Fuentes y palacios sin plata

Del día de hoy caben destacar tres cosas:
Una. Es nuestro aniversario, porque hace exactamente un mes que llegamos a Roma y que, consecuentemente, comencé este blog.
Dos. He montado por primera vez en autobús. Y ahora ya estoy casi segura de que el sistema de transporte público romano debe ser deficitario, porque en él confluyen dos factores incompatibles: el carácter latino, tendente al pillaje y la falta de control. No puede ser que el conductor del autobús no venda los billetes, no puede ser que confíen en que tú lleves tu billete ya comprado de casa, no puede ser que sabiendo que ese billete tiene validez en cualquier momento del año, esperen que lo piques y no puede ser que aún no haya visto un solo revisor en ningún medio de transporte público de los que he utilizado…No puede ser, pero es. Y, aunque yo no quería e iba con mi dinerito en la mano y la mejor intención, Italia me está llevando a la decadencia moral y al camino del crimen, así que…¡¡me he colado!!. Y de esta manera llego al tercer dato relevante del día.
Tres. Es el primer día de estos treinta y uno en que no me he gastado ni un euro…salvo por las dos monedas de 5 céntimos que les he dado a los niños para lanzar a la Fontana de Trevi  (¡¡soy de un espléndido!!).
Fontana di Trevi
Fontana di Trevi
La verdad es que la fuente impresiona, por su tamaño, por sus figuras, por su significado e incluso por la tradición que nos hace a todos tirar una moneda con la esperanza de volver a la ciudad eterna (¿habrán deseado mis hijos volver a Madrid?). Pero, en todo caso, Roma está llena de fuentes increíbles. A mí personalmente hay muchas que me gustan, aunque una de las que más llama mi atención es la de la Piazza de las Quattro Fontane, no tanto estéticamente, como por el hecho de que me parece un lugar muy curioso y que representa, con dos figuras masculinas y dos femeninas, los cuatro grandes ríos de la antigüedad. Es un poco difícil de fotografiar, porque son cuatro fuentes, cada una en una esquina y porque están en una calle con mucho tráfico, pero intentaré conseguir alguna imagen. Mientras tanto os dejo ésta otra.
Palacio de Quirinale
Palacio de Quirinale
Se trata del Palacio de Quirinale, está a pocos metros de la Fontana di Trevi, y es la residencia del presidente de la República Italiana. Nada, apenas un palacete de 1200 habitaciones. Y ahora, nuestro momento concurso: medallita para quién sepa el nombre del actual presidente…bueno, en realidad, el de éste o el de cualquier otro Presidente de la República de los 12 que ha habido desde 1946. (¡¡La verdad es que este blog me está sirviendo para ilustrarme un poco, que ya era hora!!). Pues bien, el actual presidente de la República se llama Giorgio Napolitano y de los once anteriores, a mí personalmente sólo me sonaba Sandro Pertini, y porque aún le recuerdo brincando en el palco durante la final del Mundial de fútbol del 82. En todo caso, no voy a seguir por el camino de los jefes de Estado, pues da para hondos debates y ya sabéis que no soy “yo de ésas” (;oP), pero hay que reconocer que no se lo montan nada mal, porque el Palacio, en lo alto de la colina del mismo nombre, e iluminado por esa luz mágica del anochecer de la que os hablaba el otro día, es verdaderamente digno de ver.
Vista de Roma desde la Piazza de Quirinale.

Vista de Roma desde la Piazza de Quirinale.

Corazón de mudanza

Hoy, justo antes de dar cerrojazo a mi casa de Brunete, he echado un último vistazo y, aparentemente, nada ha cambiado demasiado, parece casi la misma.  Sin embargo, esta mañana hemos llenado un camión con 33 cajas, 4 bicicletas y 1 coche. Simples cosas materiales que nos ayudarán a sentirnos un poco más “en casa” aquí en Roma (¡¡sobre todo el jamoncito rico!!). Lo demás – lo inmaterial, lo que de verdad importa – aquí aún nos lo tenemos que ganar. Por eso os digo que, aunque este fin de semana hemos estado de mudanza, mi corazón no lo está, no muda, ni cambia sus afectos y menos después de estos días tan intensos, tan llenos de cariño y tan estupendos. En todo caso, “sumo y sigo”…o eso espero.
Camión de la mudanza
Camión de la mudanza
Una vez en Roma, he confirmado lo que ya sabía. Mientras el conductor me contaba que Monica Belucci era (casi) mi vecina (¡¡mira que si un día me encuentro a su filipina comprando el pan!!), yo me dedicaba a mirar por la ventana del coche que nos llevaba a casa, sin hacerle mucho caso, pero es que no soy capaz de pensar en nada más, porque estoy en pleno proceso de enamoramiento y no puedo más que ponerle ojitos tiernos y sonreír ante sus defectos y es que es tan…¡¡encantadoramente caótica esta ciudad!!.
Y de eso me he percatado a la altura de Piazza Venezia. Porque Piazza Venezia es un lugar un poco peculiar, puesto que por los monumentos que la representan (Homenaje a Vittorio Emmanuele II o a la unificación de Italia y Palazzo Venezia o residencia de Mussolini), supone la exaltación del “italianismo” (probablemente en su peor versión), pero a la vez es el centro neurálgico de la ciudad, ese lugar por el que todos pasamos en algún momento del día, una enorme rotonda sin semáforos, donde coches y peatones circulan en todos los sentidos, sin que, desde la visión de un foráneo, se aprecie ni orden ni concierto. El otro día de hecho pensé que me habré convertido en una “auténtica” romana cuando sea capaz de cruzar sin pestañear por uno de los pasos de cebra de esa plaza (con las vespas viniendo de frente sin bajar ni siquiera un poco la velocidad). Pero, en fin, que me salgo del tema. La cuestión es que Piazza Venezia es…¡un caos!. Y, sin embargo, esta tarde, en un atasco en medio de ese caos, mientras anochecía – eran las siete y cuarto más o menos – me he dado cuenta de que la luz artificial era la justa, apenas una ayuda, sin contaminar el efecto mágico que produce la luz de esa hora del día. Y me he quedado enganchada a ese brillo tenue y he sonreído, con esa sonrisa bobalicona que tenemos los enamorados. ¡¡Ay!!
Piazza Venezia al mediodía
Piazza Venezia al mediodía
PD: La foto no es muy buena, pero tiene mucho valor porque…¡casi no hay coches!

¿Subes o bajas?

Aventino, Quirinale, Campidoglio, Esquilino, Viminale, Palatino y Celio.
Estas eran las siete colinas sobre las que surgió Roma. Sin embargo, no son las únicas, puesto que Roma está llena de pequeños promontorios, como por ejemplo mi barrio, que comenzó a urbanizarse hace unos 100 años sobre la colina del Monte Parioli (parece ser que el origen del nombre está en los múltiples árboles perales que existían en la zona), y que hace que muchas de sus calles sean un laberinto que termina en una pared vertical de escaleras. 
Escaleras en Parioli.
Escaleras en Parioli.
Y hay una verdad absoluta que dice que las mismas escaleras, no te resultan igual de simpáticas cuando son de bajada, que cuando son de subida…¡¡y menos aún cuando llegas cargada con las bolsas de la compra y ves esos escalones frente a ti, que te hacen sentir cual Hillary (Edmund, no Clinton) ante el Everest…y sin oxígeno!!.
Pero no son las escaleras lo que más me hace dudar de mi pertenencia a este barrio, (que por otro lado me encanta), sino sus habitantes (o mejor dicho, los propietarios de sus casas), con los que, a decir verdad, coincido poco, pues sólo les veo (de lejos) alguna tarde tomando crodinos o cenando en las terrazas más chics; porque el resto del día…voy a la compra y sólo veo filipinas, voy a caminar y sólo veo filipinas paseando a los perros, voy al parque y allí están las filipinas con sus “niños”…
Y entre tanta bajada y subida por las escaleras, pues yo me planteo mi vida aquí, voy buscando alguna vía para reinventarme y barajo diferentes opciones, que ya os contaré en otro momento (y que, por supuesto, no pasan por contratar a una filipina…que yo ya tengo a la mejor “filipina” del mundo, que está en mi vida desde hace muchos años y que además es de León). 

Domingos lluviosos

Hoy ha amanecido nublado y antes de que nos diese tiempo a salir de casa (a las once) ya estaba lloviendo. Sin embargo, nada nos ha hecho desistir y, en lugar de quedarnos en casa, viendo pelis o leyendo un buen libro, nos hemos comprado un paraguas en un puesto callejero y hemos mantenido nuestro plan de hacer turismo urbano. También bajo la lluvia es bonita Roma. Además, por lo que nos han contado, llueve bastante más que en Madrid, así que tendremos que irnos acostumbrando…¡¡no vamos a pasar 6 meses metidos dentro de casa!! 
Charcos
Charcos
Pero ¡claro! he tenido que variar algo el plan, que era más de exterior, y he buscado el listado (interminable) de las iglesias más representativas de Roma, para seleccionar algunas donde poder cobijarnos  en caso de diluvio (como finalmente así ha sido). 
Al saber que Santa Maria Maggiore está dedicada a la Virgen de las Nieves enseguida he querido visitarla. No es como la ermita de las Nieves de mi pueblo berciano, (:oD) pero no defrauda. Venga, vale, en realidad, según entras, te deja con la boca abierta, es sencillamente espectacular.
Luego hemos visitado también la iglesia de San Clemente, con sus tres niveles de construcción, su iglesia del SXII, su iglesia del SVI y una casa del SII perfectamente conservada, donde aún existe un  templo en el que se llevaban a cabo ritos dedicados a Mitras (dios pagano del sol).
Por últimos, aprovechando un momento de sol, hemos cruzado el parque del Monte Oppio para ver desde allí la maravillosa vista del Coliseo y los Foros. 
Coliseo desde el Monte Oppio
Coliseo desde el Monte Oppio
Pretendíamos también visitar la Bocca de la Veritá y el Monte Aventino, pero alejar a los polluelos de los charcos,lleva su tiempo, y al final se nos ha hecho tarde. Otro día será. Además, como no tenemos nevera, no tenemos comida, así que, hasta mañana, que nos traen la nueva (que, por cierto, pagan los dueños), tenemos que comer fuera y nos hemos ido a Vía Veneto y de allí…a casita, ahora sí, a ponernos con la mantita y a ver cómo, tras nuestras ventanas, sigue lloviendo.

Trenes y besos

Por suerte los italianos no se presentan con dos besos, sólo extienden la mano. ¡Me encanta! Sin embargo, cuando ya hay una relación de amistad entre ellos, o cuando ya se ha compartido una comida o un rato de ocio, son muy dados a besarse, más incluso que  los españoles. Hasta los hombres suelen saludarse y despedirse con un abrazo y dos besos. ¡¡Me gusta tanto ver a dos hombres besarse!!. Sólo hay un problema que me ha ocasionado algún que otro encontronazo y es que los italianos los besos los dan exactamente al revés que los españoles. Es decir, primero ponen la mejilla izquierda y luego la derecha…¡Cuestión de perspectiva!
El ferrovía de Roma
El ferrovía de Roma
Y hablando de besos, redonditos y tiernos, y colgando fotos de trenes, con destino a la felicidad, esta entrada sólo puede estar dedicada a una persona…¡¡la pregonera mayor de mi pueblo, villaodonesa de pro!!. Mañana por la noche…In bocca al lupo!!! (que significa algo así como “muerte al lobo”, pero es una forma alternativa de desear suerte, sin decirlo expresamente, que podía causar exactamente el efecto contrario).

Trastevere

Restaurante típico.
Restaurante típico.
Las tres veces que había venido a Roma antes de ésta, en la que vine para quedarme, nunca había visitado el Trastevere. Una vez estuve cerca, pero no llegué a entrar en el meollo del barrio. Y he de decir que es, indudablemente, del tipo de barrios que me gustan. Así, un punto decadente, un punto bohemio, un punto animado.
A las once, caminamos a uno y otro lado del río. A las doce, escuchamos el cañonazo que retumba desde la colina de Gianicolo (la octava colina de Roma) y visitamos Santa María del Trastévere, más dorada que nunca a esa hora del día. A la una, nos pilló por sorpresa una tormenta fugaz, tomándonos una caña en una terraza. Y a las dos estábamos comiendo, concretamente en el restaurante de la foto, muy recomendable, aunque no debe ser ningún secreto a juzgar por la de gente que había. A las cuatro volvimos a caminar a uno y otro lado del río hasta llegar a casa.
Sólo puedo decir que…¡¡volveré!!.
En otro orden de cosas os recuerdo cómo va el calendario hasta final de año, para que vayáis bloqueando vuestras reservas. Y esto sin tener aún casa…¡¡ojú!! (:oP)

CALENDARIO

Como una romana

Estos días, sigo un consejo que me dieron hace muchos años, “para conocer una ciudad, hay que caminar por ella como si ya la conocieras”. Y así, me muevo por Roma con seguridad y sin mapa, como si viviera aquí…pero, anda, ahora que caigo, en realidad…¡¡¡¡VIVO AQUÍ!!!.
El Tiber o Tevere.
El Tiber o Tevere.
Y a cada paso que doy, voy enamorándome un poco más de esta ciudad. Aunque la primera vez que pisé Roma – hace de esto más de 25 años – no me gustó. La ciudad me pareció sucia y los italianos conquistadores de medio pelo. Hoy que han pasado 25 años, por la ciudad (¡nada!) y por mi (bordeando los 40…¡un mundo!), a la ciudad la veo bella y brillante y sobre los italianos…¿dónde quedaron los latin lovers? ¿en serio que un meteorito se los tragó? ¿o ha sido por mí por la que ha pasado el meteorito? ¡¡Mio Dio, qué futuro más desolador (:oD)!!
El martes fuimos hasta el Vaticano, y en la plaza de San Pedro, sintiéndonos muy chiquititos y muy grandes a la vez, pasamos el rato charlando con una familia estadounidense (Barby-soccer and family). Fue la primera vez que dijimos “no estamos de turismo, vivimos aquí” (“hace 48 horas” – se nos olvidó añadir).
Ayer fuimos en metro hasta el Coliseo, impresionante como siempre. Me sorprendió el hecho de que en toda la mañana no se me acercara ni uno solo de los cientos de guías que andan por allá como aves carroñeras buscando negocio, debe ser que al inscribirme en el consulado se quedaron con mi pinta de turista, o tal vez sea que “parezco italiana” (que me dijo alguien una vez), aunque lo más probable es que sea por el hecho de no llevar cámara (¡¡ay, mi camarita, cuánto la echo de menos entre tanta belleza!!).
Esta mañana subimos las escaleras de la Plaza de España hasta Trinitá dei Monti y caminamos hacia la Plaza del Popolo por arriba, sobrevolando los tejados romanos, y dejando a la derecha el maravilloso Parque de Villa Borguese, un tesoro en el centro de la ciudad.
Dispuesta a que 4 años me basten para conocer (un poco) la ciudad eterna.