Memoria

De vez en cuando un olor o un sabor, incluso un sonido, te trae a la memoria recuerdos lejanos. Pero a veces todo es más obvio y, sin necesidad de tanta sutileza, por casualidad, te encuentras con algo que te hace acordarte de cosas o personas…Así, esta tarde he llegado a un nuevo parque, muy cerca de mi casa, lleno de caminos donde trotar y que, pese  ser más pequeño que los otros que frecuento, tiene hasta caballos…
Otro parque
Otro parque
En este día de descubrimientos, también esta mañana he visitado un lugar que me recomendaron hace tiempo y que tenía muchas ganas de conocer, uno de esos lugares (cada vez menos) secretos de Roma, que está además junto a un jardín de naranjos y que esconde un pequeño tesoro, de los que te llevas en la memoria. Y digo en la memoria, y digo bien, porque mi móvil no ha querido que comparta con vosotros esa postalita y pienso que, tal vez, sea por algo…A cambio, os dejo esta otra panorámica de Roma.
Vista desde el jardín de los naranjos.
Vista desde el jardín de los naranjos.
Por último debo decir que el vivir lejos de casa tiene la ventaja de que tomas algo de distancia y la lectura del periódico (cuando te atreves) la llevas algo mejor…pero tiene el inconveniente de que a veces te sientes como una isla, entre dos mares o, incluso, en mitad de ninguna parte…Y hablando de islas (por no entrar en el debate sobre el estado de la nación, y por no ahondar en el día tonto que tengo hoy), he de decir que esta mañana también visité la Isola Tiberina, que me parece otro lugar curioso y mágico de Roma, una isla habitada (tiene hasta hospital), en medio de un río y unida al resto de la ciudad por un par de puentes. ¡Cómo la vida misma!
Isola Tiberina.
Isola Tiberina.
  

El Cristo y La Sole

“(…)  Apurad / que allí os espero si queréis venir / pues cae la noche y ya se van / nuestras miserias a dormir. / Vamos subiendo la cuesta / que arriba mi calle / se vistió de fiesta. / Hoy el noble y el villano, / el prohombre y el gusano / bailan y se dan la mano / sin importarles la facha. (…)”
Fiesta – Joan Manuel Serrat
Hoy he pasado el día descubriendo lugares de ensueño, compartiendo cosquillas y risas, degustando auténtica pizza, de la de masa finita y mucho sabor. Pero pese a todas esas maravillas, no puedo evitar estar un poco triste. Y es que hoy, el sábado antes del tercer domingo de septiembre, es la pólvora de Villa, la que da comienzo a las fiesta ,y será la tercera vez desde 1985 que falto – Suecia y Nueva Zelanda fueron las razones anteriores – pero este año, precisamente este año, era especial…
Lago de Bracciano.
Lago de Bracciano.
Así que mientras mi vista se deleitaba contemplando el infinito azul del lago Bracciano, contrastando con  el gris de su castillo de piedra y con el verde de los bosques que lo rodean, mi mente volaba hasta la plaza de mi pueblo, para acompañar a “la pregonera” y para disfrutar con ella y con el resto de mi familia y amigos de los mejores fuegos, al menos, de la Comunidad de Madrid.
Afortunadamente mis padres – que están en todo – me retransmitieron el pregón en directo vía wapp y seguro que esta noche me llegan también, hasta mi casa de Roma, las chispas enviadas por algún amigo. 
¡¡Qué bonito es esto de no ser de ningún sitio y ser de todos!!.
Conociéndome como me conozco, y conociendo Italia como la estoy conociendo (piano, piano, bella, bella), creo que dentro de poco también este país y su gente, me pondrán la piel de gallina, me quitarán el resuello y me pondrán acuosos los ojos…¡¡seré entonces también un poquito de aquí!!.
Bracciano
Bracciano
Mientras tanto, disfruto con el comienzo de esta historia de amor, con el descubrimiento de sus rincones y sus secretos, de sus historias pasadas y nuestros sueños de futuro. Precioso el lago Bracciano y precioso su pueblo, lleno de historia.   

Trenes y besos

Por suerte los italianos no se presentan con dos besos, sólo extienden la mano. ¡Me encanta! Sin embargo, cuando ya hay una relación de amistad entre ellos, o cuando ya se ha compartido una comida o un rato de ocio, son muy dados a besarse, más incluso que  los españoles. Hasta los hombres suelen saludarse y despedirse con un abrazo y dos besos. ¡¡Me gusta tanto ver a dos hombres besarse!!. Sólo hay un problema que me ha ocasionado algún que otro encontronazo y es que los italianos los besos los dan exactamente al revés que los españoles. Es decir, primero ponen la mejilla izquierda y luego la derecha…¡Cuestión de perspectiva!
El ferrovía de Roma
El ferrovía de Roma
Y hablando de besos, redonditos y tiernos, y colgando fotos de trenes, con destino a la felicidad, esta entrada sólo puede estar dedicada a una persona…¡¡la pregonera mayor de mi pueblo, villaodonesa de pro!!. Mañana por la noche…In bocca al lupo!!! (que significa algo así como “muerte al lobo”, pero es una forma alternativa de desear suerte, sin decirlo expresamente, que podía causar exactamente el efecto contrario).

La educación sentimental

Esta mañana me levanté pronto y, en vez de alejarme hasta Villa Borghese, decidí ir a correr al Castello de Sant´Angelo e, incluso, un poco más allá, hasta San Pedro. Y me sorprendí al encontrarme a esas horas de la mañana (no eran ni las ocho) con cientos de policías y a la vez con cientos de visitantes. Luego me enteré de que, para completar mi fin de semana, el Papa iba a dar misa en el Vaticano hoy. ¡Cosas de la vida o cosas de vivir en Roma!.
Pero no es de eso de lo que os voy a hablar, ni siquiera de mi primera y agradable comida en una casa italiana en Pomezia, a unos 25 kms de Roma, en casa de un amigo de un compañero de maridísimo. 
Ni del menú, consistente en unos antipasti de embutidos, queso, aceitunas y alcachofas (¡buenísimas!). Ni del hecho de que, en esta ocasión, la pasta fuese desbancada por la paella (de costilla y coliflor…rara-rara, pero buena-buena) hecha por el compañero de maridísimo (desde cuya casa escribo esto, a la espera de  que mañana nos den la nuestra).
Paella en Roma
¡¡Yo dije “casa italiana” no que la comida lo fuese!!
Tampoco hablaré del hartazgo a comer; de ese momento en que crees que ya has llegado a tu límite y, entonces, sacan…los purificantes: ensalada, pisto, espinacas y judías verdes, todo de la huerta de la casa.
Y lo peor es que aún tienes que hacer hueco para el postre…
Barquillos sicilianos y tarta de queso.
Barquillos sicilianos y tarta de queso.
No, no voy a hablar de nada de eso, porque hoy quiero permitirme el lujo de ponerme un poco sentimental y hablar de mis hijos. Porque, cuando eres niño haces lo que te dicen y vas a donde te llevan. Aunque, en realidad, eso también pasa cuando eres adulto, con la salvedad de que, de vez en cuando, tienes un pequeño margen de maniobra. Pero todos, a cualquier edad, en momentos de desconcierto, nos hacemos composiciones de lugar y nos aferramos a verdades absolutas y a mentiras a medias (o viceversa) para comprender qué es lo que ocurre a nuestro alrededor. 
Y durante los dos últimos meses…¿¡cuántas veces habré escuchado “los niños son como esponjas”!?. Y yo pensaba “Ya, ya”. Pues bien, os tengo que dar la razón, porque mis pequeñas esponjitas son, por ahora, muy felices en Roma y se han integrado muy bien en su nuevo colegio y en su nueva vida. Pero eso no quita para que de vez en cuando tengan sus momentos…como cuando el viernes “la rubia” dijo de pronto “me gusta mucho Roma, pero echo mucho de menos a toda mi familia”, luego preguntó qué harían ahora los abus los miércoles y terminó llorando (de felicidad, según ella) cuando su padre le dijo que su prima había soñado con ella. Y luego está “ojos azules” que se autoconvence de que en realidad la vida en la urbanización y en el cole está en pausa, como si se tratase de una peli o un videojuego, y que, no sólo él, sino todos los amigos se han ido a vivir a otro sitio, de donde volverán, todos a la vez, para seguir jugando.
Y a mí, cuando me cuentan todo esto, me ponen un nudo en la garganta, aunque al mismo tiempo me siento orgullosa de que sean tan adaptativos, pero, a la vez, tengan unos lazos tan fuertes con la que ha sido hasta ahora su única realidad. 

La última cena

Debe ser como la una. Acabo de llegar de Campo di Fiori, de cenar pizza y fritos (impresionante la flor del calabacín rellena de mozzarella y anchoas). La excusa era despedir al compañero que hasta ayer ocupaba el puesto de mi marido. Y mientras charlábamos, yo pensaba, “¿por qué no vendremos con un disco duro extraíble de serie?”. Un disco en el que, una vez almacenados todos los conocimientos, todos los recuerdos, todas las imágenes vividas, las pudieses copiar y pasárselo a otros para que aprendiesen de tu experiencia. ¡¡Ojalá!!
Una cena muy agradable, pero a la vez extraña, con muchos sentimientos encontrados. La primera cena/La última cena. Nuestra emoción por la historia que empieza, como una hoja en blanco en la que cualquier cosa puede ser escrita. E inexorablemente la tristeza por el fin de la misma historia, ese instante en el que uno sabe que cierra definitivamente la puerta a un momento importante de su vida, que ha exprimido con intensidad, pero al que ya sólo podrá volver a acceder a través de la pequeña ventana de la memoria. ¡Así es la vida!
Y yo, desacostumbrada a escribir y carente de inspiración, planteándome mudarme a la plaza de las Musas, pero flotando por las calles de Roma…¡y eso es suficiente!

Comenzando un círculo

Igual que existen otros mundos, pero están en éste, creo que existen otras vidas, pero también están en ésta.
Hace 15 años y 8 días comencé una de esas vidas, mi vida sueca, con los mismos sentimientos de hoy, básicamente ilusión y miedo. Esa existencia se llenó gracias a la familj, un grupo de personas que le dio sentido a mi vida allí. Muchos de ellos permanecen aún en mi vida, pero otros, por diferentes circunstancias, desaparecieron. Sin embargo, un día antes de comenzar mi nueva vida italiana, han reaparecido todos, de alguna manera y por sorpresa, como en un punto de giro, no sin ciertos tintes románticos, que me recuerda que no hay que dejar escapar nada de lo que a uno le importa.
Y mientras hago maletas y trato de controlar la ansiedad, repaso mentalmente todo eso que a una (o sea a mi) le importa, es decir lo que dejo me espera en Madrid
Mi amiga, con la que podría pasarme horas, con la que de hecho me paso horas, diseccionando nuestras vidas, nuestros sentimientos, miedos, traumas y a esos hombres que nos vuelven locas. Ella, con la que tanto he reído y llorado desde hace ya más de 25 años. Una de las personas más interesantes e inteligentes que he conocido. Ella que cuando se aleja, hace que me sienta como una funámbula, caminando por la cuerda floja de la vida y sin red que me sujete.
Mis sanabresas, las más traviesas, porque aunque todas sabemos que “lo que pasa en Sanabria, se queda en Sanabria”, lo que pasó en Nunca Jamás traspasó esas lindes e hizo que, desde entonces, dejásemos al margen todo lo que nos distanciaba y empezásemos a mirarnos con una sonrisa…y además…De Páramo Pa-Roma…¡¡Sois la caña, chicas!!. Y en este grupo, (volasen o no hasta la tierra de Campanilla o, en este caso, del Capitán Garfio), incluyo a todas las que me han acompañado en los desayunos, que han asistido a mis muchas alegrías y muchas penas en estos más de ocho años, que me han hecho sentir imprescindible en momentos de desmotivación laboral, con las que me he reído tanto, que me han sacado a patinar, que han dejado que las ayudase a organizar sus viajes, que han escuchado mis idas de olla y han hecho sus apreciaciones, junto a las que preparé más de una sorpresa,  a las que enseñé inglés, las que me dieron consejos, con las que compartí algún sueño, con las que me tomé tal vez demasiadas (pocas) cañas a horas y deshoras. Habéis sido compañeras de trabajo y, además, amigas, pese a que las circunstancias del entorno no han sido precisamente muy favorables para esa amistad.
Los de la terraza de enfrente, mi vecino el seta, con el que comparto al “tío más bueno de la urbanización”, y que se caracteriza por un exhibicionismo que me ha dado muchas alegrías visuales en el balcón. Y mi compañera de colada, de conversación, “mojitera” real de Guadarrama, que tan pronto me pasa unas patatas con salmón, como un limoncelo,  y que es eficaz como ella sola. De esa gente que a uno siempre le gusta tener cerca.
El Independent Group, mis vecinitas, las más bonitas, que con sus cotilleos, me ponen al día de nuestra actualidad social más cercana y me hacen reír tanto. Poneos las gafas y leed mis labios…¡¡mojito power, gu-a-pas!!
Ana, Eva, Adrián, Salma, Marco, Sergio, Miriam, Iria…que son “mis niños” casi tanto como esos otros dos menudos que se crían en mi casa.
Los padres del Lycée Molière, las psicólogas de risa contagiosa, los instigadores de carreras nocturnas barefoot, las mejicanas que enseñan el método hipopresivo, las argelino-finlandesas de sonrisa perenne, los franceses y sus costumbres francesas, las charlas durante el tiempo de espera en el parque, las fiestas infantiles, las cenas que empezaban a ser…y que seguirán siendo.
Mis compañeros de francés a los que casi me pierdo por mi “asociabilidad”, pero a los que afortunadamente descubrí a tiempo. A estas alturas, sé que probablemente es un espejismo, pero voy a intentar que perdure, porque…qué bien me lo habéis hecho pasar y que alegría haberos conocido, aunque sólo sea un poco. ¡¡Sois fantásticos!!
Los domingos de comida con la familia política (mis suegros, mis cuñados y mis sobrinas). El hartazgo de comer, los bailes de Tadeo Jones, las discusiones sociopolíticoreligiosodeportivoeconómicas, los juegos de mesa, los cines y la risa maravillosa de los más pequeños cuando están juntos.
Mis dos tocayas, con las que siempre es un placer compartir un momento, una charla, una tarde de piscina, una comida (¡¡y qué comidas!!)…
Mis padres, a los que,  por supuesto, adoro y que no me esperan en Madrid, porque van conmigo a donde quiera que yo voy.
mis muchos amigos y familia de fuera – a los que no voy a enumerar porque ellos ya saben quiénes son, puesto que no han sido pocas las veces que les he dicho cuánto les quiero y lo importantes que son para mí – desde luego pueden seguir contando conmigo como siempre y sé que seguiremos compartiendo momentos únicos e inolvidables. (A algunos amigos de Madrid, les incluyo en esta lista, porque creo que les veré más por Roma).
Gracias a todos por contribuir a que, por muy buena que sea la aventura que hoy inicio, (que eso espero), vaya a echar muuuuucho de menos mi vida en Madrid.
PD: Si me he olvidado de alguien, que me perdone, y que se de igualmente por aludido.
PD2: ¡¡¡Ay, qué ñoña me estoy volviendo con la edad!!!