La piedad de Pasolini

Hoy otra de esas historias romanas que de vez en cuando vosotros (o vuestros amigos) descubrís para mí. ¡Cómo me gusta!. Y es que esta mañana colgué en Facebook una foto del puente de Sant’Angelo y Luis, un amigo de mi villaodonesa favorita, se dio cuenta de un pequeño detalle, una imagen que aparecía en la base del puente. ¡¡Qué listos y observadores sois, leche!!. Ahí estaba otra vez el reto…

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Así que por la tarde me pasé por allí, bajé hasta la vía peatonal que discurre paralela al Tevere para ver más de cerca la imagen y darme cuenta de que el dibujo está hecho en color negro, sobre un fondo blanco, que podría ser más que probablemente un papel y que representa a un hombre que sujeta entre sus brazos a otro hombre, aparentemente muerto. Me ha costado un poco conseguir la información, pero al final gracias a un artículo de Pia Di Marco he descubierto que a esa imagen se la conoce como “La Pietà di Pasolini” porque el muchacho muerto tiene un brazo colgando tal y como lo tiene Jesucristo en la más famosa Piedad, la de Miguel Ángel. Sin embargo, el hombre que sujeta el cadáver entre sus brazos, no tiene su rostro girado hacia el cuerpo ya sin vida, sino que su mirada, cargada de pena, pero también de desafío, se dirige directamente a nosotros, haciéndonos partícipes de todo su dolor, que debe ser también el nuestro. Porque el hombre que sujeta su propio cuerpo muerto, el cuerpo caído de uno de esos personajes miserables que tanto le gustaban, uno de esos jóvenes que nunca tuvo un futuro, es en realidad Pier Paolo Pasolini (increíble escritor y cineasta del que ya os hablaré con más detalle otro día). Os dejo las fotos que hice esta tarde, que viran a rojo por culpa de los focos que utilizan para iluminar el Castello de Sant’Angelo, así que, para que podáis ver mejor la imagen, también os añado una foto de la página de Gregorovius. Investigando un poco más, he descubierto que esta imagen no es la única que hay por las calles de Roma, pues es una obra en papel del francés Ernest Pignon. Espero vuestros próximos retos 🙂
   

Aguas

¿Os acordáis de que me pasé los dos primeros años quejándome de lo mucho que llovía en Roma? ¡¡Cómo amorticé mis botas de agua!!. Sin embargo este año estoy preocupada precisamente por lo contrario. Ni de agua, ni de vestir…sencillamente no es tiempo de botas. El señor del tiempo, los vientos y las lluvias debe seguir enfadado con nosotros, porque hace semanas que no llueve de esa forma torrencial que le gusta a Roma; y además, menos unos días a mediados de mes que sí que hizo frío, seguimos con sol y más de quince grados. ¿Qué estamos haciendo?

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Leonardo Da Vinci

Esta tarde la rubia estaba en baile y maridísimo en un duelo cuerpo a cuerpo contra el marketing, así que nos quedamos solos el ojazos y yo. Y vale que al ojazos le das un balón y lo tienes entretenido durante horas, pero de tanto en tanto hay que vencer la pereza e intentar llenar un poco esa cabecita loca que tiene. Así que me acordé de un pequeño museo que a veces veo al pasar por la Piazza del Popolo y hasta allí que nos acercamos. Se trata del Museo de Leonardo Da Vinci.
Para ser sincera os diré que el museo se aprovecha del lugar donde está, sobre todo porque es carísimo (10 euros) por tres simples salas llenas de reproducciones: de sus máquinas, de sus diarios y de sus cuadros. Sin embargo, para atender completamente a la verdad, también debo decir que al ojazos le ha encantado, porque podía subirse y probar todas las máquinas y ver algún que otro vídeo interesante en el que ha descubierto muchas cosas sobre “La última cena” y también sobre “l’uomo vitruviano”…vamos que cuando hemos vuelto a casa me ha hecho medirle de pies a cabeza para ver si encajaba con esas proporciones tan justas y perfectas :P. ¡Así que doy por bien empleado el tiempo y el dinero!.
 

 

Violencia y Paz

Me cuentan que ayer en Termini (la estación central) un tipo sembró el pánico (en una tierra y una época donde ese cultivo se da bien) por pasear tranquilamente con una escopeta de juguete en la mano…ya os lo podéis imaginar, alguien llamó a la policía y la estación estuvo dos horas cerrada, más caos sumado al caos. Al final el hombre alegó que era un regalo para su hijo y lo dejaron ir, aunque parece ser que le han acusado de crear alarma social. En fin…una de romanos. Y eso que yo creo que los italianos no deberían temer tanto la violencia física, pues siempre andan cerca de la paz espiritual a juzgar por la cantidad de pequeños retablos que te encuentras en cada esquina, altares decorados con imágenes de Vírgenes y Santos, flores y otras ofrendas, a veces incluso un pequeño mármol con una dedicatoria, ante las que los más creyentes se inclinan y persignan cada vez que pasan por delante. Para que os hagáis una idea, éste que comparto con vosotros está en la misma esquina de mi gimnasio.

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Ultramarinos

Ya os lo he dicho varias veces (¿qué no os he dicho ya a lo largo de estos dos años y medio?) pero hay una cosa que me gusta mucho de Roma y son sus pequeños comercios. Los escaparates particulares, los productos únicos, la atención personalizada, las tiendas con solera que van pasando de generación en generación y donde aún se respira algo de lo que debieron ser antaño, ese círculo comercial que consigue mantenerse fuera de las grandes franquicias y de los centros comerciales. Hoy os dejo la vista a través del cristal de un pequeño ultramarinos de la Vía Frattina…

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El agua de Roma

Hay una cosa cotidiana que me preocupa…la cantidad de cal que tiene el agua romana. Y digo yo que si los efectos de la cal del agua son tan visibles en mis pequeños electrodomésticos*, en la apariencia de las mamparas del cuarto de baño y en el estado reseco de mi piel y encrespado de mi pelo, cómo no estarán de obstruidas y oxidadas las tuberías. Y lo que es mucho peor aún…no estarán mis apreciados órganos internos embalados para regalo con una capita igual de cal, ¿verdad? ¡¡Ayy!!
Y es que, aunque el agua mal no sabe, visto lo visto, lo mejor es comprar agua de botella, que lo hacemos, pero al final la costumbre hace que cuando una se pone a cocinar o se prepara un té, termine abriendo el grifo. Os dejo foto del estado del tercer calentador de agua que tengo desde que estoy en Roma, mientras que el que tengo en Madrid tiene doce años y está aún brillante y como nuevo 😦 . 

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