La playa

Ayer viernes, nuestra única visita turística se limitó al colegio Liceo Chateaubriand, en su sede de la Villa Strohl Forn, un conjunto de palacios del Novecento, que se encuentran en pleno parque de Villa Borghese. El colegio tiene un espacio de 80.000 m2 de bosque protegido con cantidad de bambú, que, como dijo repetidamente la directrice, “é molto pericolosso per gli bambini”. Sí, no deja de ser curioso…bambú, árbol autóctono italiano donde los haya, y encima peligroso para los niños…¡en un colegio!. Pero, al margen de esto, la verdad es que el lugar es francamente privilegiado…una maravilla. Si luego su calidad docente está a la altura, o pincha como el bambú, ya lo iremos viendo.
Y hoy, como auténticos romanos, hemos aprovechado el día soleado y con buena temperatura (31º) para lanzarnos al mar. Y, como aún no tenemos coche, hemos cogido el tren y nos hemos ido a Anzio, un pequeño pueblo que está a unos 60 kilómetros de Roma. El tren sale de Termini (nuestra Atocha), cuesta 7 euros i/v y tarda aproximadamente una hora. El pueblo no tiene mucho, la zona de playa está suficientemente bien. Yo, la verdad, es que no hago mucho turismo de playa en España, y no sé si alguna de las cosas que a mí me han sorprendido, ocurren también en España
Despidiendo agosto en la playa.
Despidiendo agosto en la playa.
Me sorprendió que no eran zonas libres de playa, donde cada uno llega y se “aparca” con su toalla, su sombrilla o sus sillas, sino que cada zona, acotada mediante vallas, estaba regida por un establecimiento balneario que controla todo el material playero de la zona. Por ejemplo nosotros llegamos y alquilamos una sombrilla y una tumbona, por 15 euros, en un sitio que se llamaba Dea Fortuna. Todas las sombrillas y las hamacas eran iguales, de color azul y con el nombre del establecimiento escrito en ellas. Un poco más allá las sombrillas eran amarillas y las regía otro enclave que se llamaba Il Galeone. Y así continuamente. Normalmente en cada una de estas zona había vestidores,  baños, duchas, zona wifi y también un bar o restaurante propios. Eso sí, todo de pago. Hasta las duchas funcionaban con monedas (0,30 € la ducha). También tenían su propio personal salvavidas. Concluyendo, se trata de playas privadas.
Sólo al final de la playa existía una pequeñísima zona que no estaba controlada por uno de estos negocios y donde cada sombrilla y cada silla eran únicas y originales.
Caminé por la playa, que tenía más o menos un kilómetro de longitud, y vi todo tipo de personas: grupos de gente joven, familias y gente mayor, sin embargo, entre todos ellos, no había ninguna (literal) mujer haciendo topless. No sé la razón, pero me llamó mucho la atención.
Y ya por último la comida. Y esto es un aviso para navegantes. ¡¡Los menús italianos son una auténtica barbaridad!!. Antipasti, pasti y secondo. En este caso, como era un chiringuito en la playa, el antipasti consistía en mejillones en salsa, la pasta era con pescado y el secondo calamares, gambas y pescado. Y luego il gelatto. ¡¡Yo de aquí salgo rodando!!. (Sí, sí, sí, ya sé que tengo experiencia en el asunto y que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra y blablablá…pero, “a Dios pongo por testigo, que… si hace falta, ¡¡pasaré hambre!!”).
Por lo demás, el mar era tranquilo (puro Mediterráneo), cálido, con pocas olas y las zonas de seguridad muy marcadas.
Así que, en conclusión, pasamos un buen día.
Mañana queremos ir a comer al Trastevere. ¡Ya os contaré!

La última cena

Debe ser como la una. Acabo de llegar de Campo di Fiori, de cenar pizza y fritos (impresionante la flor del calabacín rellena de mozzarella y anchoas). La excusa era despedir al compañero que hasta ayer ocupaba el puesto de mi marido. Y mientras charlábamos, yo pensaba, “¿por qué no vendremos con un disco duro extraíble de serie?”. Un disco en el que, una vez almacenados todos los conocimientos, todos los recuerdos, todas las imágenes vividas, las pudieses copiar y pasárselo a otros para que aprendiesen de tu experiencia. ¡¡Ojalá!!
Una cena muy agradable, pero a la vez extraña, con muchos sentimientos encontrados. La primera cena/La última cena. Nuestra emoción por la historia que empieza, como una hoja en blanco en la que cualquier cosa puede ser escrita. E inexorablemente la tristeza por el fin de la misma historia, ese instante en el que uno sabe que cierra definitivamente la puerta a un momento importante de su vida, que ha exprimido con intensidad, pero al que ya sólo podrá volver a acceder a través de la pequeña ventana de la memoria. ¡Así es la vida!
Y yo, desacostumbrada a escribir y carente de inspiración, planteándome mudarme a la plaza de las Musas, pero flotando por las calles de Roma…¡y eso es suficiente!

Como una romana

Estos días, sigo un consejo que me dieron hace muchos años, “para conocer una ciudad, hay que caminar por ella como si ya la conocieras”. Y así, me muevo por Roma con seguridad y sin mapa, como si viviera aquí…pero, anda, ahora que caigo, en realidad…¡¡¡¡VIVO AQUÍ!!!.
El Tiber o Tevere.
El Tiber o Tevere.
Y a cada paso que doy, voy enamorándome un poco más de esta ciudad. Aunque la primera vez que pisé Roma – hace de esto más de 25 años – no me gustó. La ciudad me pareció sucia y los italianos conquistadores de medio pelo. Hoy que han pasado 25 años, por la ciudad (¡nada!) y por mi (bordeando los 40…¡un mundo!), a la ciudad la veo bella y brillante y sobre los italianos…¿dónde quedaron los latin lovers? ¿en serio que un meteorito se los tragó? ¿o ha sido por mí por la que ha pasado el meteorito? ¡¡Mio Dio, qué futuro más desolador (:oD)!!
El martes fuimos hasta el Vaticano, y en la plaza de San Pedro, sintiéndonos muy chiquititos y muy grandes a la vez, pasamos el rato charlando con una familia estadounidense (Barby-soccer and family). Fue la primera vez que dijimos “no estamos de turismo, vivimos aquí” (“hace 48 horas” – se nos olvidó añadir).
Ayer fuimos en metro hasta el Coliseo, impresionante como siempre. Me sorprendió el hecho de que en toda la mañana no se me acercara ni uno solo de los cientos de guías que andan por allá como aves carroñeras buscando negocio, debe ser que al inscribirme en el consulado se quedaron con mi pinta de turista, o tal vez sea que “parezco italiana” (que me dijo alguien una vez), aunque lo más probable es que sea por el hecho de no llevar cámara (¡¡ay, mi camarita, cuánto la echo de menos entre tanta belleza!!).
Esta mañana subimos las escaleras de la Plaza de España hasta Trinitá dei Monti y caminamos hacia la Plaza del Popolo por arriba, sobrevolando los tejados romanos, y dejando a la derecha el maravilloso Parque de Villa Borguese, un tesoro en el centro de la ciudad.
Dispuesta a que 4 años me basten para conocer (un poco) la ciudad eterna.

Burocracia y rutinas

Poco a poco iré hablando de los trámites burocráticos necesarios para “integrarte” en Italia: el codici fiscale, la farnesina, la inscripción en el consulado, la apertura de una cuenta bancaria, el alta de un número de teléfono local, los cursos de italiano…aunque lo más importante aún lo tenemos pendiente…casa y colegio.
Aunque bueno, en realidad, hace sólo un momento que me han llamado del Licée Chateaubriand para decirme, en italiano, que los niños han entrado en el colegio. Vale, admitámoslo, en realidad no sé si me han dicho eso o no, eso es lo que yo he querido entender. Pero luego me he dicho “ay madre, ¡a ver si no me van a estar diciendo eso!” y, escudándome en que acabo de llegar y aún no hablo italiano, les he dicho que me lo repitiesen en francés. Y entonces ya lo he tenido del todo claro…¿cómo puedo ser tan brutica para los idiomas? Me he sentido tontísima…y al final lo peor…le he tenido que decir a la interlocutora que…¡sujetaos!…mi marido la llamaría. ¡¡Voy en caída libre…soy una auténtica “señora de”!!. ¿Quién me ha visto y quién me ve?…Pero bueno…yo creo que probablemente ¡¡¡los niños ya tienen colegio!!!!. Y nosotros una preocupación menos.
Ya sólo tenemos la ardua tarea de buscar una buena casa, cosa que no debería ser tan difícil, pero que en realidad hace leve lo de la aguja en el pajar. Mira que no soy yo muy exigente con el asunto y que desde luego no pido encontrar la casa de mi vida, sólo quiero una casa normal…una casa donde las habitaciones tengan puertas y no estén unidas entre sí, una casa donde los baños no salgan de la cocina y, a ser posible, el baño tenga ducha y la cocina tenga algo más que tubos de agua y gas, una casa que, si es un quinto, tenga ascensor, y ya, apurando un poco más, y esto ya es pedir por vicio, que no tenga frescos en los techos (recién levantada soy bastante sensible), ni mármoles de Pompeya en el suelo…vamos, lo que viene siendo un pisito habitable…Pues bien, he ido a ver casas (o cosas) verdaderamente espeluznantes, sitios donde muchos valientes aventureros no se hubiesen atrevido a adentrarse, lugares donde me entran ganas de sacar la cámara de fotos para retratar la imagen del espanto…y diréis, “pero al menos será barato”…¡¡JA!!. No puedo decir cifras porque me tiembla la voz y la mano sólo de pensarlo, pero hay que sacarse del bolsillo muchos cientos de billetitos de colores, de esos que a todos nos cuesta sudor y lágrimas conseguir. y es que a veces, sinceramente, yo no sé cómo no les da vergüenza pedir esas barbaridades por esos tugurios. Así que cual conquistadores hispanos, aquí estamos, con el machete, apartando maleza, y en busca del Dorado, que para nosotros no es más que un lugar agradable donde vivir estos cuatro años.
Vista desde mi ventana.
Vista desde mi ventana.
¿Lo conseguiremos? Os seguiré contando…

Comenzando un círculo

Igual que existen otros mundos, pero están en éste, creo que existen otras vidas, pero también están en ésta.
Hace 15 años y 8 días comencé una de esas vidas, mi vida sueca, con los mismos sentimientos de hoy, básicamente ilusión y miedo. Esa existencia se llenó gracias a la familj, un grupo de personas que le dio sentido a mi vida allí. Muchos de ellos permanecen aún en mi vida, pero otros, por diferentes circunstancias, desaparecieron. Sin embargo, un día antes de comenzar mi nueva vida italiana, han reaparecido todos, de alguna manera y por sorpresa, como en un punto de giro, no sin ciertos tintes románticos, que me recuerda que no hay que dejar escapar nada de lo que a uno le importa.
Y mientras hago maletas y trato de controlar la ansiedad, repaso mentalmente todo eso que a una (o sea a mi) le importa, es decir lo que dejo me espera en Madrid
Mi amiga, con la que podría pasarme horas, con la que de hecho me paso horas, diseccionando nuestras vidas, nuestros sentimientos, miedos, traumas y a esos hombres que nos vuelven locas. Ella, con la que tanto he reído y llorado desde hace ya más de 25 años. Una de las personas más interesantes e inteligentes que he conocido. Ella que cuando se aleja, hace que me sienta como una funámbula, caminando por la cuerda floja de la vida y sin red que me sujete.
Mis sanabresas, las más traviesas, porque aunque todas sabemos que “lo que pasa en Sanabria, se queda en Sanabria”, lo que pasó en Nunca Jamás traspasó esas lindes e hizo que, desde entonces, dejásemos al margen todo lo que nos distanciaba y empezásemos a mirarnos con una sonrisa…y además…De Páramo Pa-Roma…¡¡Sois la caña, chicas!!. Y en este grupo, (volasen o no hasta la tierra de Campanilla o, en este caso, del Capitán Garfio), incluyo a todas las que me han acompañado en los desayunos, que han asistido a mis muchas alegrías y muchas penas en estos más de ocho años, que me han hecho sentir imprescindible en momentos de desmotivación laboral, con las que me he reído tanto, que me han sacado a patinar, que han dejado que las ayudase a organizar sus viajes, que han escuchado mis idas de olla y han hecho sus apreciaciones, junto a las que preparé más de una sorpresa,  a las que enseñé inglés, las que me dieron consejos, con las que compartí algún sueño, con las que me tomé tal vez demasiadas (pocas) cañas a horas y deshoras. Habéis sido compañeras de trabajo y, además, amigas, pese a que las circunstancias del entorno no han sido precisamente muy favorables para esa amistad.
Los de la terraza de enfrente, mi vecino el seta, con el que comparto al “tío más bueno de la urbanización”, y que se caracteriza por un exhibicionismo que me ha dado muchas alegrías visuales en el balcón. Y mi compañera de colada, de conversación, “mojitera” real de Guadarrama, que tan pronto me pasa unas patatas con salmón, como un limoncelo,  y que es eficaz como ella sola. De esa gente que a uno siempre le gusta tener cerca.
El Independent Group, mis vecinitas, las más bonitas, que con sus cotilleos, me ponen al día de nuestra actualidad social más cercana y me hacen reír tanto. Poneos las gafas y leed mis labios…¡¡mojito power, gu-a-pas!!
Ana, Eva, Adrián, Salma, Marco, Sergio, Miriam, Iria…que son “mis niños” casi tanto como esos otros dos menudos que se crían en mi casa.
Los padres del Lycée Molière, las psicólogas de risa contagiosa, los instigadores de carreras nocturnas barefoot, las mejicanas que enseñan el método hipopresivo, las argelino-finlandesas de sonrisa perenne, los franceses y sus costumbres francesas, las charlas durante el tiempo de espera en el parque, las fiestas infantiles, las cenas que empezaban a ser…y que seguirán siendo.
Mis compañeros de francés a los que casi me pierdo por mi “asociabilidad”, pero a los que afortunadamente descubrí a tiempo. A estas alturas, sé que probablemente es un espejismo, pero voy a intentar que perdure, porque…qué bien me lo habéis hecho pasar y que alegría haberos conocido, aunque sólo sea un poco. ¡¡Sois fantásticos!!
Los domingos de comida con la familia política (mis suegros, mis cuñados y mis sobrinas). El hartazgo de comer, los bailes de Tadeo Jones, las discusiones sociopolíticoreligiosodeportivoeconómicas, los juegos de mesa, los cines y la risa maravillosa de los más pequeños cuando están juntos.
Mis dos tocayas, con las que siempre es un placer compartir un momento, una charla, una tarde de piscina, una comida (¡¡y qué comidas!!)…
Mis padres, a los que,  por supuesto, adoro y que no me esperan en Madrid, porque van conmigo a donde quiera que yo voy.
mis muchos amigos y familia de fuera – a los que no voy a enumerar porque ellos ya saben quiénes son, puesto que no han sido pocas las veces que les he dicho cuánto les quiero y lo importantes que son para mí – desde luego pueden seguir contando conmigo como siempre y sé que seguiremos compartiendo momentos únicos e inolvidables. (A algunos amigos de Madrid, les incluyo en esta lista, porque creo que les veré más por Roma).
Gracias a todos por contribuir a que, por muy buena que sea la aventura que hoy inicio, (que eso espero), vaya a echar muuuuucho de menos mi vida en Madrid.
PD: Si me he olvidado de alguien, que me perdone, y que se de igualmente por aludido.
PD2: ¡¡¡Ay, qué ñoña me estoy volviendo con la edad!!!