La Guardia Suiza

Fue el Papa Julio II, el mismo que mantuvo sus más y sus menos con Miguel Ángel a cuenta de su mausoleo y de la Capilla Sixtina, el que el 22 de enero de 1506 recibió a los primeros 150 miembros de su propia seguridad personal, la Guardia Suiza. ¿Por qué Julio II decidió que fueran soldados suizos? Porque eran los mejores mercenarios de su época.
La Guardia Suiza se ganó definitivamente su puesto, cuando durante el saqueo de Roma de 1527 por parte de las tropas de Carlos I de España y V de Alemania, los guardias que quedaron tras la refriega inicial, consiguieron poner a salvo al Papa Clemente VII en el Castell de Sant´Angelo.
Su momento más duro, su refundación, fue ya en el SXX, cuando el Papa Pio X estuvo a punto de deshacerse de ellos, después de que pidiesen un aumento salarial. Al final optó por mantenerla, pero con un buen lavado de cara, hecho por Jules Repond.
Actualmente los guardias suizos deben ser  hombres (no aceptan mujeres), fieles católicos, tener entre 19 y 30 años, medir más de 1.74 y no estar casados. Bueno, lo del celibato no es indispensable, pero sí recomendable. De hecho si tienen graduación, más de 25 años y más de tres de servicio, obtienen el permiso para casarse. La actual Guardia Suiza la componen unos 100 soldados que, aunque no lo sé por experiencia propia, estoy segura de que deben ganar mucho cuando se quitan su estrafalario uniforme. Sobre el uniforme hay controversias y aunque la leyenda diga que los diseñó Miguel Ángel, la verdad es que las bandas amarillas y azules de los trajes están ahí porque eran los colores de la familia Della Rovere, la familia del Papa Julio II. Y el rojo es el color de la dinastía Medici, familia del Papa Leon X.
En los valles suizos parece ser que es un orgullo ir a la Guardia y además facilita encontrar un trabajo a su vuelta por aquello de haber vigilado al mismísimo Papa. Pero también hay capítulos oscuros dentro del cuerpo, como las rencillas que tienen con la policía italiana, su dudosa eficacia (a juzgar por el atentado que sufrió Juan Pablo II), el despido reciente del comandante jefe (Daniel Rudolf Anrig, que no ha sido prorrogado y que hoy finaliza su trabajo), alguna que otra extraña muerte (dos asesinatos y un suicidio supuestamente pasionales en 1998)…
Os dejo un vídeo con el cambio de guardia.

Iglesia de San Agustín

El otro día, hablando de Fiammetta, os dije que algún día os llevaría hasta la Iglesia de San Agustín, que se encuentra muy cerca de la Piazza Navona. Y hoy es ese día.
Una de las cosas que más me fascinan de Roma es la oportunidad de abrir una puerta y encontrarte un tesoro. A veces no hace falta ni abrir la puerta. En el caso de las Iglesias, algunas tienen tantas cosas que, más que serenarte el alma, te dejan allí en medio, totalmente desbordado. Pero este no es el caso, porque ésta sí que es una de esas iglesias que te apacigua.
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 La fachada de la iglesia se hizo en el año 1483 con mármol sacado del Coliseo. Dentro, de entre todas las obras que llenan la iglesia, y aunque existe un cuadro de Rafael, la más importante es la Virgen de Loreto de Caravaggio. En cuanto a esculturas, hay dos obras muy destacadas, la Virgen y el Niño y la milagrosa Virgen del Buen Parto.

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En la capilla de Santa Mónica, madre de San Agustín, además de la santa, están enterradas Fiammetta y la Contessina de Mèdici, supuesta amante de Miguel Ángel.   

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Antonio al Pantheon

Hoy es jueves. Frío, mucho frío por la mañana. Un grado bajo cero a las ocho. La temperatura más baja que he visto desde que vivo en Roma. Y al mediodía ha comenzado a llover. Pero seguía siendo jueves. Día de comer por el centro con maridísimo. Hoy, aconsejados por Javier Reverte (indirectamente ¡claro!, a través de la lectura de su libro sobre Roma) fuimos a comer a la trattoria da Antonio, muy cerca del Pantheon.
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El local es apenas una sala y allí están Antonio, su mujer y su hija, que te recibe con una sonrisa de oreja a oreja, como si se alegrase mucho de verte, aunque jamás hayáis coincidido. El local, como ya he dicho, es pequeño y muy lleno de cosas curiosas, algunas antiguas y otras simplemente viejas, pero la mezcla, junto a la luz de las velas, le da un ambiente acogedor y cálido, difícil en un día como hoy.
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La comida bastante rica…para muestra un par de botones: pasta a la trufa negra y pasta de Antonio (con setas, flor de calabacín, anchoas y queso). Pese al tamaño generoso de las raciones, no me ha dado tiempo a sacarle la foto al tiramisú casero y de tamaño familiar, cocinado por la mujer de Antonio.
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¡¡Sí, somos unos tragaldabas y, en general, con poco criterio, pero el sitio creo que está bien y es recomendable, sobre todo para estar por el centro, donde abundan los establecimientos donde se come regular!!

La Fiammetta

Hoy os voy a hablar de una de las pocas – sino la única – plaza del mundo que lleva el nombre de una prostituta: Fiammetta (Llamita…muy propio).
La Piazza Fiammetta se encuentra muy cerca de Piazza Navona y se llama así porque allí está la casa de esta famosa meretriz medieval. ¿Es bonita? Pues no especialmente. De hecho no creo que llamase la atención si no fuese por la historia que guarda.
La dama fue Fiammetta Michaelis, una cortesana florentina que vivió en Roma en el S.XV y que fue amante de muchos hombres, entre ellos César Borgia, hijo del Papa español Alejandro VI y hermano de la legendaria Lucrecia (Borgia ¡claro!). César era un buen representante de los políticos (no sólo) de su época: intrigador, cruel y ambicioso, y en parte inspirador de “El príncipe” de Maquiavelo. Era conocido como “Il Valentino” por ser duque de Valentinois y de hecho la Fiammeta firmaba como “Fiammetta, del duque de Valentino”. Protegida por él y agasajada con diferentes propiedades, terminó siendo muy respetada popularmente y, como otras prostitutas famosas de la época que también contaban con respaldo principal, fue enterrada en la capilla de Santa Mónica, en la iglesia de San Agustín (de la que os hablaré otro día).
¡¡Personajes curiosos de Roma!!

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Cómo son los italianos

Hoy una tontería que me mandaron ya hace tiempo…¿cómo vemos a los italianos?
como ven a los italianos
Parece que los alemanes les ven como unos locos al volante, los españoles como unos seductores, los ingleses como unos devora-pastas, los brasileños como gente muy apegada a su numerosa familia, para los franceses son  guapos y sonrientes, y ellos mismos se ven como los campeones del mundo y…¿sabéis quién tiene razón? ¡¡TODOS!!.
Porque nunca un tópico se ajustó tanto a la verdad…
Porque sí, en general son gente guapa, o mejor dicho, atractiva, porque para ellos el aspecto físico es fundamental. También son seductores y seductoras, siempre con la sonrisa y la miradita de medio lado. Comen pasta a todas horas, mañana y noche, porque para ellos nada tienen qué ver unos espaguetis con unos fetuccini (¡qué barbaridad! ¿a quién se le ocurre que son lo mismo? – te dirán). Conducen fatal-fatal y me reitero…¡fatal!. Están apegados a sus familias, incluso más que los españoles. Y, para colmo, se creen los reyes del mundo, no sólo en el fútbol.

Mr. Rockwell supongo

Cuando vas a un sitio sin saber lo que te vas a encontrar, siempre te sorprendes. El carácter de esa sorpresa, si es grata o desagradable, es lo que queda por confirmar. Ayer, fuimos a una exposición temporal en el Palazzo Sciarra,  en vía del Corso. La exposición se llama “American Chronicles: el arte de Normal Rockwell”. Ni idea, nunca había oído hablar de él. Y sin embargo…
Todas su obras me resultaban familiares. No conocía las obras concretas, pero sí que he crecido con su estilo. No en vano fue ilustrador durante casi 50 años de la revista Saturday Evening Post e hizo campañas publicitarias impresas para marcas tan americanas como McDonald´s o Coca Cola. 
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Rockwell era un dibujante espectacular, un ilustrador a ratos complaciente y a ratos crítico y mordaz con su sociedad, que no fue ni más ni menos que ésa del sueño americano, pero también la de las guerras mundiales y la de la posterior lucha por una libertad que estaba (y está aún) lejos de conseguirse.
Su estilo es fresco y sin artificio. Es fácil y llega, por sus figuras nítidas y sus colores cálidos. ¡¡Salimos los cuatro encantados!!. Así que si estáis en Roma, tenéis hasta el día 8 de febrero para ver la Muestra. Recomendable.

Porta Portese

El Rastro es el mayor mercadillo ambulante de Madrid. Su equivalente romano se llama Porta Portese y se extiende desde el gran arco que lleva ese nombre, al final del Trastévere, hasta la Pirámide Cestia. Para orientaros un poco sobre este gran mercadillo, os diré que “rastro” en italiano se dice “Mercato delle pulci”, o lo que es lo mismo: mercado de las pulgas. Y es que en este mercado romano, todos los domingos desde que amanece, hasta primera hora de la tarde, puedes encontrar casi de todo, sobre todo pulgas ¡claro!.
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¿Mi opinión personal? No lo he caminado todo, pero me esperaba más. Sobre todo más variedad, pues casi todo lo que he visto eran puestos de bolsos, zapatos, la maravillosa peladora de frutas y verduras…¡poco más!. 
Lo mejor, la pizza que nos hemos metido entre pecho y espalda (o más bien entre abdomen y cartucheras) en la pizzería Dar Poeta, en el Vicolo del Bologna, en pleno Trastévere, un restaurante pequeño, de los de mantel de cuadros…¡¡cómo a mí me gustan!! 

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