Reproducción

Poco antes de Navidad vi un programa en la RAI 3 que se llama “L’erba dei vicini” donde se comparan diversos aspectos de la sociedad italiana con las mismas realidades de sus países vecinos. En el cuarto episodio, la “vecina” era España. En el plató hay cien personas a las que se les plantea una pregunta. En una primera ronda responden a esa pregunta desde el prejuicio, desde lo que creen saber sobre el asunto y, después de ver un reportaje y escuchar a ciertos expertos sobre la materia, vuelven a responder a la misma pregunta, ya con más datos en su haber.
En el programa que yo vi, la primera pregunta era “¿Dónde se habla mejor inglés?”. Y tanto en la primera como en la segunda ronda, ganaban los españoles. No estoy yo tan segura. La segunda pregunta era “¿Dónde hay más igualdad entre hombres y mujeres?” y también en las dos rondas ganaban los españoles. Y yo sigo sin estar segura. Aunque con esto no quiero decir que en Italia estén mejor, sino que en ambos lugares y en ambas cuestiones, nos falta aún mucho camino por delante. Pero bueno. La tercera pregunta – y ésta me dolió – hablaba de la capacidad de organización y el público seleccionado nos prejuzgó muy negativamente en una primera ronda y, en la segunda, a pesar de que hasta Sergio Scariolo se decantó por nuestro país, el público siguió juzgando negativamente nuestra capacidad de organización. En fin…os digo yo que sí, que nos quejaremos mil veces de España, y no sin razón, pero que vienes aquí y de repente aquello ya no parece tan tan malo. Para terminar, la última pregunta era “¿Dónde son más católicos?” y aquí ganó justamente Italia.

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Y os cuento todo esto porque hay un asunto donde se nota mucho la influencia del Vaticano. Es un asunto del que supe por primera vez hace más o menos un año, pero del que he obtenido más detalles hace sólo un par de días, a raíz de una conversación trivial. Porque…¿sabéis eso de que la mayoría del aceite que se vende en Italia es en realidad español? Pues lo mismo ocurre con la mayoría de los niños que nacen por reproducción asistida en Italia, que en realidad provienen de óvulos españoles. Y es que hasta abril del 2014 estaba prohibida en Italia la fecundación con óvulos o esperma ajenos a la pareja receptora. Y aunque actualmente ya se permite, sigue estando prohibida la compensación económica por su donación, lo cual puede tener bastante sentido como concepto teórico, pues se trata de evitar el mercadeo con un asunto que no deja de ser delicado y polémico; sin embargo, lo que se ha conseguido en la práctica es precisamente todo lo contrario, pues parece ser que hay todo un negocio de importación de óvulos españoles. No sé a vosotros, pero a mí es una cosa que me ha sorprendido bastante.

 

Autor: elenabalo

Medio berciana, medio castellonera. Criada como barberense y crecida como villaodonesa. Y ahora mismo ejerciendo de romana. Soñadora vehemente, vividora pragmática. Unos ratos ingenua y otros escéptica. Hija imperfecta, madre impaciente, compañera indómita, amiga irregular. Culé. Viajera y enamorada de Roma.

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