Las niñas

Hoy son siete las niñas de diferentes orígenes que duermen en mi casa. Y aunque la foto diga lo contrario (parece mentira, pero son ellas las que colocaron los zapatos así, como en un muestrario) el caos está servido: jugar, bailar, “hablar” con el espíritu de bloody Mary, volver a bailar (“Despacito” es el punto de unión de las dos fiestas de pijamas que hemos tenido estos días), comentar los chicos por los que están y los que están por ellas (sí, sí, en ese punto estamos ya, aunque hablamos de niñas de entre nueve y once años), darse algún susto divertido, bailar de nuevo, empezar a ver una película de miedo (la última de Harry Potter), dejarla, ver una película de Selena Gómez, cuchichear y, POR FIN, a la una de la mañana…¡¡dormirse!!. Algunas de las niñas que hoy duermen en casa, llevan en la vida de la rubia desde el primer día de colegio en Roma, otras han aparecido después, pero intensamente y para quedarse. Con todas ellas ha vivido momentos tan especiales, que estoy segura de que no los olvidará. Con ellas ha reído y ha discutido, ha ido de excursión o al cine, ha estudiado y ha bailado…con ellas ha crecido. Mi rubia las va a echar mucho de menos…¡y yo también!

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Piccoli ragazzi

Hoy, rizando el rizo, hemos tenido una “pigiama party” en casa con los amigos del ojazos. Había invitado a ocho, recogida en el colegio y retorno al colegio al día siguiente. Al final dos se fueron antes de cenar. No puedo deciros que las fiestas de pijamas con italianitos y francesitos sean muy diferentes de las de los españolitos de metro veinte. Ya sabéis: las peleas, las risas, el fútbol (jugarlo y comentarlo), las chapas y el futbolín, las canciones (despacito, siempre despacito), las pizzas (aquí mejores), los pedos y eructos, los cuchicheos a media noche, las lágrimas de algunos porque echan de menos a sus mamás, los desvelos apenas sale el sol, en fin, lo de siempre… bueno, eso sí, nunca me había pasado que un niño manchase un poco el calzoncillo y decidiese tirarlo por el desagüe del inodoro…hemos rozado el drama 😛 . ¡¡Echaré de menos a estos piccoli ragazzi que han llenado la vida de mi pequeño ojazos durante cuatro años!!
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La flauta mágica

Los últimos tres años hemos tenido una cita en el Teatro Argentina para ver a la rubia participar en el proyecto de Ópera en las escuelas, un proyecto muy interesante para fomentar el acercamiento de los escolares a la música clásica. El primer año representaron La Traviata de Verdi, el segundo La Cenicienta de Rossini y hoy La flauta mágica de Mozart. Los niños se aprenden algunas canciones y las interpretan junto a cantantes profesionales. Es muy bonito. Os dejo un pequeño fragmento de la ópera de hoy (en una escena sin niños, aunque se les oye de fondo 😉 sentados en las butacas, preparándose para salir). Espero que os guste. Hasta mañana.

Villa Medici

Esta mañana fui una vez más a Villa Medici para acompañar, en esta ocasión, al ojazos y a sus compañeros de clase, a un taller de escultura. Fue muy divertido crear con nuestras propias manos máscaras monstruosas como algunas que se ven por los jardines de lo que hoy en día es la Academia Francesa. Os dejo un par de imágenes, una de la fachada de Villa Medici con una de las esculturas de la exposición actual que trata sobre la feminidad y otra de una estatua de la diosa Roma, sujetando la tierra con su mano, y mientras tanto yo me recupero. Porque a los que dicen que los maestros cobran mucho, trabajan poco y tienen demasiadas vacaciones les aconsejo sólo un par de días intentado enseñar algo productivo a una clase de 28 tiernos mostrencos de 7 años…¡¡qué tranquilidad, qué relajo 😉 !!. No creo que pueda haber ningún trabajo que altere más los sentidos (para bien y para mal), ni que, por supuesto, maneje un material más delicado.

 

 

 

Bambini

Hoy he leído en el Corriere della Sera una noticia que me ha hecho gracia. Y es que el domingo, Antonio Ferrari, propietario de la enoteca del mismo nombre en Padova (al norte de Italia), hizo a una familia una rebaja del 5% sobre el total de la cuenta, en virtud de un “descuento por niños educados”. Y es que parece ser que los niños (5) después de comer se pusieron en completo silencio a dibujar y a hacer sumas, sin necesidad de tablets ni smartphones. Todo un lujo sí. Le doy la razón. Pero digo yo que los pobres niños también tendrán derecho a hablar, sin que eso signifique que molestan, porque a mí sinceramente a veces cuando hablan me molestan más algunos adultos que la mayoría de los niños. La cuestión es que el tal Antonio cuenta en esta entrevista que le hacen en el periódico, que la idea la copió de un local de Miami y que no tomó la decisión de hacerles el descuento para hacerse publicidad – aunque fue el mismo el que luego lo colgó en twitter – sino porque le salió del alma al ver el buen comportamiento de los enanos, aunque también comenta que no lo va a establecer como una norma en su local, porque sino aquellos a los que no se les haga el descuento se podrían sentir ofendidos y sobre todo cuestionados como padres. ¿Qué es lo que más fastidia al resto de comensales del comportamiento de los niños en los restaurantes según este italiano que lleva doce años regentando este local? Pues cuando se encierran en el baño y se ponen a jugar con el agua y sobre todo cuando corren entre las mesas. Le doy la razón. En ese caso tienes ganas de castigar…a los padres que se lo permiten. Aunque a mí personalmente me molestan mucho los gritos repetitivos. Pero ese ya es un problema mío y de mi oído que es muy sensible. En todo caso, lo mejor es amaestrar a las fieras antes de sacarlas de paseo y lo digo como comensal sufridora y también como mamma que alguna vez ha tenido que soportar a sus churumbeles sacar los pies del tiesto y del agobio ni siquiera ha podido disfrutar de la comida. Porque hay una cosa que está clara: niños tranquilos, comida feliz para todos.

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Y más fiestas

Aquí en plena pigiama party de la rubia, cruzando los dedos con la esperanza de que les entre el sueño a las cinco jovencitas que bailan desaforadamente en el salón de mi casa las canciones de Fedez y Enrique Iglesias. Ya veis, yo a su edad, bailaba con mis amigas la coreografía de “Qué dolor” de Raffaella Carrà. Creo que aún recuerdo esos movimientos de cabeza que se gastaba la italiana. Si no tuviese las cervicales gastadas del uso y la tripa llena de pizza y tarta de chocolate (me he venido arriba) os hacia una demostración. Eso que ganáis. Eso sí, haciendo uso de mi derecho al pataleo, protesto, porque yo hasta los quince (por lo menos) dormía en mi casa y mis amigas en la suya. Niñas, que ya son las once de la noche, por favor. Y por si fuera poco, mañana por la mañana (si no se rompe la noche) maridísimo se ha inventado un partido con catorce niños italianos y comida posterior con sus padres. Necesito ya, con urgencia, un día de chándal, mantita y mi habitual cara de perro 😛
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