Caro Diario

Me he dado cuenta de que hace mucho que no escribo sobre las películas ambientadas en Roma y, para colmo, el otro día, intentando ver El Ministerio del Tiempo en la página de rtve descubrí que Màxim Huerta va a hacer un programa de ciudades de película y que su primer destino será Roma…Pues nada, voy a facilitarle el trabajo. Y es que si hay una película que enseña Roma (en toda la amplitud de su significado, como mostrar y como instruir), ésa es Caro Diario, de Nanni Moretti, una peli de 1993, que está dividida en tres capítulos. El primero de ellos se llama “En mi vespa” y es una lección de geografía romana, pues el propio Nanni (director y protagonista) va recorriendo, en su moto, muchos de los barrios romanos y explicándonos su cómo y su por qué. “Sería bonito hacer una película sólo de casas” – dice. Y no pasa mucho más, no va a ningún sitio, no hay una historia que hile sus recorridos, ni hay grandes diálogos, pues la mayor parte del tiempo Nanni se limita  a pasearse en moto dejando que el espectador se deleite con las imágenes y con la maravillosa música de fondo. Y, sin embargo, cuando acaba este primer capítulo crees saber más de Roma y también del personaje, de sus sueños (“me gustaría saber bailar”), su soledad (sobre todo en el ferragosto romano) y de las pequeñas cosas cotidianas que le gustan. El segundo capítulo se llama “Islas” y lleva al protagonista junto a un amigo hasta las islas del norte de Sicilia, de las más turísticas a las más ariscas y, a través de unos argumentos a ratos bastante surrealistas, critica las sociedades donde los que mandan son los niños, el miedo a lo desconocido, los eruditos a la violeta que terminan perdiendo la cabeza por un serial folletinesco, el peligro de la excesiva soledad (elegida o no). Y comienza el tercer capítulo “Médicos” con un mal diagnóstico y con todo el periplo que recorre el protagonista hasta llegar a él y que se explica con una frase resumen “los médicos hablan mucho, pero escuchan poco”. “Y los pacientes siempre mienten” – que diría House. Pero yo, no os miento…si os gusta esta ciudad, daos una vuelta en moto con Moretti por Roma.

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Costosa la vuelta a la rutina romana, como si el tiempo que hubiésemos estado fuera no fuesen sólo cuatro días. Porque a veces el mundo se te queda pequeño, porque la angustia vuela contigo y otras, con irte a la vuelta de la esquina, te agarras al brillo de una estrella que te hace soñar…

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Liguria 5: alojamiento y gastronomía

Hoy dejamos Liguria con mucha pena, pues es una zona fantástica, con pueblos preciosos y gente muy amable. Afortunadamente llovía hoy en Levanto cuando nos hemos ido y eso ha hecho más fácil el regreso a Roma. Al margen de todo lo que os he contado estos pocos días, os puedo señalar otras cosas que nos han llamado la atención y que denotan que la zona está en el norte del país, pues hay mucha diferencia entre el norte y el sur en Italia. Las comunicaciones: en este caso una buena autopista llegaba hasta la zona, aunque luego los pequeños pueblos estaban evidentemente comunicados entre sí por carreteras de montaña. La limpieza: Muy preocupados por la limpieza y el reciclaje, cada pocos metros había contenedores para los diferentes tipos de desperdicios, las ciudades estaban impolutas y hasta los márgenes de la carretera estaban medio decentes. La organización: Sin ser perfecto, todo estaba mucho más ordenado y resultaba menos caótico que en otras zonas italianas. Por lo demás, un lugar, como ya os he dicho, increíble, precioso, fascinante, de esos sitios en los que uno sueña con perderse.
Por otro lado nos alojamos en un apartamento rural en Levanto que lo más lujoso que tenía eran las vistas. Y aunque yo tenía mis dudas cuando lo reservé, lo cierto es que Levanto ha resultado ser un buen centro de operaciones para explorar Liguria, por su posición intermedia y por su tranquilidad, pues tanto los pueblos de las Cinque Terre, como Portovenere y Portofino estaban demasiado atestados de turistas. Nuestro alojamiento además era una casa del S.XVII en lo alto de una colina, con una gran terraza y una zona ajardinada alrededor, así daba gusto despertarse por la mañana.
En cuanto a la comida (¡¡que nos conocemos!!) lo más destacado de la zona es la archiconocida salsa al pesto, hecha con albahaca, ajo, aceite, piñones y queso pecorino; una salsa que se utiliza para todo (hasta hacen helados con ella), pero sobre todo para enriquecer los trofie, que es la pasta corta típica de la zona. Aquí os dejo una foto de los trofie al pesto y otra de unos raviolis a la ligur, pues la pasta rellena es otra de las especialidades de la zona. 
Otros platos típicos de la zona son la focaccia (un tipo de Pizza pero con la masa más gruesa y más salada) y los pasteles de verduras, como la torta pascualina, rellena de espinacas. Hay también otro tipo de tortas hechas con harina de garbanzos y que se pueden tomar solas o rellenas de jamón y queso, cuyo nombre es farinata, pero que no he tenido la ocasión de probar, porque hasta mi estómago tiene un límite. Peccato!!
Por lo demás, aquí la carne no se lleva mucho (o será que hemos venido en Semana Santa) y lo que más destacan son las recetas a base de pescado fresco del Mar Ligure, que generalmente sirven como un antipasto variado que incluye los mejillones rellenos con huevo, pan, mortadela, queso, perejil y aceite y bañados con salsa de tomate (¡¡deliciosos!!), las anchoas de Monterosso que se comen crudas y aliñadas con limón (¡ñam!), el paté de pescado blanco (no os puedo decir que pescado, porque no lo entendí, pero el resultado es como un pastel de cabracho menos fino), la ensalada de frutos de mar, siempre acompañados de tomate, piñones y olivas, el mismo acompañamiento que llevan los pescados, como esta doradita a la ligur que también os dejo para vuestro deleite.
Y poco más…bueno sí, ya sabéis que no me puedo despedir sin un postre, la típica colomba (paloma) de Pascua, un dulce muy parecido al panettone, con fruta escarchada por el centro y glaseado de almendra por encima, que se suele servir acompañado de crema o chocolate caliente.
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Liguria 4: Golfo de los Poetas y Riomaggiore

Hoy el dia ha amanecido más tarde y más nublado que ayer. Aún así prometía ser otra jornada fantástica, como ha sido. Primero fuimos hasta Lerici, un bonito pueblo del golfo de los poetas, o más concretamente Byron y Shelley, que vivieron en la zona, buscando inspiración, hasta que el último murió ahogado frente a estas mismas costas. ¡Cómo eran estos románticos, siempre teniendo que vivir hasta las últimas consecuencias!. En nuestro caso, que somos más pragmáticos, despues de pasear por el pueblo, estábamos a punto de comenzar un paseo de cuatro kilometros hasta un vecino pueblo de pescadores, Tellara, cuando nos ha llamado una amiga genovesa para aconsejarnos un lugar, asi que hemos cambiado de plan…
Y nos hemos ido hasta Portovenere, otra ciudad pastel a orillas del mar, que está a unos 20 kilometros, y una vez allí hemos tomado una barca (traghetto lo llaman aquí) hasta la isla Palmaria, donde en absoluta tranquilidad en comparación con el ajetreo de la ciudad, hemos comido como reyes antes de dar un paseito hasta el punto más alto de la isla desde donde se veía todo el golfo y también el litoral de Cinque Terre. No hemos podido completar el recorrido porque a estas alturas del año los barcos de vuelta a tierra firme son contados y el trayecto por toda la isla lleva unas tres horas. De vuelta a Portovenere hemos visto la Iglesia de Sant Pietro y el borgho antico, con sus callejones llenos de  vida y originales  tiendas.
Y cuando ya pensábamos que se acababa la jornada, aún hemos tenido ganas de ir a tomar un chocolate caliente a Riomaggiore – el último de los pueblos de las Cinque terre, el que está más al sur y el único que nos quedó pendiente el otro día – mientras anochecía. Impresionante también, como todo en este viaje. Luego, eso sí, hemos tardado casi una hora en recorrer los 30 kilometros que hay hasta Levanto. Pero lo mereció 🙂

 

 

 

 

Liguria 3: Camogli y Portofino

Hoy fuimos más al norte, hasta Camogli, un precioso pueblo de la rivera ligur. Qué maravilla el color de sus fachadas pastel contrastando con el intenso azul del mar Tirreno. Los pescadores trabajando bajo la atenta mirada de los turistas que espontáneamente se despojaban del invierno y se tumbaban al sol. Y los bambini que han inaugurado temporada de baño.
Después de comer nos acercamos por una carretera llena de cipreses y olivos, siempre con el mar presente, hasta Santa Margherita, otra preciosa ciudad, aunque mucho más grande que la anterior. Todos los pueblos de hoy se merecen al menos un día entero cada uno para pasearlos y sobre todo disfrutarlos. La cuestión es que santa Margherita era para nosotros solo ciudad de paso hacia Portofino, pero allí la policía nos han parado el coche, puesto que Portofino tiene el tráfico limitado y ya estaba lleno. Así que hemos aparcado allí mismo el coche y a través de un precioso camino peatonal entre el mar y el monte hemos recorrido los algo más de tres kilómetros que separan ambas ciudades. Maravillosa también Portofino, parque natural. Un bonito lugar para perderse. Aunque a juzgar por la cantidad de gente que había por allí, no he sido la primera en pensarlo. La mayoría simplemente estamos de paso y solo unos pocos privilegiados – esos que pueden comprar en las tiendas de lujo que abundan – se quedan en sus villas con vistas al paraiso. Como las que tiene el castillo Brown, que ademas tiene un paseo gratuito a su alrededor, que baja hasta el puerto, que es mas que recomendable. De vuelta a casa pasamos también por Rapallo, otro de los bellos pueblos de la zona y además muy animado, y caminamos por el paseo marítimo de Sestri Levante, un pueblo con un toque especial, preciosos edificios y enormes playas desde donde vimos una puesta de sol increíble, pero tan breve que me dio tiempo a disfrutarla, pero no a fotografiarla. En todo caso, el cansancio ha sido más fuerte que todas sus tentaciones y hemos vuelto a Levanto a descansar. Otra vez será 🙂

Liguria 2: Cinque Terre

Impresionante le Cinque Terre, los cinco pueblos de origen medieval que visitamos hoy. Para ello compramos la cinque terre card que nos daba derecho al uso del transporte público y al acceso al Sentiero Azzurro, un conjunto de senderos que suman un total de 12 km entre el mar y el monte, y unen los cinco pueblos entre sí. Fuimos en tren de Levanto a Monterosso al mare y ya allí comenzamos a caminar durante algo más de hora y media, amenizados por las vistas y por algún otro paisano ( con idem ) que nos preparaba unos zumos en mitad de la nada. Y llegamos a Vernazza. Espectacular de lejos y de cerca, a ras de suelo y desde su torre Doria. Y desde allí otra hora y cuarto hasta Coniglia, el único sin acceso directo al mar, pero con callejones llenos de encanto. Por cierto,  no me quiero olvidar de los bimbi que se merecen una corona de laurel por ser unos auténticos campeones y ser capaces de andar ocho kilómetros llenos de desnivel. Y de allí, ya en tren hasta Manarola, esperando que el atardecer nos regalase la imagen del brillo nocturno del pueblo encaramado sobre el monte.  Y agotados ya, dejando pendiente la ruta en barco ( la otra forma de acceder a estos preciosos pueblos ) tomamos otra vez el tren para, en unos 20 minutos, volver a Levanto a cenar y a dormir.