Sicilia 6: Etna(2) y Taormina

Lo bueno de dormir en las faldas del Etna, en el Refugio Sapienza, es que si quieres subir al cráter puedes hacerlo tranquilamente, antes de que la horda de autobuses furibundos lleguen dispuestos a tomarlo todo. En general la subida al Etna es fantástica, aunque a mí este tipo de actividades me crean dudas éticas sobre como somos capaces de utilizar la naturaleza a nuestro antojo, a veces para beneficiarnos de ella con el fin de sobrevivir y otras veces simplemente para hacer caja. En fin…la cuestión es que maridísimo, porque él lo vale, subió andando desde los 1.980 metros del Refugio Sapienza hasta un poco más arriba de los 2.925 metros donde se sitúa la Torre del Filósofo. Yo, aprovechando la excusa de los niños y el 30% de descuento que me hicieron en el hotel, cogí el pack de funicular y autobús todoterreno (aún así casi 50 euros). 

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Mientras subes, hay muchísima nieve por el camino y una vez arriba, hay que abrigarse muy bien, pues el viento sopla fuerte. Lo mejor es que puedes dar una vuelta alrededor de uno de los cráteres y ver muchos otros, entre ellos el cráter principal, donde se ven las fumarolas y manchas de colores. Entre lo bueno también las vistas de gran parte de la isla de Sicilia. Lo peor, pues la cantidad de gente y la sensación que os he descrito antes de fomentar un negocio que al final prostituye el planeta. Pero bueno…seré yo.

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La experiencia aún así es muy buena, excepcional. Aunque en cuanto hemos bajado hemos salido huyendo de los puestecillos de souvenirs y de los bares buffet. y, en una hora más o menos, hemos llegado a Taormina, un pueblo muy turístico, pero precioso por su disposición, sus vistas, sus calles…Nada más llegar hemos dejado las cosas en el B&B Dionisio y nos hemos ido corriendo a la playa de la Isola Bella. Un lugar precioso de aguas cristalinas, donde hemos estado hasta que la sombra nos ha empujado de nuevo hacia el albergue. Mañana más. 

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Sicilia 5: Catania y Etna (1)

Esta mañana en unos 45 minutos hicimos el trayecto Siracusa-Catania. Hasta el momento nos había sorprendido que la leyenda “negra” que corre sobre Sicilia en cuanto a su forma de conducir y a su caos, no se había cumplido. Tal vez es porque venimos de Roma y, antes de eso, de Madrid. Así el listón de la mala conducción y del caos lo tenemos bastante alto. En fin…en todo caso llegamos a Catania y la cosa ya comenzó a parecerse a lo que esperábamos: cruces infernales, semáforos orientativos y muchos cláxones, aunque nada demasiado escandaloso. Catania es una ciudad curiosa y, aunque no la recomendaría más que para un rato, o como centro de operaciones para desde allí moverse por los alrededores, un paseo sí que se merece De hecho nosotros hoy caminamos por el antiguo anfiteatro romano (que está en su mayoría oculto bajo las nuevas construcciones), la Catedral, el Elefante (que es el símbolo de la ciudad) y, sobre todo, lo más impresionante: el mercado del pescado.

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Después de comprar algo de fruta en el mercado, nos fuimos a dar un paseo por la ciudad y sus cercanías en el autobús descapotable (que los pequeñitos también tienen derecho a elegir de vez en cuando). El viaje sale de la Piazza del Duomo y dura una hora y media aproximadamente. Y además de pasearte por los principales monumentos de la ciudad, te lleva hasta playas de arena negra, donde puedes dar un paseo. También nos enteramos de que si Catania sigue en pie es por el empeño de su gente, pues ha sido destruida hasta ocho veces por las erupciones del Etna y el terremoto del que os hablé el otro día que en 1693 afectó al Valle del Noto, fue especialmente aciago con esta ciudad, pues mató a 16.000 personas de las 20.000 que en ese momento vivían en Catania. ¡¡Asombroso!!

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Ya de vuelta a la Piazza del Duomo, hemos tomado un helado y hemos dado un paseo por el Parque Bellini que, según dicen por aquí es el parque más grande de Europa, aunque no sé si creérmelo, porque también dicen que el Etna es el volcán más alto de Europa y ¡claro!, eso sería cierto si consideran que las Canarias no son europeas, pues el Teide está 500 metros por encima del Etna. Y aquí estamos ahora, en el Refugio Sapienza, a casi 2.000 metros de altura, en las faldas del Etna, con los forros polares preparados para ver si mañana podemos hacer una pequeña ascensión hasta casi los 3.000. ¡¡Espectacular el paisaje de lava negra, fantástico todo esto!!

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Sicilia 4: Siracusa

Hoy estuvimos todo el día en Siracusa, me sigue pareciendo una ciudad excepcional y la sensación que me da es de gran seguridad, aunque he de reconocer que, hace un rato, mientras atravesábamos el entramado de callejuelas de camino a nuestro hotel (B&B Resalibera) que está en plena isla de Ortigia, algunas imágenes de “Gomorra” han venido a mi memoria. En todo caso, el albergue está muy bien situado para visitar todo aquello que te apetezca y más. Por ejemplo esta mañana fuimos a la Neápolis, aunque fue un poco decepcionante, pues al hecho de que el teatro romano estuviera cerrado por mantenimiento y el teatro griego tapado con maderas por la próxima representación de una obra, se unió la (mala) fortuna de tener que visitarlo todo rodeados de cientos (sin exagerar) de estudiantes bastante alterados. Esos estudiantes a los que ya van aleccionando desde pequeños, recordándoles, por si en casa no han sido lo suficientemente puntillosos en la enseñanza del orgullo patrio, que todo lo italiano es lo mejor (“como estos limones, que todos sabemos que son los mejores del mundo”). En fin…menos mal que pudimos ver las canteras de las que sacaban las rocas para sus construcciones hace casi veinticinco siglos y, sobre todo, la oreja de Dionisio, una cueva artificial que, según la leyenda, la creo el propio Dionisio como prisión, puesto que, por la formidable sonoridad de la misma, podía escuchar los secretos de los presos.

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Después estuvimos poniéndonos un poco las botas, ya sabéis de nuestro gusto por la buena comida y, aún nos dio tiempo a descansar un rato, antes de ver atardecer mientras dábamos la vuelta a la isla, paseando junto al mar, para a última hora de la tarde volver a perdernos por las calles de la ciudad y terminar sentándonos a tomar algo.

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Otra cosa que tampoco os he contado es sobre el siciliano, la lengua me refiero. Ayer, creo que fue en Módica, escuchamos una conversación, de balcón a balcón, en siciliano y…me sentía como una tía de Kentuky que ha estudiado español en el colegio con los vhs del “speak up” en mejicano y, de repente se ve en Palma del Río, con sus cuarenta grados a la sombra y todo. Resumiendo…¡¡que ni una palabra pillé!!
Y de despedida de la ciudad os dejo unas imágenes de algunos de los comercios que más me han gustado, algunos muy originales, otros más tradicionales, como las marionetas sicilianas (pupis, paladines) y también los más elitistas, como los productos de belleza de la marca Ortigia Sicilia.

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Sicilia 3: Modica, Noto y Siracusa

Y en el día de hoy hemos seguido con el Valle de Noto, la zona del barroco siciliano. Ayer al final no os conté que en Sicilia estuvieron durante varios siglos los españoles y muestra de ello es la importancia de San Jorge en su iconografía, el estilo barroco que ellos llaman “siciliano-catalán”, la imagen del águila – emblema del príncipe aragonés – en los escudos de los edificios y también algún vestigio gastronómico como por ejemplo la empanada, la primera vez que la veo en Italia.
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De Ragusa a Modica hay sólo unos quince kilómetros y la verdad es que es un pueblo muy interesante, construido como en cascada, pues hay que cansarse de subir y bajar escaleras para visitar todos sus palacios y sus iglesias. Destacan especialmente sus dos catedrales, la de “abajo” San Pietro y la de “arriba” San Giorgio. Ambas muy bonitas.
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Aunque también hay algunos palacios excepcionales y la iglesia de San Giovanni que está en lo más alto del pueblo, justo al lado de un mirador desde el que tienes toda Modica a tus pies.
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Finalmente tuvimos que recuperarnos del desgaste, probando los exquisitos chocolates de la Antica Dolceria Bonajuto: de naranja, vainilla, gingseng, con todos los porcentajes de cacao habidos y por haber y también todos los orígenes (muy rico el de Perú). Y es que el chocolate es otra de las cosas por las que es conocida Modica, aunque en realidad es otro de los legados que dejaron los españoles, aunque aquí lo hacen con una técnica en frío que consigue que puedas morder los trocitos de azúcar y del sabor que acompaña al chocolate al tiempo que te inunda el sabor del cacao. No sé, muy muy buenos.

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Desde allí nos fuimos a Noto. Tardamos unos cuarenta minutos en llegar. Noto es un pueblo patrimonio de la humanidad. Más turístico que los otros, está tan cuidado que parece un escenario. Nos subimos al campanario de una de sus iglesias para poder apreciar bien toda su belleza. Lo cierto es que todos estos pueblos que hemos estado visitando (Ragusa, Modica y Noto) sufrieron en enero de 1693 un terrible terremoto que prácticamente las destrozó y por eso parte de sus edificios fueron total o parcialmente reformados posteriormente. Aún así son fantásticos.

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Desde Noto, en poco más de media hora, incluyendo el atasco, llegamos a Siracusa, a la isla de Ortigia, el centro histórico. Es un lugar maravilloso. No creía que me fuese a gustar tanto. Aunque el tiempo, que hasta el momento había sido maravilloso, se estropeó un poco y comenzó a refrescar y a nublarse, no puedo decir nada malo del sitio. Mucho encanto, unas calles espectaculares, un comercio original y creativo, poco turismo y algo mágico en el ambiente. Os dejo la plaza del Duomo para ir abriendo boca. Mañana más.

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Sicilia 2: Piazza Armerina y Ragusa

Esta mañana nos despertamos en Agrigento y, después de desayunar decidimos salir hacia Piazza Armerina. Suponía un desvío en el camino hacia nuestro destino final, que era Ragusa, pero pensamos que lo merecía. En algo menos de hora y media habíamos hecho los 95 kilómetros que separan Agrigento de la Villa romana de Casale, junto a Piazza Armerina y, efectivamente, la villa merecía cada kilómetro de más. Según nos hemos enterado, el lugar se construyó en el S.III d.C, pero unas inundaciones lo llevaron al olvido, hasta que hace nada, en el año 1950, un señor que estaba haciendo sus excavaciones cotidianas, orientado un poco por las habladurías populares, lo encontró…me puedo imaginar su cara, porque primero encontró una piedrecita, luego otra, luego…hoy en día el lugar es patrimonio de la humanidad, pues tiene alguno de los mosaicos mejor conservados de la época. La verdad es que es increíble. Casi todos llaman la atención, pero para mí los mejores son un mosaico enorme que representa la caza y posterior traslado de los animales desde Egipto a Roma y el de las chicas en biquini, que en realidad son atletas en plena competición. Os dejo algunas muestras…

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Inmediatamente después nos montamos en el coche con destino a Ragusa. Sólo nos separaban 90 kilómetros, San google maps ya nos había anunciado que sería hora y media de viaje, aunque el navegador nos alertó de que en realidad serían casi dos horas y finalmente han sido casi tres. ¡¡Estupendo!!. Al principio todo era alegría y regocijo “así podemos ver los hermosos paisajes interiores de Sicilia”, pero la cosa se puso fea cuando una de las carreteras que teníamos que tomar, estaba cortada y la alternativa que nos ofrecieron no fue, digamos, plácida. Vamos, que algunos caminos del monte de mi pueblo tienen el firme bastante más…pues eso, firme. 
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Pero al final llegamos. Ragusa tiene dos zonas, la alta, más moderna, y la baja, Ibla, la parte histórica. Se considera la zona barroca de Sicilia porque tiene decenas de iglesias y palacios, la mayoría construidos en este estilo, casi todos patrimonio de la unesco. Preciosa la imagen del Duomo desde la plaza e inolvidables los helados de Di Vini. Por cierto, antes de que se me olvide, nos alojamos en un lugar que se llama Il Giardino del Sospiri…bello!! (sobre las cosas del comer, haré una entrada al final del viaje 🙂 )

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Sicilia 1: Agrigento

Al final he dormido bien en el barco, hasta que unas voces se me han aparecido en sueños para decirme que había que empezar a desalojar los camarotes, que ya se avistaba el puerto, que ya estábamos llegando a…¡¡Palermo!!. Y mientras esperábamos para bajar, me acordaba de aquello de “Sicilia, años 20”. Y allí estábamos nosotros, en Sicilia, S.XXI. Pero apenas hemos visto nada de Palermo, porque en este viaje no es nuestra guerra, pues vamos a ver el sur y el este de la isla. Así que rápidamente nos hemos dirigido con el coche hacia Agrigento, en el sur de Sicilia, a tiro de piedra de la tristemente conocida isla de Lampedusa. Por cierto, que lo de rápidamente es un decir, porque para hacer los 120 kilómetros que separan ambas ciudades hemos tardado algo más de dos horas…Hoy, 25 de abril, día de la liberación de Italia, seguimos siendo esclavos de sus limitaciones básicas. En fin. Si queréis más datos sobre Agrigento os diré que fue el lugar donde nació el que después sería premio Nobel y autor (si la memoria no me falla) de “Seis personajes en busca de autor”: Pirandello. Pero volviendo a lo que nos ocupa os contaré que, como cuando hemos llegado hacia una temperatura estupenda, nos hemos cambiado de ropa y, después de desayunar, hemos salido con rumbo a la Scala dei Turchi, una pared de roca, que está junto al mar y que destaca sobre todo por su brillante color blanco. Desde ahí nos hemos dirigido a una playa cercana para jugar, comer y bañarnos (sólo un poco)

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El paso por el hotel (B&B Garibaldi 61) ha servido para darnos una ducha y cambiarnos de ropa antes de salir pitando para el Valle dei Templi o el valle de los tempos, como prefiráis, un conjunto de templos construidos por los griegos allá por el lejano S.V a.C. que, la verdad sea dicha, están muy bien conservados y así al atardecer, durante la hora y media o dos horas que tardas en verlos, te van contagiando de tranquilidad. Nos han gustado mucho.

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Y pese a todo el ajetreo del día aún hemos tenido ganas de dar un paseo y cenar por el pueblo de Agrigento. Y os confesaré una cosa, igual que el trayecto entre Palermo y Agrigento me ha encantado, sobre todo por lo verde del paisaje, los alrededores de Agrigento (salvando los dos lugares que ya os he mencionado) me han parecido un horror. Sin embargo, el pueblo tiene bastante encanto. Un día soleado y redondito para romper el hielo con Sicilia.

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Con rumbo a…

En un barco, en medio de este mare nostrum, a punto ya de dormir, para no sucumbir a las sacudidas de las olas. No me gustan los barcos, de hecho no me gustan nada los barcos, pero finalmente me dejé convencer por una conocida romana de la comodidad de poder viajar en tu propio coche, pero sin preocuparte de nada y aquí estamos. Diez horas y media de trayecto tenemos por delante. Viajamos con SNAV, en nuestro propio camarote, partiendo de Nápoles y llegando a…

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