Tranvía

Os podrá parecer mentira, pero hoy ha sido la primera vez en tres años que me he subido a un tranvía romano…y ni siquiera me ha dejado cerca de dónde iba 🙂 Por lo demás cerrando ya agosto y comenzando el “nuevo” año cenando con unos italianos en casa y disfrutando de las bienvenidas – aunque escasas – gotas de lluvia.

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Un poquito de historia: Orígenes

He pensado que hoy voy a escribir un poco sobre historia romana, igual hasta hago una categoría sobre el tema, porque eso me motivaría a mí a estudiármelo…¡y no me vendría mal!
Empiezo por el principio, pero saltándome lo de los bebés criados por la loba Capitolina, que ya nos la sabemos todos, y yéndome directamente a cuando ya esos bebés se habían convertido en hombres hechos y derechos y habían heredado unos terruños sobre los que habían decidido construir una ciudad. Y ahí empezaron los roces, que si mejor acá, que si qué dices hombre, mucho mejor allá, y es que Remo quería levantar la ciudad sobre el Aventino (donde la plaza de los caballeros de Malta, para que nos entendamos), mientras que Rómulo pensaba que era mejor sobre el Palatino (donde está el foro romano), así que tuvieron que pensar en una solución. ¿Y qué mejor que sean otros los que decidan por uno? En este caso los dioses representados por buitres. Así, como os lo cuento, decidieron que el número de aves que sobrevolasen cada monte sería indicativo de lo que los dioses deseaban. Y así, el 21 de abril del 753 a.C seis buitres negros sobrevolaron el Aventino, pero luego doce buitres sobrevolaron el Palatino. Y Rómulo lo tuvo claro, aún no tenía nada, pero ya quería protegerlo por si acaso y comenzó a cavar un foso para resguardar su futura ciudad y amenazó con matar a quién atravesase sus confines. Remo debió pensar que la cosa no iba con él y saltó el foso, pero Rómulo ni se lo pensó: le mató. Y así comienza la historia y la leyenda de la ciudad de Roma, una ciudad que durante siglos dominó el mundo, pero que nació de un fratricidio. Y basta por hoy, que me ha dado por la limpieza general y ando cansada, pero dejo pendiente para otro día la historia de los siete reyes que reinaron en Roma durante casi 250 años, hasta la llegada de la República.

 

El tiempo

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Despedimos a nuestros invitados, apreciando el recuerdo de su risa, pero también el silencio que dejan 😉 y, sobre todo, alegrándonos de haber compartido con ellos nuestra experiencia romana y de haberles regalado un trocito de nuestra Roma, que pasa por picnics en los parques, salidas nocturnas por el centro y excursiones a los lagos. Y sumamos todo esto a nuestra vida en común, que ya va siendo larga. Un placer. 

 

Amatriciana

Cuando uno está pasando un mal momento, necesita que los demás se vuelquen en él y cuando eso no sucede, tiende a preguntarse por qué, a sentirse decepcionado, a replantearse sus afectos. Sin embargo, a veces buscamos excusas para mirar para otro lado cuando son los demás los que pasan un mal momento. Tendemos a vacunarnos contra el mal ajeno, contra la guerra, contra la barbarie, contra los desastres naturales y, si me apuras, hasta contra las enfermedades, como si por obviar lo evidente, pudiéramos salvarnos. Pero cuando el siguiente puedes ser tú, cuando ya sientes que lo eres, cuando la cercanía física o emocional te hace ser parte, dejas de extraviar la mirada pues entiendes que es el momento de echar una mano. Eso es lo que ha sucedido estos últimos días en Roma con respecto al terremoto del otro día en el centro del país: colas enormes para dar ropa y alimentos, gente que pasea cerca de los hospitales con una tirita en el brazo que nos recuerda que hay que donar sangre y, para los turistas (o no) la posibilidad de pedir una amatriciana (un tipo de pasta que se inventó en Amatrice, hoy destruido) y donar dos euros para la reconstrucción de los pueblos devastados. Todo es poco. El cartel de hoy lo he visto esta noche en el Trastevere.

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