El cepo

Viernes. Once y media de la noche. De vuelta de un “coctail de trabajo”. Y el coche con un cepo.
Viendo lo que uno ve en Roma, en cuanto a tráfico se refiere, el que en esa calle sin salida todos los coches a uno y otro lado tengan el cepo puesto, llama la atención, pues ninguno molesta, ni siquiera perturba el posible paseo del peatón. Sin embargo, así es.  Medida recaudatoria, que se suele decir, supongo.  
LLega el coche de la Policía local de Roma. Un Smart blanco y negro. De él salen dos mujeres policías, una rubia, con mala leche y otra morena  y más comprensiva.
– Nos han dicho que les han puesto un cepo con la matrícula diplomática. – dice la comprensiva.
– Sí, así es.
– ¿Y dónde está la matrícula diplomática? Yo sólo veo una matrícula española.
– Sí, bueno, está aquí … – señala el cristal de la luna delantera – Es que aún no la he puesto.
– Ah, vale…bueno…esto… – parece dudar – ¿Tiene documentación que acredite su condición de diplomático?
– Sí claro, espere… – ahora el que parece dudar es él – ¿dónde tengo la cartera? eeemmm
– Bueno, deme los papeles del coche, por favor.
– Uy, pues eso sí que no lo tengo – la rubia comienza a resoplar y un vaho espeso sale de los orificios de su nariz en la fría noche romana. – Es que los saqué cuando me dieron la matrícula diplomática y me los he dejado en la oficina.
Y yo, mientras intentaba desbloquear el móvil y escuchaba esta conversación in situ, pensaba que la historia debería acabar con él diciendo: perdone que no pueda firmar bien pero es que estoy borracho, aunque no se preocupe demasiado, porque el coche ni siquiera es mío…
Pero por sus obras les reconoceréis, y los que le conocéis a él y a sus “obras” no necesitáis más datos. Cómo al final consigue con una sonrisa y con un par de preguntas tontas desmontar al que tiene delante y conseguir que nos quiten el cepo gratis, que no nos pongan ninguna multa y que nos dejen irnos a casa, son misterios insondables de esos que a veces tiene la vida.

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Autor: elenabalo

Medio berciana, medio castellonera. Criada como barberense y crecida como villaodonesa. Y ahora mismo ejerciendo de romana. Soñadora vehemente, vividora pragmática. Unos ratos ingenua y otros escéptica. Hija imperfecta, madre impaciente, compañera indómita, amiga irregular. Culé. Viajera y enamorada de Roma.

4 comentarios en “El cepo”

    1. Ya ni me sale humo…simplemente espero. Si veo que la cosa se tuerce, cogemos el petate y después ya me toca a mí utilizar la inteligencia y las dotes burocráticas para salir del paso (:D)

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