Veneto 4: alojamiento y gastronomía

Los alojamientos en Venecia son caros, muy caros, sobre todo si decides reservar un par de días antes. Menos mal que vino Airbnb a salvarnos la vida. Y no es que consiguiésemos un chollo, pero al menos encontramos algo que no se nos iba totalmente de presupuesto y que no estaba mal: un apartamento pequeño, de dos habitaciones y sofá cama, en la zona de Canareggio, a unos veinte minutos a buen paso de la Piazza San Marco.
Desde allí recorrimos a conciencia la ciudad que nos gustó mucho. Los canales (mucho más limpios, pese a todo, de lo que los recordaba), la confluencia de barcas (desde las pequeñas lanchas a las lujosas góndolas), las calles estrechas (casi callejones) que se enlazaban como en un laberinto imposible en torno a plazas llenas de vida, los edificios majestuosos, siempre pendientes del acqua alta que sube y entra y lo llena todo, creando además el reflejo de otra Venecia igual de brillante, el aura del carnaval siempre presente y el ambiente de la ciudad, donde los pasos más turísticos se mezclan con los cotidianos.
El ambiente de hecho nos recordó mucho a ciudades del norte de España, primero porque el acento de la gente también es más suave y cantarín que el del centro de la península y después por sus pequeños bares de luz tenue, donde la gente tomaba una cerveza o un vino de pie, a veces incluso fuera (ahora que aún el tiempo lo permite) y donde además daban pinchos. 
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Los pinchos no los probamos, pero sí otras especialidades vénetas. Y es que, como ya os he repetido hasta la saciedad, la gastronomía italiana va mucho más allá de la pasta y la pizza, que también. Por ejemplo en el Véneto lo más distintivo es la polenta, incluso en algunos lugares los ñoqui no son de patata, sino de polenta. No en vano en el sur a los del norte les suelen llamar (no sin cierto retintín) polentoní. Otra especialidad típica de la zona son, obviamente, los pescados y los mariscos.
Aquí os dejo una pequeña exhibición de todos estos manjares. Empezamos por la verdura alla griglia (parrilla) y un antipasto con embutido y quesos típicos y por supuesto polenta en crema con champiñones. Seguimos por los ñoquis (en este caso unos de patata y unos de polenta, unos con tomate y otros con gorgonzola). Y continuamos por lo más típico de Venecia, las sardinas en saor, cocinadas con cebolla, pasas y piñones (como, por otra parte, las ha hecho toda la vida la mia mamma) y la seppia al nero (otro plato muy característico de la cocina veneciana que, pese a su pinta extraña, no son más que trozos de sepia cocinados en su tinta). Los dos platos iban acompañados por triángulos de polenta a la parrilla (hechos con polenta de maíz, leche, mantequilla, aceite y sal). Y por último, en Verona, encontramos un sitio especializado en cotoletta, que es el filete de ternera empanado y cubierto con ingredientes al gusto. La cotoletta en realidad es un plato típico milanés, pero en este sitio de Verona estaba verdaderamente rico, acompañado de queso y jamón cocido…¡¡y de tamaño gigante!!. Para cerrar os dejo con las galletas típicas de Burano, los buranelli, y con la sensación de que aún hay mucho que ver y probar en el Véneto, por eso sólo puedo despedirme como de costumbre, amenazando con volver.

Autor: elenabalo

Medio berciana, medio castellonera. Criada como barberense y crecida como villaodonesa. Y ahora mismo ejerciendo de romana. Soñadora vehemente, vividora pragmática. Unos ratos ingenua y otros escéptica. Hija imperfecta, madre impaciente, compañera indómita, amiga irregular. Culé. Viajera y enamorada de Roma.

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