finito per oggi. Domani piu.

PISA

Toscana 1 – Siena y San Gimignano

El colofón a un día fantástico no ha sido precisamente brillante, y en este preciso instante estoy bastante rebotada con el sistema y pensando en cómo conseguir la instancia para darme de baja en todo este sinsentido que hemos creado, así que me resulta un poco difícil volver a retomar las sensaciones que te deja la Toscana en los cinco sentidos, pero lo voy a intentar…respiración profunda, apnea, mente en blanco y…¡¡a por ello!!.
Esta mañana nos levantamos en Siena, pero en la otra Siena, la moderna, la que no difiere demasiado de cualquier ciudad mediana de cualquier país europeo. Porque como pasa en tantas otras ciudades monumentales, hay dos Sienas en una. La que indudablemente hay que visitar, es la gótica, la que te trasporta a otra época, entre los SXIII y  SXIV, cuando vivió sus mayores momentos de esplendor. La que de entrada te impresiona con su torre y con la fachada de su catedral. 
Exterior de la Catedral de Siena.
Exterior de la Catedral de Siena.
Que además, tiene un interior que apabulla: Las columnas en dos colores (el negro y el blanco – los que representan la ciudad), el altar mayor, el púlpito – que a mí me ha parecido una joya -, los suelos – que normalmente están tapados, pero que durante un par de meses al año son exhibidos y  que narran tanto la vida de importantes personajes bíblicos, como las virtudes cardinales o símbolos de la ciudad -, además de la librería o el baptisterio. Yo no sabía a dónde mirar. Aunque también es cierto que hay momentos en que te sientes un poco “maltratado”, porque los vigilantes te chillan, te riñen, te espolean para que vayas más rápido o más lento, según sean las necesidades, pero a ti te da igual, porque para entonces, tú ya estás viviendo otra vida en otra época.
Librería Piccolomini
Librería Piccolomini
Además en Siena está la Piazza il Campo, una plaza enorme – en la que destacan la Fonte Gaia y el Palacio Público (Ayuntamiento) – donde hemos pasado un buen rato comiendo productos típicos, gritando “Auguri” y aplaudiendo a unos recién casados, jugando y viendo el desfile de blasones locales (lo que comprenderemos mejor cuando vengamos al “Palio” en julio).
Vista de Siena. A la izquierda la Piazza il campo, con la torre del Palacio Público.
Vista de Siena. A la izquierda la Piazza il campo, con la torre del Palacio Público.
Pero, de fondo a toda esa belleza creada por los hombres, está el paisaje verde y ocre de la Toscana, que se extiende interminable, llevándote a través de sus arboledas y de sus vides hasta otros pueblos maravillosos, como San Gimignano que me ha ganado desde el primer momento. La llaman la ciudad de las bellas torres o el Manhattan del Medievo, porque es una localidad en la que llegaron a levantarse 72 torres, de las que aún quedan en pie y en perfecto estado de conservación, nada menos que 15.  
Torres en San Gimignano.
Torres en San Gimignano.
Pero como os decía, a mí me ha gustado desde el principio porque, pese a la gran cantidad de turistas, conserva algo de ese ambiente auténticamente medieval, con las calles llenas de músicos, pintores y artistas en general, lo que te permite perderte aún más. Además, cuando ya nos íbamos – empezaba a atardecer y ya se necesitaba alguna prenda de abrigo – ese olor característico de la madera quemada en chimenea ha empezado a extenderse por las calles a modo de despedida.
Calle principal de San Gimignano.
Calle principal de San Gimignano.