La posta

Hoy os contaré una de romanos…
Y es que, como ya os adelanté hace unas semanas, con ese amor-amor que los que me conocéis sabéis que siento por maridísimo, aunque a veces no se note, me matriculé con él en la universidad y hoy era el último día de plazo para enviar la documentación de la matrícula, así que…ya he echado la mañanita.
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Sobre las doce me llama maridísimo desde la oficina central de correos, acaba de coger número, tiene el 234 y van por el 119…¡¡horror!!. Salgo corriendo con la mamma y los bambini hasta la oficina más cercana a mi casa. La cosa pinta mucho mejor, cojo número, el 92, aunque la pantalla indica que aún van por el 75. Diecisiete números en conversión tiempo: hora y cuarto. Tras 55 minutos esperando, en la pantalla, por fin, sale mi número: el 92. Me acerco a la ventanilla y al decir que la carta es certificada, me dan los documentos para rellenar y me piden que me aparte. Siguen atendiendo. Yo relleno con premura los certificados, cosa que, por cierto, podría haber hecho en el tiempo (interminable) en que he estado esperando, pero no…te los tienen que dar ellos. Pues muy bien. Y allí, con mis papeles ya rellenos, tengo que esperar que atiendan al 93 y también al 94, para luego, por fin, cuando ya solo quedaba otra persona en la oficina, ser atendida…¡¡viva la organización italiana!!.
Todo esto no me debería pillar por sorpresa, pues ya la útima vez que vine a Roma como turista, hace exactamente cuatro años tuve una experiencia paranormal con la posta italiana. En aquella ocasión, un día 2 de enero, paré en una oficina de correos cercana al Vaticano para comprar unos sellos, con el “stupefacente”  (sorprendente) propósito de enviar unas postales y…¿sabéis lo que me dijo el funcionario de correos? ¡¡¡qué no tenían sellos!!!. ¡¡¡En una oficina de correos…no tenían sellos!!!.
Y sí, sé que todo esto no os importa nada pero…¡¡de alguna manera tendré que desahogarme con la que está cayendo!! 🙂

Autor: elenabalo

Medio berciana, medio castellonera. Criada como barberense y crecida como villaodonesa. Y ahora mismo ejerciendo de romana. Soñadora vehemente, vividora pragmática. Unos ratos ingenua y otros escéptica. Hija imperfecta, madre impaciente, compañera indómita, amiga irregular. Culé. Viajera y enamorada de Roma.

2 comentarios en “La posta”

    1. Yo me puse a despotricar…en español ¡claro! para que no me entiendan…te sirve como válvula de escape, pero en realidad no sirve para nada.

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