Tortugas

Hoy me he dado cuenta de que ya se nos acaba mayo y es que, aunque a veces nos gustaría que el tiempo fuese como una tortuga, lento y bien protegido por una dura coraza, la verdad es que el tiempo…¡¡vuela y se nos escapa de las manos!!. Hoy os dejo la Fontana delle Tartarughe (Fuente de las Tortugas) que está a la entrada del barrio judío de Roma y que fue construida en el S.XVI. Cuenta, falsamente, una leyenda, que el duque Mattei (que hoy en día da nombre a la plaza donde está la fuente) construyó la fuente delante del palacio de su prometida, en un solo día y con la intención de demostrarle a su futuro suegro que era un hombre poderoso y con recursos. En todo caso, la fuente es preciosa, con un grupo de cuatro muchachos que levantan los brazos para ayudar a las tortugas a entrar en el cuenco superior. ¡Si podéis acercaros a verla!

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Defender la alegría

Cuando llegué a Roma muchas veces buscaba las similitudes y diferencias entre esta ciudad y Madrid. Haberlas haylas, de unas y de otras, pero también es verdad que o la distancia me hace idealizar mi ciudad y luego me sorprenden cosas que siempre han existido o en Madrid nos estamos italianizando (para mal) a pasos agigantados, al tiempo que mantenemos nuestras propias (y negativas) particularidades…¡¡¡Gente de bien, despertad y no defendáis sólo lo vuestro, reivindicad sobre todo lo que nos une y no os olvidéis, no nos olvidemos, de que no estamos solos en el mundo!!!

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Amor y odio

El ser humano es en general un ser bastante despreciable, ruin y capaz de lo peor. Afortunadamente aún existe el amor que le da una pátina de luz al mundo. Aunque no lo creáis hay muchísimas personas que vienen a casarse a Roma, sobre todo orientales, aunque estos de la foto eran de los Estados Unidos de América.

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Stadio di Domiziano

Hoy, mientras la rubia se dedicaba a hacer plie, chasse y jete toda la mañana, el ojazos y yo buscando invocar a la suerte que a veces le falta a su equipo, nos acercamos hasta la piazza de San Simeone y luego a visitar al dios Neptuno en la vecina Piazza Navona. No sé si todos sabéis que donde hoy en día está la preciosa Piazza Navona en tiempos estuvo el Estadio de Domiziano. Desde hace poco se pueden visitar los restos subterráneos de lo que fue ese estadio que medía 275 por 106 metros, estaba hecho con travertino y podía albergar a unos 30.000 espectadores. Entre los principales entretenimientos de los romanos estaban las carreras ecuestres, la lucha de gladiadores y la caza de animales, sin embargo las competiciones atléticas no tenían tanto éxito. Pero Domiziano, el último emperador de la dinastía Flavia, instauró una gran fiesta anual dedicada a Giove, que se celebraba con música y juegos atléticos, para ello mandó construir un Odeón y un estadio para competiciones deportivas, éste que hoy nos ocupa. Pero como ya he dicho, el atletismo nunca fue muy apreciado en Roma, primero porque se consideraba inmoral, pues los atletas competían desnudos (no se dejaba entrar a las mujeres en los estadios), después porque el esfuerzo físico no conllevaba un resultado concreto y por último porque era poco espectacular y no tenía demasiado efecto sedativo sobre el pueblo (pan y circo). Vamos, que no tenía atolondrada a la gente como lo hace una final de Champions por ejemplo. Así que, con tan poco apoyo popular, el estadio terminó en desuso allá por el S.IV y comenzó a ser víctima de expolios. Luego vino la construcción del Campus Agonis o Navone y después, ya en el S.XV se situó allí el mercado semanal que aceleró la construcción de gran parte de los edificios que fueron dándole a la plaza la forma que aún conserva hoy en día. Por lo demás, las excavaciones comenzaron en los años 30 del siglo pasado y, como ya he dicho, desde hace poco se pueden visitar y, aunque no deja de ser interesante, sobre todo ver como se ha ido construyendo Roma por épocas y por capas, es una visita prescindible para todos aquellos que sólo van a pasar unos días en Roma. 

 

Roma insólita y secreta

Me han dejado este libro que, como veréis, está en francés, ese idioma que un día (quién dice un día, dice cuatro años) estudié con verdadero interés, hasta que de una patada me mandaron a Roma y del mismo golpe el francés se fue al desván de mi memoria y el italiano – que hasta entonces sólo identificaba con las canciones pastelosas de Eros Ramazzotti y Laura Pausini – comenzó a ocuparlo todo. Pero bueno, suficiente para leer los títulos y enterarme de nuevos lugares mágicos para después descubrirlos y volver para contaroslo. Ya veremos… 

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Giolitti

Como ya tenemos la época estival casi encima, os dejo una de las heladerías más típicas de Roma, que desde 1900 y en pleno centro, justo detrás del Montecitorio, está enduzándonos la vida. Yo la verdad os tengo que confesar que para estas cosas carezco por completo de espíritu crítico: todos los helados me saben simplemente deliciosos. Aunque éste debe merecer el pecado de la gula, pues hasta las monjas caen sin dudarlo en la tentación 🙂 . Eso sí, para poder disfrutar del placer, primero hay que ejercitar…¡¡la paciencia!!

Buongiorno, notte

Recientemente he visto Buongiorno, notte, una película de 2003 que está inspirada en el libro Il Prigionero, escrito por Paola Travella y Anna Laura Braghetti, esta última condenada por el secuestro y asesinato de Aldo Moro. No sé si os suena la historia, fue toda una noticia en su momento, a mediados de 1978, cuando Aldo Moro – presidente de Democracia Cristiana y que durante seis años discontinuos había sido también primer ministro italiano – fue secuestrado por las Brigadas Rojas. Para ello los secuestradores mataron a cinco escoltas, sin herir ni siquiera al político, intelectual y profesor de Derecho. El secuestro duró 55 días y en un principio tenía por objetivo intercambiar al prisionero por brigadistas encarcelados. Sin embargo, en esta lucha entre el ansia humana por sobrevivir y la razón del Estado, el Parlamento optó por el ente abstracto y ni el gobierno de Giulio Andreotti (del mismo partido que el propio Aldo Moro), ni Enrico Berlinguer (del Partido Comunista) estuvieron a favor de este intercambio, de hecho sólo Bettino Craxi (socialista) y el recientemente fallecido Marco Pannella (del Grupo Radical) apoyaron las gestiones para liberar a Moro. Así que finalmente el cuerpo de Moro acabó acribillado dentro de un maletero en la Via Caetani, exactamente a mitad de camino entre la sede de Democracia Cristiana y la del Partido Comunista Italiano. Las teorías de la conspiración empezaron a surgir y aún hoy en día hay muchas dudas sobre este asesinato. No en balde, todos querían librarse de Aldo Moro, que se había convertido en un incordio, primero por todo lo que sabía sobre los años de plomo y después porque estaba dispuesto a hacer cambios dentro de las estructuras del Estado Italiano, que no agradaban ni a unos ni a otros. De hecho siempre ha existido la sospecha de que tanto los Servicios Secretos italianos como los estadounidenses podrían haber participado del asesinato. No se sabe, ni probablemente se sabrá nunca. En todo caso, en la película se narran estos 55 días de una manera bastante claustrofóbica, centrándose especialmente la atención en dos personajes: el de una de las secuestradoras – que debe mantener su rutina cotidiana, para así servir de enlace y tapadera y que, en el momento en que Aldo Moro es sentenciado a muerte, comienza a tener dudas sobre los medios de la lucha – y en el personaje de Aldo Moro, que interpreta Robert Herlitzka de una manera soberbia, pues consigue que te identifiques con él, sobre todo al final, cuando de una manera dolida, pero serena, acepta que ha sido traicionado por los suyos y no tiene más escapatoria que la inevitable muerte. La película además es oscura, no tiene muchos diálogos, transcurre mayoritariamente en el interior del apartamento donde permanece secuestrado Moro, aunque también salen algunas imágenes de la Roma menos turística, más auténtica y, sobre todo, a  mí me han gustado las imágenes de archivo (reales) que se intercalan en la ficción. 

Museo di Casale de’Pazzi

Hoy es la noche de los museos y, aunque la única vez que intenté ir, me encontré con colas tremendas que impedían la entrada a cualquier lugar, la verdad es que hoy me hubiese gustado volver a intentarlo, aunque al final me he resignado ante el hecho de que esta vez las circunstancias no son favorables.
En todo caso, esta mañana me resarcí y como la rubia ha tenido ensayo de baile durante más de cuatro horas, he cogido de la mano a mi ojazos y, después de hacer la compra, nos hemos ido juntos hasta el Museo di Casal de’ Pazzi, un lugar en el que en 1981 encontraron restos de lo que fue un río y en ese cauce, toda una serie de huesos y de fósiles del pleistoceno (me encanta esa palabra), es decir, de hace más de 200.000 años, entre ellos varios colmillos de elefantes muy bien conservados (los colmillos, para que os hagáis una idea miden unos cuatro metros…¡¡casi nada!!) e incluso algún resto humano. El museo es muy interesante para todos, pero sobre todo para los niños, pues compara a la perfección aquellos lejanos tiempos con la actualidad.