Nápoles

La semana pasada un alumno me dijo que iba a pasar el puente en Nápoles para comprarle un belén a su hija y a mí me dio tal envidia, pero de la cochina, que me puse como una loca a buscar billetes de tren (hay tren rápido que tarda una hora desde Roma) para ir a pasar allí el día de la Inmaculada. Pero luego maridísimo que si estaba cansado, que si algún sitio más cerca, que si “¿a Nápoles, para qué?”. Total, que terminamos en Tarquinia. Pero cosas de la vida, resulta que este jueves llamamos a unos amigos con la intención de invitarles a comer a casa este sábado y, ¡oh sorpresa!, nos dijeron que no podían, porque…¡se iban a Nápoles a pasar el día y a comprarse un Belén!. Debe ser el plan estrella de este mes de diciembre. Total que allá que nos hemos ido (desgraciadamente no en tren, porque la única manera de viajar en tren rápido es o con oferta o con tiempo). En coche se tarda algo más, unas dos horas, pero a decir verdad todo es por una autopista medio decente y no demasiado cara. Así que llegamos al centro de Nápoles sobre las doce (el único día en todo el año que creo que nos hemos levantado más tarde de las ocho, manda huevos, que decía un señor ministro, para un día que teníamos que madrugar) y… ¡¡cómo es Nápoles!!. Caótica, desordenada, llena de basura y suciedad, de gente que viene y va abarrotando las calles, de callejuelas que no llevan a ninguna parte, de tipos que miran raro, de edificios semiderruidos, de motos que te arrollan, de sábanas colgando de los balcones, de tienduchas, de olor a diferentes comidas, de pintadas…¡qué encanto!. Sin olvidar el mayor deporte de riesgo conocido hasta la fecha: cruzar la calle (con el semáforo verde, porque en rojo, creo que es una proeza que aún no se ha realizado). Yo era la segunda vez que estaba y tengo que decir que aunque Nápoles es un poco…(mm, ¿cómo lo diría yo para que no se sintiesen ofendidos mis amigos napolitanos?)…especial, la verdad es que mola mucho. Pero mucho. Hay que verlo para creerlo. ¡¡Ah…y nos hemos comprado un Belén!! 😉

 

Autor: elenabalo

Medio berciana, medio castellonera. Criada como barberense y crecida como villaodonesa. Y ahora mismo ejerciendo de romana. Soñadora vehemente, vividora pragmática. Unos ratos ingenua y otros escéptica. Hija imperfecta, madre impaciente, compañera indómita, amiga irregular. Culé. Viajera y enamorada de Roma.

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