Ferrari

Pero no me refiero a los coches, sino a los vinos. Porque, por si no lo sabéis (yo me he enterado hoy) hay un vino bastante prestigioso en Italia que se llama Ferrari y, más concretamente, y para diferenciarse de la marca de coches, se llama Ferrari Trento, porque es allí donde tiene su origen, exactamente en 1902. Pues eso…Ferrari. Y es que hoy, después de estrenarme haciendo fideua en casa con una familia italiana que nos han traído un espumoso de Ferrari, nos hemos ido a una cena en el Circolo Canotiere Aniene, donde cocinaba el chef Alfio Ghezzi y los vinos los ponía Ferrari. Así que no os asustéis si confundo las letras, pues me he tomado cinco copas de vino (mamá, de Roma directamente a un centro de desintoxicación, te lo digo yo). 

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Para seros totalmente sincera os diré que cuando nos invitaron a ir, no me apeteció nada, es más, se me hizo un poco cuesta arriba la idea de ir a un Club Social a cenar con un montón de “pijos” de los cuales sólo conocía a una; y, si queréis que vaya más lejos, os diré que, de hecho, me obligué a ir, más por apuntar otra experiencia en la culata, que por una auténtica intención. Por un momento me sentí como en la cena de los idiotas…y la idiota iba a ser yo. Sin embargo, ahora, debo confesar que al final ha merecido la pena, no sólo porque hemos cenado fantásticamente bien, sino porque hemos visto otra parte de esa Italia (¿qué digo de esa Italia? de esa vida) que generalmente nos es vetada a la mayoría y, por si eso fuera poco, resulta que los “pijos” pues (¡qué diantres!)…eran simpáticos y nos hemos reído mucho así que, como dirían algunos, hemos “echado la noche”.

Autor: elenabalo

Medio berciana, medio castellonera. Criada como barberense y crecida como villaodonesa. Y ahora mismo ejerciendo de romana. Soñadora vehemente, vividora pragmática. Unos ratos ingenua y otros escéptica. Hija imperfecta, madre impaciente, compañera indómita, amiga irregular. Culé. Viajera y enamorada de Roma.

2 comentarios en “Ferrari”

    1. Bueno, vamos a ver, tampoco exageremos. Yo la verdad es que sigo prefiriendo la gente normal y la vida real. Otra cosa es que, a mí que me ha gustado siempre el teatro y que llevo una (mala) actricilla dentro, no me importe imposta por una velada y así observar desde el camuflaje de invitada.

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