Città di Castello

Hoy es San Pedro y San Pablo, día festivo en Roma. Por eso me he ido lejos de Roma para despedirme también de Italia. Y así llegué hasta Città di Castello, a un par de horas de la capital, un pueblo de la Umbría profunda donde nació Monica Belluci que seguro que os suena más que la beata Margherita o que Alberto Burri un artista contemporáneo que también nació en esta ciudad, que aún conserva mucho de su pasado medieval. Cabe señalar varios palacios, un par de torreones, la catedral, el palazzo comunale y la pinacoteca (la tercera más importante de Umbria), además de un par de plazas interesantes como la de Fanti o la de Matteotti.
Después de esa parada técnica que además aproveché para comer, llegué (por una carretera de montaña) hasta Urbino, un pueblo que tenía pendiente desde hace mucho, la ciudad donde nacieron entre otros Rafael y Bramante y que me dejó impresionada por su fascinante belleza. Aunque he de reconocer que cuando llegué a Urbino, ya cansada del viaje, me dejé seducir por los paisajes y la piscina del hotel donde me alojaba…juzgad vosotros 😉

 

Parque de los Monstruos y lago Vico

Ayer nos acostamos sin tener planes del todo claros para este último sábado de septiembre, pero hoy la mañana soleada nos ha iluminado y hemos decidido emprender camino hacia la frontera entre las regiones de Lazio y Umbria, a una hora aproximadamente de Roma. Primero hemos ido al Parque de los Monstuos, también conocido como el Bosque Sagrado de Bomarzo, que es un lugar sobrecogedor, debido a sus figuras fantásticas y desmesuradas, talladas en la roca volcánica propia del lugar o plantadas entre los árboles. Todo te remite irremediablemente a otro lugar (Camboya por ejemplo) y a otro tiempo, quizá al S.XVI, que fue cuando lo mandó construir el duque Pier Francesco Orsini como un homenaje a lo oscuro y a lo innombrable, a esos monstruos que torturaban su espíritu después de la muerte de su mujer. El jardín tuvo que ser más que estrafalario en su momento, acostumbrados a los jardines racionales y delicados de la época, así que no debieron ser nunca muy apreciados y cayeron en el abandono tan pronto como murió el duque. En el edificio central aún pueden verse fotos de principios de este siglo con las ovejas pastando entre las figuras totalmente cubiertas de vegetación. De hecho no fue hasta mediados del S.XX cuando la propiedad fue comprada y recuperada por la familia Bettini. Gracias a ellos ahora podemos entrar en la boca de un ogro, ver a un elefante arrollar a un soldado romano, alucinar con colosos de cuatro metros luchando entre sí, admirar dragones, mujeres postradas, grandiosas sirenas, incluso entrar en una torre inclinada que no sé por qué motivo provoca una sensación de vértigo y de mareo que aún me dura un poco cuando lo pienso :). Y mientras paseas, tratando de descubrir la siguiente figura, las frases enigmáticas te persiguen: “Todo pensamiento es fugitivo”, “Sólo para desfogar el corazón”, “Vosotros que vais por el mundo errantes, tratando de ver estupendas maravillas, venid aquí, donde están los rostros horrendos elefantes, leones, osos, ogros y dragones”. Y es verdad que todo eso y más puedes encontrar en este parque, donde el único edificio medio normal es el mausoleo, en medio de un campo verde, dedicado a Giulia Farnese, la mujer de Orsini. 
Y después del paseo por el parque de los monstruos, hemos ido a alimentar el cuerpo con un buen plato de pasta y un tiramisú y más tarde, entre pueblos encaramados en lo alto de una colina, como Mugnano, hemos llegado hasta un lago de origen volcánico y de nombre Vico donde nos hemos bañado justo cuando el cielo comenzaba a teñirse de rosa. Muy bonito Vico, un lugar al que seguramente volveremos para seguir explorando y seguir, como siempre, contándolo.

 

 

Umbría: Perugia, Asis, Spello y Foligno

Nos despertamos en Perugia y después de desayunar, como los campeones, salimos a dar un paseo por esta ciudad que aún a la luz del sol (y hoy lo hacía de verdad) mantiene intacto su encanto.
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Y partimos rumbo a Asis que está a apenas veinte minutos. Debo confesar que nunca tuve gran interés en ir a Asis, hasta que los genitori, que pasaron por allí en una de sus visitas, me dijeron que les había sorprendido más que agradablemente. Así que programé una pequeña parada en Asis durante este viaje, parada que al final hemos alargado, puesto que, al menos a mí, me ha gustado muchísimo más de lo que esperaba.
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Y es que Asís tiene mucho más que la Basílica Papal de San Francisco, aunque el pueblo, eso sí, está en gran parte restaurado, pues sufrió dos grandes terremotos en los años 90. Para ser fiel a la verdad, la parada en Asis se ha alargado debido a un mercadillo navideño, con atracciones, que nos ha tenido entretenidos un buen rato, disfrazándonos de duendes y de Babo Natale (Papá Noel) para posar en un photocall…¡¡bienvenidos a Nunca Jamás y al jardín de los niños perdidos!!
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Después de comer, teníamos otras dos visitas pendientes: Spello y Foligno. Como Spello estaba antes, allí hemos parado. El pueblo, como casi todos los de Umbría, se levanta color arena sobre una colina. Es un pueblo más pequeño y menos espectacular, pero que sin embargo también nos ha gustado mucho, porque dentro de su sencillez, tiene unas bonitas vistas y un agradable paseo.
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Sin hablar de su producto más típico: el coglioni di mulo que ya os digo que no se trata de aquello a lo que remite el nombre, puesto que es en realidad una especie de salchichón, con un trozo de panceta por el centro.
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Ya no hemos parado en Foligno, pues o no hemos sabido encontrar lo más espectacular del pueblo o nos parecía que en comparación con lo que ya habíamos visto no merecía tanto la pena…bueno eso y que estábamos cansados ¡claro!. Así que, hemos seguido camino a Roma a donde hemos llegado con una hora de retraso, la misma que hemos estado parados para hacer cuatro kilómetros por culpa de un puñado de cantos que interrumpían todo un carril de la autovía…¡¡esto es Italia!!. Así que para terminar, me quedo con las vistas de Asis desde el mirador de Spello.

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Umbría: Gubbio y Perugia

Ya a punto de dormir en un hotel de Perugia, después de haber pasado un día corto, pero intenso recorriendo parte de la región de Umbría. El día ha sido corto por dos motivos, primero porque los días en esta época del año, aunque siguen teniendo 24 horas, apenas tienen luz y eso dificulta bastante la tarea de viajar y descubrir, y segunda por viajar con cuatro personas, de las cuales, a las dos más altas, es difícil espabilarlas a primera hora de la mañana.
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Pero afortunadamente ha sido, como digo, muy intenso porque hemos tenido la oportunidad de conocer Gubbio y reencontrarnos con Perugia, ciudad que ya visitamos el año pasado con motivo de la feria del chocolate y pasar un poco de frío que, aunque no guste, ya venía siendo necesario a estas alturas del año.

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Gubbio es el pueblo donde se grabó “Don Mateo”, esa serie que igual habéis visto alguna vez, sobre un cura muy listito, Terence Hill, que resuelve asesinatos. La serie no sé si siguen echándola, pero al menos este verano la emitían diariamente en doble horario en La2.
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La cuestión es que a mí el pueblo me ha encantado, más a primera hora, pese a la llovizna, que ya a media tarde, cuando de repente oleadas humanas han salido a tomar las calles (nosotros incluidos ¡claro!). Pero el pueblo como os digo me ha parecido precioso. Su plaza principal con el impresionante Palacio de los Cónsules, enfrentado al Palacio Pretorio, que forman, junto al Palacio Ducal, un borgo medieval de visita más que recomendable.
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Además aprovechando las fechas había un Belén viviente, grandes figuras que iban adornando cada callejuela, que tenían su colofón con el misterio que estaba a las puertas de la catedral.
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Gastronómicamente, destacaban dos cosas, las trufas blancas y también las negras que condimentaban la mayoría de los platos de pasta de los restaurantes y la crescia que se vendía en la mayoría de los puestos callejeros y que no era otra cosa que una especie de pan poco fermentado, una especie de pita gigante y con algo más de miga, relleno tanto de salado (salchicha) como de dulce (nutella). Me he quedado sin probarla, pero en pendientes la dejo para próximas ocasiones.

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Eso sí, hoy parece que no teníamos la magnetorrecepción a tono y no hacíamos más que perdernos, así que nos ha costado casi hora y media recorrer los escasos 40 kilómetros entre Gubbio y Perugia. Pero al final, pese a todo, hemos tenido tiempo de llegar a Perugia, encontrar (a la tercera) un hotel en pleno centro por un precio módico, pasear por las calles del centro, ya engalanadas con las típicas luces de colores navideñas, visitar un mercadillo artesano, cenar unas pizzas y patinar en la pista de hielo al aire libre, antes de llegar a este momento en el que creo que os debo decir ya “buenas noches”.

Orvieto

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Estas fotos son en Orvieto, un pueblo que está a, aproximadamente, una hora de Roma, ya en la región de Umbria. Desde mi punto de vista, de todos los pueblos que he visitado hasta el momento por la zona, éste es el menos decadente.  Yo lo recomiendo fervientemente como excursión de un día fuera de Roma, porque tiene unas vistas fantásticas, enclavado como está en el cortado de una colina a casi 400 metros de altura. Además, no le faltan atractivos culturales, pues tiene una catedral – bastante parecida estéticamente a la de Siena – con una fachada espectacular y un interior que no le va a la zaga, con varias capillas de las que te dejan con la boca abierta (una de ellas pintada por Fra Angelico en el SXIV). 
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A la lista de intereses puedo añadir  una fortaleza, un par de pozos, (al de San Patricio de 62 metros de hondo y 14 metros de ancho hemos bajado), y muchas grutas que conforman el otro Orvieto, en este caso subterráneo. Esto a modo de resumen, pues podríamos sumar también las torres medievales, los palacios, las iglesias…

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Es muy agradable pasear por sus calles, en las que te sientes felizmente trasladado, y en las que puedes encontrar tanto un momento de retiro (si te alejas un poco de las zonas principales), como gran animación, pues es un pueblo donde mucha gente va a estudiar italiano y donde los “romanos” van a pasar el fin de semana. Así hay cantidad de comercio variado, tiendas de productos típicos, bares y restaurantes. Y ahí llegamos a ese punto que me vuelve loca…la gastronomía.
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Entre lo típico de la zona destaca la trufa negra, la carne de jabalí y la polenta. En cuanto a la pasta típica del pueblo se llama umbricelli y son una especie de espaguetis gruesos, en forma de nudo y hechos a mano. Por cierto…¡¡todo delicioso!!  
Como digo, un sitio muy recomendable.

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Lugnano in Teverina

Hacía ya más de un mes que no teníamos un fin de semana soleado y caluroso. Hoy por fin ha sucedido y, afortunadamente, ha coincidido con una salida al pequeño pueblo de Lugnano in Teverina. El pueblo, que tiene unos 1600 habitantes, se encuentra en la región de Umbria, a poco más de una hora de Roma en dirección Florencia.

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Cierto es que cuando no sabes a donde vas, ni lo que te vas a encontrar, es mucho más fácil que todo te sorprenda, pero la verdad es que el día de hoy ha estado lleno de momentos agradables. Desde el propio pueblo, que pinta de ocre y gris toda una colina, hasta la casa a la que nos han invitado, un palacio que estaba en pleno proceso de renovación, pasando por supuesto por el lugar a donde hemos ido a comer, un centro de agroturismo con unas vistas increíbles a la verde campiña de la Umbría (http://www.poggiodelbolognino.it)
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Incluso los anfitriones – a los que apenas conocíamos, pues la razón que nos ha llevado hasta allí ha sido un compromiso del ojazos, que tiene más vida social que nosotros – eran gente súper interesante, de los que a mí me dejan simplemente sin palabras, pues ¿qué les puedo aportar yo a James Bond y a su musa (:))?

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Bromas aparte, el lugar es un típico pueblo italiano,  no es que sea especialmente monumental o diferente a otros, pero es uno de esos con los que uno siempre sueña con perderse durante algún tiempo o donde se imagina celebrando una gran fiesta rodeado de toda su gente. Un sitio que podría identificarse con la slow life que todos tanto echamos de menos. Un lugar al que sin duda, volveremos para disfrutar durante algunos días de sus calles, sus paisajes, sus lagos y su comida.

Perugia

Ya tocaba salir de Roma, incluso de Lazio (la provincia)…y así ha sido como esta tarde hemos llegado hasta Umbría y más concretamente hasta su capital, Perugia, que no era nuestro destino final, pero que merecía una parada, sobre todo después de enterarnos de que hoy comenzaba el Euro chocolate 2013. Euro chocolate es una feria que dura unos nueve días y que se lleva celebrando en Perugia desde hace más de veinte años. Numerosos puestos, todos en torno al chocolate – caliente, frío, de colores, de sabores, con frutos, con frutas – se extienden por las maravillosas calles del centro de esta ciudad histórica, llena de estudiantes de los cinco continentes y de muchos edificios hermosísimos, testigos, a lo largo de los siglos, de la historia de esta otra ciudad eterna.
Palazzo dei Priori - sede del gobierno comunal en Perugia.
Palazzo dei Priori – sede del gobierno comunal en Perugia.
Euro chocolate 2013 - Perugia
Euro chocolate 2013 – Perugia
Perugia es la ciudad del chocolate en Italia desde que en 1907 se fundó la compañía Bacio de Perugina y comenzaron a comercializar los famosos Baci (Besos), que van envueltos en ese papel plateado y azul tan característico y que son ya un símbolo del país. Aunque hoy en día la empresa Bacio es una filial de Nestlé, sigue vinculada a esta pequeña ciudad del centro de Italia.
Pero aunque hoy nuestra visita ha sido básicamente chocolatera, sé (de oídas) que no sólo de chocolate vive el hombre y Perugia bien merece una visita más larga, porque su centro histórico se encuentra en lo alto de una colina (hay escaleras mecánicas para subir) y desde la zona más monumental se ven hermosas vistas del paisaje.
Vistas desde Perugia.
Vistas desde Perugia.
Además, la zona más interesante para visitar es muy pequeña, pero no deja indiferente. Al menos no a mí. Y es que para llegar a la plaza principal – una vez dejadas atrás las escaleras mecánicas – subes por una cuesta, que deja a ambos lados calles muy estrechas, que en algunos casos terminan en arcos o en pequeños rincones reseñables, todo ello con adoquines y preciosos edificios de piedra, además por el camino hay muchas tiendas artesanales, y todo esto sin olvidar la luz, esa luz que en el atardecer de un día soleado como hoy, hace que la ciudad tenga un romántico encanto medieval. 
Pero para los que sois chocolateros como yo (y los míos), no puedo dejar de colgaros alguna foto para poneros los dientecitos largos. Y es que nosotros nos hemos ido con una gran sonrisa de Perugia, llevándonos con nosotros más de kilo y medio de este riquísimo chocolate…y con ganas de volver a descubrir todos sus rincones.
Chocolates en Perugia.
Chocolates en Perugia.