Piamonte y Valle d’Aosta: Gastronomía

Una vez más os dejo algunos pequeños detalles de la comida y la bebida que hemos catado en nuestro viaje por Piamonte y Valle d’Aosta. Nada que objetar…todo espectacular. Empezamos con lo habitual, porque en estas dos regiones italianas se bebe vino y se come…pasta. Vamos, lo normal. Así que os dejo para comenzar unos vinos de la zona de Barolo, una pasta pomodoro y parmiggiano, culurgiones con mantequilla, menta y mojama (ambos de Turín) y tagliatelle al capretto (que nos dieron en Monte Bianco).

 

Después seguimos con la carne, muy típica de estas dos zonas…entrecotte a la piamontesa con queso azul de Aosta, la Carbonade (que es el estofado típico y que normalmente está acompañado de polenta, pero que en esta ocasion nos dieron con espinacas y puré de patatas) y el cabrito asado (que nos dieron en Barolo).
Dejo también un plato de verdura con queso Fontina (típico de Aosta), por lo de haceros creer que somos gente sana y tal 😉

20170420_200314

Y por último comparto los postres más típicos, como la panacotta con pudding de turrón (que nos dieron en Barolo), el tiramisú (de Turín), el tortino al ciocolatto (de Monte Bianco) y, por supuesto, los súper deliciosos e imperdibles chocolates calientes turineses, como estos de Guido Gobino (enfrente del Museo Egipcio de Turín) y que eran clásico, fondente, con sabor a naranja y granizado de chocolate y limón.
Y para terminar (ahora sí que sí) los productos típicos de la zona, como las avellanas y las trufas típicas de la zona de Barolo y los licores de tabaco y miel de Aosta (que iban de 22º a 55º y que yo no pude probar, porque tengo un límite en los 12º del vinos).
Y después de este banquete, con licor y puro, os dejo ya hasta el primero de mayo, porque he cogido carrerilla y me voy unos días a ver a la familia 🙂

Valle d’Aosta 2: Monte Bianco

Ya de vuelta en Roma después de más de ocho horas en el coche (760 kilómetros con una parada en Torino para recoger unos zapatos que nos habíamos dejado y otra en Florencia para comer) os cuento nuestra jornada de ayer…
Salimos temprano del hotel en Aosta (bueno, vale, no tan temprano) con dirección a Courmayeur, donde está el Funivía Skyway que sube hasta el Monte Bianco o Mont Blanc (según desde que lado lo mires). Os cuento que el funivía cuesta un pastizal, ahora, si merece o no la pena lo tiene que decidir cada uno. A nosotros nos ha gustado mucho estar allí, a esa altura y rodeados de toda esa belleza tan espectacular.
Después bajamos y fuimos a Entreves a comer. Allí el camarero muy amablemente – además de cobrarnos otro pastizal por un par de platos de pasta – nos indicó algunas rutas preciosas para hacer por la tarde. Así fuimos hasta Val Ferret que, tal y como nos habían dicho, es uno de los paisajes más bonitos de la zona, con toda la cadena montañosa a un lado y un bonito bosque al otro y sobre todo si, como ocurre en este momento del año, queda aún bastante nieve, pero el sol lo ilumina todo. Una maravilla. Después fuimos, ya en coche, a pasear por Courmayeur – es bonito y tiene bastante comercio, con lo que se le supone bastante animación durante las temporadas altas de invierno y verano, pero no en una jornada de diario y a apenas una semana del fin de la temporada de esquí – y después hasta Verrand, un pequeño pueblo en el que no viven más de 60 personas y que no tiene nada de comercio, pero sí que tiene muchas casas iguales de piedra que destacan sobre el paisaje montañoso. A esas horas ya el cansancio podía con nosotros, y aún nos qudaba más de media hora de coche para volver al hotel, así que decidimos volver tranquilamente a descansar y recordar los fantásticos paisajes.

Valle d’Aosta: Aosta y P.N. Gran Paradiso

A poco más de una hora de Turín está la región más pequeña y menos poblada de Italia, con menos de 130 mil personas, Valle d’Aosta es una región muy singular que tiene además un estatuto de región autónoma especial, porque este pequeño valle es casi una fusión entre Francia e Italia. Y, aunque la región se unió a Italia cuando se formó este país durante el S.XIX, siempre ha sido objeto de presión política. Por ejemplo durante el fascismo de Mussolini se llevó a cabo una italianización de la zona, con más horas de italiano en la escuela y con medidas para favorecer la llegada de italianos y la salida de valdostanos hacia Francia y Suiza. También, tras la Segunda Guerra Mundial, Francia solicitó la anexión de este valle a sus territorios. Es una pena ese afán colonizador que (casi) todos llevamos dentro, porque la riqueza cultural de esta región reside sobre todo en la capacidad de sus ciudadanos de hablar indistintamente varios idiomas como el italiano, el francés y una versión del provenzal que se llama patois, y de hacer de la misma manera suyo lo mejor de la gastronomía e interpretar de una manera propia cada rasgo de las culturas que les influyen por cercanía. Pero bueno…al grano.
Aosta es una ciudad pequeña de origen romano, que presenta huellas de aquella época en monumentos como el Arco de Augusto, la Porta Praetoria o la muralla. Pero que también tiene otros lugares de interés como la Catedral, la Plaza Chanoux o la Colegiata de Sant’Orso. Aunque lo más impresionante de Aosta no lo ha hecho el hombre, pues son las montañas que rodean la ciudad y que todas superan los 3000 metros. Impresionantes.
El Parque Gran Paradiso, que funciona como Parque Nacional desde 1922, es el más antiguo de Italia, y antes fue coto privado de caza de los Saboya. No me extraña pues hay gamuzas, águilas reales, marmotas y también íbices, que son un tipo de cabras montesas símbolo del parque y que hemos tenido la suerte de ver saltar a sólo unos pocos metros de nuestros ojos mientras hacíamos un par de rutas muy chulas por el parque. Por la mañana, aprovechando la jornada soleada, aunque algo fría, fuimos en coche hasta Cogne y allí aparcamos y comenzamos una ruta de montaña que circundaba el pueblo desde las alturas (una hora y media en total más o menos), desde allí hicimos otra ruta, la de la cascada de Lilac, que es una maravilla, porque además de que la cascada está aún helada, se puede ascender por un sendero que nos lleva a un mirador desde el que puede verse la cascada desde lo alto. Esta ruta dura más o menos una hora desde el pueblo, caminando junto al río (y otra para volver). Después de comer de picnic, volvimos al coche para adentrarnos en el parque y acercarnos hasta Valnontey, donde hicimos otra pequeña ruta (ésta más corta) entre las montañas. Muy recomendable este Parque Naatural al que el nombre le va que ni pintado.