De terrazas

A esta hora, al borde de la medianoche, llego un poco tarde a mi cita de hoy, o un poco pronto a mi cita de mañana, como esos relojes que abundan en las calles romanas y que nunca dan la hora correctamente, siempre adelantan o atrasan…nunca se sabe. Como la propia Roma, que a veces es esplendorosamente antigua y otras angustiosamente anticuada. Que a veces da muestras de gran modernidad y otras presume de lo peor del progreso. Como yo misma, que tantas veces soy como dos… 
Mi terraza desde la cocina
Mi terraza desde la cocina
Hoy, día de terrazas. Comida en la terraza de mi casa y cena en la terraza del Instituto Cervantes. Atardecer con más nubes que estrellas y la noche que, ya con el otoño acechándonos, nos obliga a usar cazadora. Charla amena y un par de copas de cartizze prosecco (mi alternativa al prozac o un buen vino espumoso italiano).
Todo es poco para auto-ayudarme a aprovechar con honores mi curso acelerado de “vida en sociedad, cómo hablar de esto y aquello y sonreír al mismo tiempo” (¡¡os sentiríais tan orgullosos de mí!!). Aunque es probable que sea más sociable de lo que pensaba y que en el fondo de mi, sí que crea que la vida social es directamente proporcional a la felicidad. Pero sólo quizá.
Por otro lado debo reconocer que a mí – que no me gusta dejarme llevar por un entusiasmo que puede ser precipitado – me cuestan mucho estos primeros momentos, sobre todo en una ciudad tan grande como Roma, pero con un círculo “español” tan pequeño,  en los que inevitablemente te influyen los dimes y diretes e incluso, los recuerdos de una tercera persona que alguien te pueda generar (tanto para bien, como para mal). Pese a ello intento sacar mis propias conclusiones con paciencia, atendiendo un poco a todo pero, sobre todo, dejándome guiar por mis vibraciones porque, como decía Phil Collins, Though we might hate to admit it, there are always both sides to each story, es decir queaunque nos duela admitirlo, siempre hay dos lados en cada historia. 
  

Autor: elenabalo

Medio berciana, medio castellonera. Criada como barberense y crecida como villaodonesa. Y ahora mismo ejerciendo de romana. Soñadora vehemente, vividora pragmática. Unos ratos ingenua y otros escéptica. Hija imperfecta, madre impaciente, compañera indómita, amiga irregular. Culé. Viajera y enamorada de Roma.

8 comentarios en “De terrazas”

  1. Es muy mona la terraza, me gusta. Podrías colgar fotos de la casa, para que la podamos ver no? Sin que usurpemos tu intimidad, claro!!!

  2. Es la terracita de tu casa??? Que chuli!!!!
    Si te sirve un poquito de consuelo aqui parece que también ha llegado el frio sobre todo por las mañanas cuando estás en la puerta del cole, aunque como tengo que luchar para que entre sin llorar al final me voy acalorada!!! Besitos

  3. ojiplática y boquiabierta me tienes.
    Yo iba a hablarte también de la terraza (que buena pinta!) mira para que estamos los amigos tu hablando de como vas a enforcar el acercamiento a las personas que te van presentando y todas ahí como “lobas” nos hemos quedao colgadas de la terraza. Me parece muy bien que intentes sacar tus propias conclusiones, aunque te auguro una ardua tarea en el país de los borgia

    1. Tú sí que me has comprendido, (lo has calcao con lo de los Borgia) algo así es lo que yo quería transmitir, pero sin decirlo explícitamente, que luego todo se sabe. Sobre la terraza, pues no os preocupéis, que como le decía a Marian, algo más de salsilla os iré dando para satisfacer vuestros espíritus “cotillas”…

  4. menuda terraza!ya me veo ahi desayunando…ummm.me dejas sorprendida!,gratamente sorprendida de este cambio (o igual no es tal cambio sino algo q estaba en ti y no nos mostrabas o sabiamos verlo)grato cambio q veo en ti:tomando copas y relacionandote en la “alta sociedad”baby.de mayor quiero ser como tu.besotes

    1. Vete reservando los billetes y yo te voy comprando productos italianos de calidad para que desayunes a todo tren en la terracita. A mí no me preguntes, directamente me dices día y hora para ir a recogerte/os al aeropuerto. En cuanto a lo otro, pues no te creas que es oro todo lo que brilla, en el fondo sigo siendo yo.

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