Baladin

Baladin es una cervecería que está en el centro de Roma, en la Vía degli Specchi, muy cerca de Campo di Fiori. El sitio lo encontré buscando en una especie de guía del ocio local y debe estar de moda, pues para ser un domingo de agosto y a la hora de comer, estaba repleto. Tiene tres salas, todas ellas eclécticas y funcionales, y una barra decorada con grifos y botellas de todas las cervezas que ofrecen, que no son pocas. Cada cerveza cuesta 5 euros. El menú de la comida no es tan largo como el de las “birras”, y se limita a hamburguesas, sándwiches, ensaladas y chips con tomate (ambos caseros), pero está todo bastante rico. 
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Eso sí, tal y como pone el cartel, los gritos, el barullo, las declaraciones de amor y el ruido de cualquier tipo los dejamos para el campo o para casa, que aquí luego los vecinos protestan…problemas típicos de los barrios céntricos de cualquier ciudad europea. Otros los tienen peores.
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Y de barrio en barrio, después de comer nos fuimos del centro histórico hasta Tuscolana para ir al cine. No tengo fotos, lo siento, no me he sentido inspirada más que para buscarle parecido con algún barrio madrileño…¿Es Tuscolana como Carabanchel?

De lagos y decisiones

A veces, pequeños detalles te enseñan grandes verdades. Verdades, por otra parte, que tal vez no quieras ver. Así hoy, hemos ido al lago Martignano con una familia francesa, era nuestra tercera vez allí, porque es un sitio, como ya os he dicho alguna vez, de tal belleza y encanto que hace que te sientas en paz con el mundo. En fin, a lo que vamos. Era nuestra tercera vez allí y nunca, nunca, nunca, nos habíamos dado cuenta de que hay tres playas en el lago. Siempre, siempre, siempre hemos ido a la misma. ¿Cuántas veces pasamos por encima de las cosas sin prestarles toda la atención que se merecen? ¿por qué nos quedamos en nuestra área de confort tan fácilmente, sin arriesgar algo que ni siquiera es verdaderamente nuestro, en pos de algo que puede ser mejor?

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Cambiar para seguir igual

Es fantástico regresar a Roma y tener la agenda llena de planes, confirmar que las vacaciones sólo han sido un paréntesis, un punto y seguido, donde todo continúa donde lo dejamos. Los desarraigados del mundo seguimos unidos, probando a ver si esa casualidad o fuerza mágica que nos ha hecho coincidir en el mismo momento y en el mismo lugar es lo suficientemente fuerte como para convertirnos en algo más. Son curiosos los hilos de la amistad…la cantidad de gente que pasa por tu vida y las circunstancias que hacen que permanezcan o no en ella.  
Así que (casi) todo sigue igual a este lado del Mediterráneo, aunque algunas (pocas) cosas han cambiado, por ejemplo, éstas son las vistas desde la terraza del nuevo despacho de maridísimo…¡¡vaya lujo!!

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Y otro de los lujos gratuitos que uno puede darse en Roma, es hacer un picnic en uno de sus parques. De hecho, estoy pensando seriamente comprarme un kit de picnic. Sería bonito tener una de esas preciosas cestas de mimbre clásicas que se abren dando paso a un mantel de cuadros y a todo un conjunto de vasos y cubiertos de porcelana, ¿verdad?, aunque creo que lo más práctico será una nevera picnic (por cierto…¡mi cumpleaños es dentro de un mes!!). Hoy el picnic ha sido con la familia de una de las amigas de la rubia en el parque de Doria Pamphilj. ¡¡¡Una maravilla como siempre!!!

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Il Vittoriano

En 1878 murió el rey Vittorio Emanuele II, el primer rey de la Italia unificada, y ese mismo año se decretó por ley la construcción de un monumento a su memoria que, finalmente, se inauguró en 1911, y que se conoce con muchos nombres, entre otros, el Vittoriano, la máquina de escribir o la tarta de boda (por su brillante color blanco, propio del mármol con el que está construido). Ha sido desde el principio un lugar polémico, pues al hecho de que para construirlo se tuviese que destruir un barrio medieval, se unió lo excesivo de su apariencia.
En mi caso, la verdad es que este monumento que ocupa una parte importante de la Piazza Venezia y que esconde parcialmente el Campidoglio, nunca había llamado lo suficiente mi atención como para querer entrar. Sin embargo hoy, no sé por qué, se me ocurrió que podíamos subir hasta su terraza para reencontrarnos desde la altura con la ciudad.  

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Y la verdad es que nos ha sorprendido. Es un buen lugar para iniciar una visita a Roma, pues permite ver tridimensionalmente el mapa de todo el centro histórico. Por un lado, justo por encima de la enorme estatua de Vittorio Emanuele II (sus bigotes miden dos metros), miras hacia el norte, donde ves de frente el tridente (vía del Corso, vía Babuino y vía Ripetta) hasta llegar a los jardines de Villa Borghese.
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Al oeste (o a la izquierda) se ve el Vaticano e incluso, al otro lado de una de las esculturas de la diosa Minerva conduciendo una cuadriga, se puede apreciar Santa María del Trastévere. Si cambiamos de lado en la terraza y miramos al sur, no puedes evitar perderte en los foros y llegar con la vista hasta el Coliseo.

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Creo que también tiene un museo, pero hemos llegado a última hora y no hemos podido ver mucho más. En todo caso, y pese a que el personal no es demasiado amable, si yo acabase de llegar a la ciudad, haría el esfuerzo de pagar los 7 euros que cuesta el billete del ascensor (¡venga, hombre, que si no os lo vais a gastar en helados y va a ser peor!) y subiría a sentirme el verdadero Rey de Roma.

Volar a Roma

Se llega a Roma en avión. Se llega a Roma en barco. Se llega a Roma en tren. Se llega a Roma…siempre, porque ya sabéis a donde dicen que conducen todos los caminos. Y así, después de casi dos meses, retorno a Roma, con pena, pero también con ganas. Con ganas de comenzar otro nuevo curso, de enfrentarme a todo aquello que se me resistió o que se me quedó pendiente el curso pasado, con ganas de seguir descubriendo Roma y, sobre todo, de poner el marcador a cero y dar comienzo a la segunda temporada en esta ciudad que es ahora la mía.
Para llegar a Roma en avión desde Madrid, se pueden utilizar varias compañías de vuelo: Ryanair, Vueling, Air Europa, Alitalia e Iberia. Si yo pudiera elegir, escogería siempre ésta última, aunque las mejores ofertas las suele hacer Ryanair. En realidad, no hay mucha diferencia, pues ninguna compañía ofrece nada especial, al fin y al cabo se trata de un vuelo de sólo dos horas y media, aunque hoy por ejemplo, en Iberia, nos dejaron entrar en la cabina de mandos (¡lo que no consigan la rubia y el ojazos!).
Luego en coche formando parte del relajado tráfico estival, para llegar otra vez, atravesando las calles ya conocidas, a casa y ver que, aunque cada mes nuestra cuenta corriente se resienta al pagar el alquiler, al menos el propietario de la casa nos ha hecho las reformas que le habíamos pedido e, incluso, nuestros pequeños naranjos, que se habían contagiado de una plaga en junio, han revivido con más fuerza que nunca…

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Y hablando de los propietarios y de mi jardín os contaré una pequeña anécdota. Y es que, mientras estábamos fuera, los propietarios han hecho que “su” interna viniese, cada noche, a nuestra casa a regar. Así todos los días sobre las nueve o las diez de la noche, la señora venía y se pasaba su buen ratito riega que te riega. Incluso, estos últimos diez días, con maridísimo ya en Roma, la señora ha seguido viniendo a regar y limpiar la terraza, eso sí, en estas ocasiones, antes, asomaba muy educadamente su cabecita por la ventana del salón para saludar a maridísimo (que, desde ya os digo, no estaría muy “presentable”, pero bueno). En fin, pues resulta que esta especie de dádiva especial tenía fecha de caducidad y esa fecha era, nada más y nada menos que…¡¡mi llegada!!. Vamos, con el hombre no, pero estando ya la mujer en la casa, que riegue ella si quiere…¡¡¡qué re(dis)gusto volver!!! 😛