De bilingües

Ayer leí el artículo de Mateo Sancho para GQ que se llama “Vivo en el extranjero desde hace años y no, no soy bilingüe”. La verdad es que me interesó el título, porque a veces termino sintiéndome un poco (más) estúpida teniendo que contestar que NO cuando, constantemente – y desde que llevaba unos tres meses aquí, no os vayáis a pensar – me preguntan “¿Vives en Roma? Uy, pues hablarás ya perfecto el italiano”. Y yo podría contestar “Como Dante lo hablo y lo escribo”, pero al final me complico en un montón de explicaciones farragosas sobre el caracter y la idiosincrasia del país que hacen que los dos idiomas sean mucho más diferentes de lo que en un principio podamos pensar desde ambos lados del Mediterráneo. Y el artículo, aunque Mateo viva en Nueva York y tenga que enfrentarse cada día al complicado inglés y no al “simple” italiano, me alivia y a la vez me reafirma en ideas que tengo claras, algunas desde hace casi veinte años, como el hecho de que, con quien quieres te entiendes sea como sea, con palabras o sin ellas, y con quién no, pues no, porque la barrera no es el idioma, sino la “química”. Porque la emoción va siempre por encima de la palabra y la palabra sólo provoca una emoción, si ésta ya ha existido previamente. No sé, igual me está dando lo mío. Pero en fin. Otra de las cosas de las que habla el artículo, y de ésta me he dado cuenta hace mucho menos, es que para ser verdaderamente bilingüe tienes que admirar la cultura del país, mucho más allá de su arquitectura, su historia o su literatura, tienes que admirar a los que hablan ese idioma y rebozarte de sus valores, sus cualidades y su manera de pensar y dejar un poco de lado los tuyos propios, dejar de ser un poco tú para ser ese otro tú que habla esa otra lengua. Yo, desde luego, no estoy por la labor, será por eso por lo que no llego a dominar ningún idioma. Y la tercera cosa, que sufro sobre todo cuando estoy con un grupo de italianos la especifica muy bien Mateo Sancho en su artículo y es que al final, independientemente de nuestro país de origen, hay algo que nos une generacionalmente, que es “la retórica, la vuelta de tuerca y las coñitas, métodos fundamentales de identidad y expresión” y cuando se entra en esos terrenos, yo lo que hago, como extranjera, es levantar un muro como el de Trump, dejarme llevar y quedarme sola con mis pensamientos, hasta que alguien me inquiere y me saca de ellos. O sea que yo también vivo en el extranjero hace unos años y tampoco soy (ni mucho menos) bilingüe, ya ves tú. Gracias por hacerme sentir que no soy un bicho raro 🙂

dav

Autor: elenabalo

Medio berciana, medio castellonera. Criada como barberense y crecida como villaodonesa. Y ahora mismo ejerciendo de romana. Soñadora vehemente, vividora pragmática. Unos ratos ingenua y otros escéptica. Hija imperfecta, madre impaciente, compañera indómita, amiga irregular. Culé. Viajera y enamorada de Roma.

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