Caponata de despedida

Van cayendo las hojas del calendario y seguimos con más despedidas. Por la mañana de Villa Ada (uno de nuestros tres parques, junto a Villa Glori y Villa Borghese) y del barrio, probando cosas nuevas hasta el último día, en este caso, comiendo en el restaurante La Pariolina, una Caponata, que no es otra cosa que un pisto siciliano, al que además de berenjena, calabacín, cebolla y tomate, le añaden alcaparras y aceitunas, con lo que sabe mucho más intenso. ¡Está buenísmo!
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Por la tarde, en casa de la familia hispano-francesa de una amiga de la rubia, entre Prati y Monte Mario (al noroeste de la ciudad). De regreso a casa, finiquitando las maletas, me he preguntado si la vuelta a Roma después de las vacaciones, ahora que hay cosas (y personas) esperándonos aquí, será más fácil o más difícil…

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Aperitivo español

Ya sé que os lo he dicho muchas veces y que me repito hasta la saciedad pero, para compensar todas las cosas buenas – o incluso buenísimas – que tiene ser de dos (o más) sitios, hay una mala a la que nunca terminaré de acostumbrarme…el que al final no eres de ninguno y siempre terminas añorando aquel en el que no estás.
Y es que hoy, despidiéndome de la gente (de algunos para siempre), dando besos y buenos deseos, regalándoles a dos franceses, un italiano y una belga una cena de tapeo a la española, sintiéndome, en suma, como en casa, he pensado que me daba pena volver a España. Ya ves tú, la mitad de los días suspirando por las esquinas, acordándome de mi gente y mis lugares españoles, para que luego, dos días antes de coger el avión, me pase esto…

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Y es que esto, tiene un punto mágico, un ligero margen de irrealidad, que hace que, pese a todo, la vida parezca más fácil, como un teatro donde aunque no te sepas el papel no pasa nada, todo se soluciona, entre risas, de una manera u otra. Así me siento, cuando intento comunicarme en mi precario italiano, y me doy cuenta de la importancia del lenguaje, como a más amplitud de vocabulario, más complejidad puedes mostrar con tus pensamientos, por eso, puedo asegurar que mi yo italiano es de lo más simple, incluso aunque me haga pasar por sorda para suplir mis evidentes problemas de comunicación 🙂
Echaré de menos el verano romano y a nuestros (casi) amigos romanos…pero eso sí, desde España.

Garbatella

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Cuando uno viaja a Roma, lo normal es que se quede en el centro histórico, sobre todo cuando hablamos de una ciudad como Roma, llena de mil rincones que pueden merecer en un momento dado nuestra atención. Pero cuando uno vive en Roma, debe comenzar a ir un poco más allá, a descubrir otros lugares, a atreverse a cruzar la frontera. Así, un día, por recomendación de la belga, buscándolo, pero sin encontrarlo del todo, me adentré en territorio hasta el momento desconocido, para llegar hasta Garbatella, un barrio que está cerca de la Basílica de San Pablo Extramuros.
Por lo que me han contado, el concepto inicial del barrio, a principios del siglo pasado, era alojar a familias obreras, inmigrantes nacionales y a mujeres en situaciones difíciles, construyendo viviendas individuales y agrupadas, pero con huertos traseros, que facilitasen la economía familiar. Este tipo de construcción hacía que las relaciones sociales (de solidaridad) se mantuviesen, asemejándose a las de los pueblos. Con la llegada del fascismo y la necesidad de alojar aún a más inmigrantes que llegaban a Roma de todas partes de Italia, la idea varió ostensiblemente, de manera que comenzaron a construirse pisos en altura, pero con zonas comunes utilizadas como tendedero o guardería, aunque ya sin zonas verdes privadas. Esto es un poco lo que hoy en día se mantiene, grandes edificios, unidos por patios escondidos, que guardan secretos, como el de algunas trattorias dignas de probarse.
Una cosa que ha caracterizado a este barrio, especialmente desde los años 60 es su lucha vecinal, bien organizada y capaz de ganar importantes batallas al ayuntamiento (del que consiguió cuantiosas inversiones para rehabilitar los edificios históricos del barrio) e, incluso, a los bancos (por ejemplo evitando expropiaciones con fines claramente especulativos). Por eso desde siempre se ha considerado un barrio “rojo” y obrero.
Actualmente es un barrio en transformación, referente cultural, pues se encuentra aquí la tercera universidad de Roma y también con infinidad de locales de música y teatro. Es un sitio curioso, con bastante chispa, como ya describía Nani Moretti hace unos años en su película “Caro diario”. Ahí os dejo un fragmento:

 

La marabunta

Rectificación, he de añadir una cosa más que no me gusta de Roma: los bichos. Y es que no sé si os he hablado alguna vez de esos mosquitos gigantes que a media noche vienen a silbarte al oído todas las picaduras con las que te vas a levantar al día siguiente. Son horribles. Pero hoy tengo algo más por lo que preocuparme…las hormigas. Y es que tengo una auténtica marabunta en el salón. Creo que pocas veces había visto tantas hormigas juntas. Las hay de todo tipo, chiquititas, grandes, aladas… ¿veis? Desventajas de la terracita. En todo caso, y ante esta emergencia, hoy más que una entrada contando las bondades de Roma, pido auxilio y trucos para acabar “limpiamente” con ellas. Todo consejo será bien recibido. Gracias.

Las cosas que me gustan de Roma (año 1)

Ya a martes, con sólo 4 días por delante para comenzar las vacaciones, 4 días llenos de espectáculos infantiles y de despedidas. Pero antes de decir “A presto, Roma” (hasta pronto, Roma) os dejo esas cosas que me vuelven loca de esta ciudad, para que veais que lo bueno siempre pesa más: 
1. La ciudad: las calles estrechas del centro, las fuentes, el Pantheon, el Coliseo, el río, el Trastévere…Con sus posibilidades infinitas de pasear, de descubrir y de ver arte.

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2. La comida: la pasta, la pizza, el tiramisú, el helado…pero también las alcachofas, la flor del calabacín, la salsa de tomate…¡¡Qué rico todo, qué despropósito para aquellos a los que nos gusta comer mucho y bien!!

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3. El clima: Ese sol que, como en España, da brillo e ilumina todo. Además nunca hace demasiado frío, lo que permite que se pueda “vivir” fuera de casa prácticamente todo el año: comer en una terraza, pasear, disfrutar de sus zonas verdes…

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4. Y precisamente son sus zonas verdes otra de las cosas que me encantan de Roma: sus parques como Villa Borghese, Villa Ada, Villa Glori, Villa Doria Pamphilj, Villa Torlonia…

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5. Los negocios: Me gusta que no tengan grandes superficies y abunden los pequeños comercios cada uno con sus productos y su trato personalizado. Que la variedad de productos y de precios sea tan grande. Que aún existan los pequeños cines de barrio.

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6. La cultura deportiva: Supongo que es efecto del culto al cuerpo, pero me gusta ver a gente caminar, correr, montar en bicicleta, patinar, aprovechando cualquier momento y cualquier lugar.

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7. Algunas cosas de algunos italianos. Y sí que es verdad que la gente en general, en cuanto te conoce, te habla, cuenta contigo, se da, te echa una mano, te ayuda, te hace parte de su vida.

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Por todo eso, Roma no es perfecta, pero es maravillosa, para estar un día, una semana, un mes, un año, cuatro…o toda la vida. Así que mañana vuelvo con más aventuras de estos capitolinos en Roma, porque mientras dure la vida, que no pare el cuento.
 

Las cosas que no me gustan de Roma (año 1)

Anuncio que esta serie ha entrado en la última semana antes de dar por finalizada su primera temporada y, consecuentemente, tocan capítulos de resumen y balance, lo mejor y lo peor de vivir en Roma. Hoy, para quedarme siempre con buen sabor de boca, comenzaré por las cosas que menos me gustan de Roma:
1. El tráfico sobre todo y ante todo. Es desesperante ver como los coches, las motos y los peatones se cuelan por cada esquina, como paran en medio de la calle sin preocuparse por quién viene detrás, como no respetan las señales, como te echan la bronca por parar en un paso de cebra o por intentar aparcar bien. No, no conducen rápido en Roma, conducen mal. Muchas veces  el tráfico romano me hace sentir como en un día de furia.

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2. La suciedad. Es una ciudad muy sucia, no es extraño ver las papeleras rebosantes, restos esparcidos en los jardines del centro…Y creo que es consecuencia de la general falta de civismo. Aquí he visto cosas que hace años que no veo en España, como en medio de un atasco, abrir la ventanilla del coche y tirar una lata de cocacola y una bolsa de patatas por ella. Pero con falta de civismo, no hablo sólo de la suciedad, también de esa palabra que no existe en el idioma italiano “fila”…¡¡¡cuántas veces me he quedado con ganas de cantarle las cuarenta a alguien, cuando se me ha colado en el súper o en el cine, con absoluta normalidad!!!. Ha sido por falta de vocabulario, no de ganas, porque no puedo con ello…  
Villa Borghese.
Villa Borghese.
 3. El estado de las calles y las carreteras. También el de los trenes y los metros. Arte urbano todo…
Calle en el barrio de Parioli, lo que vendría a ser Serrano.
Calle en el barrio de Parioli, lo que vendría a ser Serrano.
4. Las italianas escuálidas y recauchutadas, con pómulos y labios de catálogo. Esas que yo veo casi todos los días por el colegio o por el barrio, esas mismas que tanto le gustan a Berlusconi e inundan la televisión italiana (que es otro de los puntos negativos del país, pues hay que decir que es bastante peor que la media mundial, España incluida).

5. La lluvia de verano, de otoño, de invierno y de primavera. Esa lluvia torrencial, más semejante a la de algún país tropical que hace que el infernal tráfico sea aún peor.

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6. Algunas cosas de algunos italianos. Y es que…no se puede ser perfecto. Aunque ellos parece que no lo saben. Porque si alguien puede serlo, esos son ellos…¿o tal vez no?. Y es que muchos mitos sobre los italianos siguen vigentes casi un año después: su culto obsesivo por la imagen, su orgullo de todo lo italiano (todo lo suyo es lo mejor: comida, aceite, vino, ropa, fútbol…), y también esa necesidad de que el visitante caiga rendido a sus pies y a los pies de su ciudad (en este punto diré que tampoco me gusta que para ello propongan cosas que no tienen la intención de hacer).
Y aquí lo dejo, no sé si después de diez meses intensos, 6 cosas negativas son muchas o pocas, pero son las primeras que se me han venido a la mente cuando he pensado en lo que no me gusta de vivir aquí (aparte de las más obvias y sentimentales). Y aquí las dejo para que se quemen con todo lo malo en esta noche de San Juan. En todo caso, supongo que cuando llegue el capítulo “Cosas que me encantan de vivir en Roma”, comprobaréis que casi todo lo bueno compensa con creces a lo malo. 🙂