La Grande Bellezza

Dice el protagonista de la película que os traigo hoy, que ya ha llegado a una edad en la que no se siente obligado a hacer cosas que no le apetecen. Yo sin embargo no he debido llegar aún a esa edad, porque vi “La Grande Bellezza” con pereza, sin interés por el tema y con pocas expectativas. Pero salía Roma, así que…¡había que verla!. Y ahora, a posteriori, me reconozco tan impresionada, que justifico totalmente las críticas que la han ensalzado y los premios que ha recibidos.

La película comienza con un paseo diurno por el Gianicolo y con un turista oriental que, junto a la residencia del Embajador español, se desvanece, supuestamente por el Síndrome de Stendhal, ante la vista de tanta belleza. De repente la secuencia cambia y en medio de una salvaje Roma nocturna, se nos presenta al protagonista. A partir de ahí el prota y sus amigos, todos intelectuales, frívolos, prepotentes pese a no haber cumplido ni una sola de las expectativas que despertaron en su juventud y aún a medio fraguar a sus más de sesenta años, van desgranando sus miserias morales en la interminable noche romana. Y el personaje – interpretado magistralmente por Toni Servillo – participa por completo del show de la noche, del sexo, de las drogas, de la muerte y del arte contemporáneo, con una mirada a veces escéptica y a veces un poco condescendiente. Hay varias secuencias que me han impactado especialmente, tal vez por conocidas en esta vida romana. Fulminante el monólogo con el que el protagonista diagnostica a una de sus amigas durante una charla en la terraza de su casa con vistas al Coliseo. Divertidísimamente real la sesión multitudinaria de bótox llena de caras cada vez más monstruosas e inexpresivas. Desalentador el cardenal más preocupado de lo “humano” que de lo divino. Agónico el mundo nuevo que muere alrededor de la decadencia y la miseria de lo antiguo. Y es que la decadencia de Roma, no sólo está en sus ruinas arquitectónicas, también en el aprecio cada vez mayor por lo superficial en detrimento de lo esencial.  

Autor: elenabalo

Medio berciana, medio castellonera. Criada como barberense y crecida como villaodonesa. Y ahora mismo ejerciendo de romana. Soñadora vehemente, vividora pragmática. Unos ratos ingenua y otros escéptica. Hija imperfecta, madre impaciente, compañera indómita, amiga irregular. Culé. Viajera y enamorada de Roma.

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