Villa Medici

Hoy estuve de excursión con la rubia en Villa Medici, sede de la Academia Francesa que se encuentra en la colina del Pincio, en lo alto de las escaleras de Plaza España, en Trinitá dei Monti, anexo a Villa Borghese. Lo primero que tengo que decir es lo que decía mi abuela “estos niños ya no son como los de antes”. Qué cansancio repetir 26 veces lo mismo “cuidado, de dos en dos, no os separéis, pegaditos a la pared” (bueno, todo esto, pero en mi italiano de batalla, que algunos se me quedaban mirando de una manera que en realidad no sé si era desafío o directamente incomprensión 🙂 )
Al grano, os cuento un poquito la historia del lugar…

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En el S.I dC Valerio Aiático construyó un gran jardín con terraza en lo alto de Trinitá dei Monti, con un templo dedicado a la diosa Fortuna. A Messalina, la mujer de Claudio, le gustó tanto el sitio que quiso quedárselo y ¿para qué pagar por ello si puedes incitar al suicidio al dueño? Pues eso, el pobre Valerio se suicidó allí mismo, en el jardín y Messalina se hizo con la propiedad. La Villa continuó siendo propiedad imperial durante dos siglos más, hasta que llegó Trajano, comenzó a frecuentar otra zona del Pincio y ésta fue adquirida por la familia patricia de los Acili y después de los Pinci (de los que viene el nombre de la colina: Pincio). Luego cerca del lugar se construyó la Muralla Aureliana para proteger Roma de las invasiones bárbaras, y el lugar fue poco a poco abandonándose por ser muy periférico (me pongan dos tan “periféricos” como éste, por favor). Mucho después, ya en el SXVI el cardenal Giovanni Ricci da Montepulciano adquirió el terreno y se hizo construir un enorme palacio residencial utilizando en parte algunos edificios que aún existían (como el templo de Fortuna).
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Pero estas cosas que pasan de vez en cuando, el cardenal se murió y las obras aún estaban sin acabar. Así que fue otro cardenal Fernando de Medici el que compró el terreno. Como buen Medici que era, llevaba en la sangre el mecenazgo y el coleccionismo, así que transformó la residencia en un magnifico palacio, con su galería-anticuario para poner sus obritas de arte, sus fresquitos en la pared y también con  su jardín botánico con plantas y animales exóticos. Entre las obras que hicieron, estuvo el enterrar el Templo de la Fortuna para construir un mirador, el Parnaso, desde el cual, el afortunado Fernando podía gozar de unas vistas maravillosas de la ciudad.
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Pero tampoco Fernando de Medici pudo terminar completamente la obra, porque se fue a vivir a Florencia como Granduque de Toscana. Y, aunque se lo dejó a su sobrino Carlos de Medici, también cardenal, la verdad es que iba poco por allí. Así, a finales del S.XVIII, cuando ya los Medici casi no aparecían por Roma y la Villa estaba abandonada, fue vendida por 80.000 escudos. Eso sí, antes de la venta, todas las obras de arte y objetos de valor fueron convenientemente trasladados a Florencia donde hoy se exhiben en la Galeria de los Uffizi. Y de esta manera fue como en 1803 la Villa terminó siendo cedida a Francia para construir en ella su celebre Academia para deleite y gloria de los romanos de Francia que hoy la usan, entre otras muchas cosas, como palacio de exposiciones. Oh la la, c’est la vie!!!
 

Pascua

Ayer fue Domingo de Ramos y es que aquí, como en España, ya comienza la Semana Santa. Pero casi ni lo notamos porque…no tenemos vacaciones (sólo es festivo el lunes de Pascua), no vemos procesiones (tengo que preguntar si hay algo equiparable en Roma a nuestras procesiones y nuestros pasos, aparte de las misas especiales en el Vaticano) y, sobre todo, no comemos torrijas (aquí hay un dulce de pascua que se llama Colomba, no lo he probado, pero por la pinta creo que es primo hermano del panettone). Por lo menos hace sol y calorcito…

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Albano

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Domingo muy soleado de primavera romana y, como buenos romanos que somos, nos hemos dispuesto a salir de Roma. No hemos sido los más originales, todo hay que decirlo. Los Castelli Romani – los pueblos, montañas y lagos más cercanos a Roma – están a solo 30 kilómetros de la ciudad, pero generalmente no se tarda menos de tres cuartos de hora; hoy, por domingueros, nos hemos chupado hora y cuarto en coche. Eso sí, luego lo hemos disfrutado: la comida con vistas al lago de Albano, la siesta en su orilla con fondo de risas procedentes de los juegos sobre el césped y, por supuesto y para rematar, el helado por el paseo que lo rodea. Un bel giorno!!

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Y la hora del planeta?

Sí, lo sé, la Hora del Planeta es sólo un gesto, un pequeñísimo gesto, un alivio a media luz que, de forma festiva, pretende incidir en el maltrato continuado al que se ve sometido el planeta. “Yo no puedo hacer nada” – decimos todos. Y efectivamente, al final cada uno de nosotros no somos más que una mota de polvo en el desierto, pero la suma de nuestros pequeños actos cotidianos puede al menos intentar hacer algo. Es muy triste pensar que estamos aquí y que no podemos mejorar  absolutamente nada. Que las cosas simplemente son así. Digamos mejor que no queremos ni siquiera intentarlo. 

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En todo caso, ya os digo que si es por los romanos, ya puede arder y estallar en confeti esta noche el planeta, que a ellos plín. Hace dos años estuve en la hora del planeta en Madrid y lo pasamos realmente bien: música, camisetas, pintacaras, velas y Madrid (al menos la plaza de Oriente) a oscuras. Hoy, después de pasar en el parque de la Caffarella una jornada muy agradable, de picnic y paseo, con unos amigos italianos, corrimos hasta el Coliseo (lugar que se anunciaba como epicentro romano de la hora del planeta). Y allí hemos estado esperando que algo pasase durante más de media hora. Apenas una veintena de personas y, si las luces del Coliseo se han apagado, ya os digo que nosotros no lo hemos notado. Todo seguía iluminado y lo mismo ha ocurrido con el resto de los monumentos que hemos encontrado de camino a casa. Si había una convocatoria multitudinaria y paralela, si alguien vio Roma a oscuras sin cerrar los ojos, que me avise para el próximo año. Al menos nosotros no encendimos las luces de casa, de hecho siguen apagadas, aunque allí esperando…¡pasamos un frío!

Arte Urbano

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Hubo un tiempo, hace muchos, muchos años, en que también yo creí que encontraría una forma alternativa de vivir la vida, una forma fuera del estándar. Sin embargo, uno nunca sabe cuando va a encontrarse en un estado de felicidad lo suficientemente significativo como para desear plantarse, incluso aunque termine siendo todo aquello que nunca pensó ser – pero, eso sí, en Roma.

Sin embargo hay gente que, por necesidad o por devoción, vive la vida de otra manera, porque no hay un único modo, una forma correcta de pasar las páginas de este cuento que en cualquier momento se puede acabar de la forma más abrupta. Lo importante es encontrar lo que nos hace feliz…y hacerlo. Independientemente de las circunstancias que nos rodeen o del beneficio material que nos pueda reportar.

Hay algo de mágico en el arte callejero: en la música, convencional o alternativa, que no necesita de grandes teatros, en la pintura que se extiende en el cemento y en las pompas de jabón que vuelan sobre la ciudad…supongo que es la ilusión que ponen aquellos que lo hacen, para compartir su talento, con la esperanza de que alguien les vea, les escuche, les persiga con la mirada aunque sólo sea un solo momento. Como dice en el texto de abajo: “No temas cambiar tu vida. Es precisamente la posibilidad de realizar un sueño lo que la hace interesante”.

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Los ojos que miran Roma 5

Muchos me habéis dicho que esta sección, Los ojos que miran Roma, os gusta y despierta vuestra curiosidad. A ver si ahora con la llegada del buen tiempo, en vez de mensual, consigo hacerla quincenal. Ya tengo varias en la recámara, para compartirlas con vosotros y que sigáis conociendo lo bueno y lo malo de esta ciudad a través de aquellos que la viven.
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Nacionalidad: Española
Tiempo que lleva en Roma: 8 meses (+13 meses en Pescara, en la costa Adriática)
Trabajo: Licenciada en farmacia, actualmente trabajando como aupair.
Idiomas que habla: Español, inglés e italiano.
Razón por la que llegó a Roma: Después de hacer un Erasmus en Pescara, pensé que quería vivir una experiencia diferente, que me vendría bien un cambio de aires y ya que había aprendido algo de italiano ¿por qué no en Roma?.
Cosa que más le sorprendió de Roma cuando llegó: Me sorprendió lo políticamente correctos que son, mientras que a la vez nunca cumplen las normas. Es una dualidad extraña, que a los extranjeros nos sorprende mucho, porque no llegamos a comprenderlo. Pero ellos entre sí, tienen perfectamente asumido ese comportamiento y es simplemente lo habitual.
Cosa que aún le sigue sorprendiendo de Roma: Sus tradiciones muy arraigadas. En un primer momento parece que su cultura es muy similar a la española, sin embargo, según lo vas conociendo más en profundidad, te das cuenta de que en muchas cosas es como España…pero hace cincuenta años.
Cómo definirías a los italianos: Es un pueblo que si tienes suerte realmente te enamora. Pero eso sí, tienes que estar abierto, porque si no, te puede dar muy mala impresión. Pero si estás abierto y vienes sin prejuicios, una vez que entran en tu corazón, ya no salen.
Lo que menos le gusta de Roma: Hay demasiados turistas que te impiden vivir un momento íntimo con la ciudad.
Lo que más le gusta de Roma: Es como vivir en una joya. Es todo magnánimo,  grandioso. Supone vivir dentro de dos mil años de historia.
Cree que se quedará siempre en Roma: No, pero no por falta de ganas, sino porque soy un culo inquieto.
Su lugar favorito de Roma: Mirador de la Piazza del Popolo desde Villa Borghese.

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