Luces y sombras

Me aferro a los clásicos y digo…”hoy tengo un día de esos en que mandaría todo a hacer puñetas, en que firmaría con gusto el acta de mi rendición”.
Y es que hoy pido licencia para escribir un mail protesta y quejarme de una manera contundente de los italianos. En primer lugar, porque estoy harta de que me abronquen. Y aquí hago un apunte lingüístico, porque abroncar es una palabra que suena dura, agresiva, que parece casi un insulto. Así que podríamos decir que es una palabra sincera, porque suena como es. Y no como los italianos que faltan a sus propias promesas con sangre fría y gran desconsideración. Y, por más que lo intento, no lo entiendo Porque de repente un día te encuentras con un italiano y te dice “¿Hacemos tal cosa?”. Y tú, inocentemente, dices “Sí, claro, ¿cuándo?”. “¿Pasado mañana?” – preguntan, aunque en realidad afirman, mientras parecen revisar mentalmente su agenda. Y tú, al tiempo que de verdad echas una ojeada mental a tu agenda, exclamas “Estupendo”. Y hasta aquí te he visto. Pueden pasar semanas hasta que te vuelvas a encontrar con esa persona que, como si nunca antes hubieseis hablado, vuelve a repetir casi al dedillo la misma conversación. Pero tú  después de tropezar varias veces con la misma piedra, al final aprendes, te vuelves un descreído y lo que es peor, a veces, incluso sarcástico. En fin…vuelvo a aquello de lo que estaba hablando: las broncas. Y es que, desde que estoy aquí me han reñido ostensiblemente por cosas tan variopintas como: Entrar en una iglesia y no persignarme, visitar un museo y que el niño tocase (levemente) la cuerda que separa la zona donde no se puede pasar, por aparcar con coche diplomático en una zona para coches diplomáticos, por pretender tocar un vestido en una tienda de ropa, por señalar durante unos doscientos metros un giro a la izquierda en bici y luego, osada de mí, pretender hacerlo.
¡¡¡Y hoy ya estoy harta!!!.
Las luces y sombras de Roma.
Las luces y sombras de Roma.

 

Autor: elenabalo

Medio berciana, medio castellonera. Criada como barberense y crecida como villaodonesa. Y ahora mismo ejerciendo de romana. Soñadora vehemente, vividora pragmática. Unos ratos ingenua y otros escéptica. Hija imperfecta, madre impaciente, compañera indómita, amiga irregular. Culé. Viajera y enamorada de Roma.

2 comentarios en “Luces y sombras”

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