Testaccio

Y hoy para terminar con el barrio de Testaccio os dejo algunos de sus edificios más significativos, como la estación de bomberos, vigili del fuoco los llaman aquí, que se inauguró en el año 1929 y que tiene una característica forma semicircular en la que se abren siete puertas cocheras y sobre la que se alza la típica torre. Otro edificio significativo es el antiguo matadero, el segundo que hubo en Roma, y que se inauguró en 1890 y funcionó hasta 1975. Hoy en día alberga una de las sedes del museo de arte contemporáneo MACRO, algunas aulas-taller y un auditorio de la facultad de arquitectura, y la Città dell’altra Economia, un centro de sostenibilidad, donde además hay un mercado biológico, aparte de bares y un centro socio cultural. De todo ello, lo que más llamó mi atención fueron las estructuras metálicas del interior del edificio y la figura que hay sobre la puerta central, un genio alado que sujeta un toro por la cabeza. Por lo demás, el barrio de Testaccio tiene algunas calles muy tranquilas y llenas de  edificios con una arquitectura que, aunque como todo en Roma, no está muy cuidada, no deja de llamar la atención por su belleza y originalidad, algunos de estos edificios nacieron incluso como casas populares, tal y como se llamaban en la época fascista a las casas de protección oficial y tienen una estructura que se encierra sobre zonas comunes de una manera muy particular. Además, como ya sabéis en el barrio está la Pirámide de Cestio y el cementerio acatólico (de los que ya os he hablado varias veces), el mercado de Testaccio (del que os hablé ayer sin ir más lejos a cuenta de un fantástico bocadillo de ternera), muchos restaurantes típicamente romanos y murales de arte urbano que no os podéis perder. Así que, sin duda alguna, os recomiendo un paseo por Testaccio en cuanto tengáis ocasión.

 

Mordi e Vai

El otro día, en nuestro viernes de expedición romana llegamos hasta Testaccio y probamos el que algunos denominan “el mejor panino de Roma”, ése que hacen en el banco número 15 del Nuevo Mercado de Testaccio o lo que es lo mismo en Mordi e Vai (muerde y vete). Cuando nosotras fuimos era pronto, poco más de las doce, pero llevábamos ya más de 12 kilómetros caminados, así que la gusa nos llamaba a gritos desde el estómago. Como yo había leído alguna vez sobre el panino di Allesso, para allá que nos fuimos y pedimos este bocadillo de ternera cocida, tierna y jugosa, que cuesta 3,5 euros y al que le puedes añadir verdura cocida, en nuestro caso brécol y achicoria, por medio euro más. La verdad es que no sé yo si será el mejor de Roma, pero a mí el bocadillito me ha sentado de vicio. Tenían otras cosas en la tienda, como bocadillo de callos (sí señor, eso es atrevimiento), de lengua (que casi me parece light en comparación con el de callos), de salchicha (¡qué sencillo en comparación con lo anterior!) o de picchiapò (que es la carne estofada con cebolla, zanahoria y tomate) y también albóndigas de la nonna. Como opción vegetariana, está la verdura ripassata (salteada en la sartén) y también el bocadillo de alcachofas a la romana. Yo lo aconsejaría como opción street food, inmediata, sana y deliciosa.

San Saba

¿Echabais ya de menos más iglesias romanas? Pues aquí va otra, que en esta ocasión está entre el barrio de Testaccio y el del Aventino y se llama San Saba. Esta iglesia fue un oratorio para monjes palestinos que huían de las invasiones árabes en el S.VII y sobre ese oratorio se construyó en el S.X una iglesia que es la que aún ahora vemos (aunque ha sido evidentemente reformada en varias ocasiones a lo largo de estos siglos). La puerta principal te lleva a un pequeño jardincillo que da paso a un pórtico en el que puede verse una pequeña colección de restos arqueólogicos (hay un par de sarcófagos bastante reseñables). En el interior hay tres naves con frescos del S.XIII que narran la vida de San Nicolás de Bari (un obispo que vivió en el S.IV y que dio origen al mito de Santa Claus, también conocido como Papá Noel 🙂 ). Bueno, que me pierdo. Que entre estos tres frescos que os digo, hay uno un poco inquietante en el que aparecen tres mujeres desnudas metidas en una cama junto a un hombre que parece esconder algo en su capa, sobre el muro de la habitación donde están, aparece San Nicolás dándoles un saco de monedas. La traducción de esta imagen es que las tres chicas eran demasiado pobres para casarse y estaban en la cama porque no tenían ropa, hasta que el santo consiguió una bolsa de oro como dote, pero como os digo a mi la imagen me ha parecido cuanto menos turbadora. Por lo demás, el suelo también es del S.XIII y es de estilo cosmatesco, un estilo muy frecuente en el medievo italiano, en el que se utilizaban mármoles de antiguas ruinas romanas para hacer figuras geométricas.

Felice a Testaccio

Hoy una entrada gastronómica de esas que tanto os gustan. Y es que esta noche nos acercamos con nuestros amigos franceses hasta Testaccio para probar “un clásico” como dicen ellos: Felice dal 1936. Os cuento que el sitio está muy frecuentado, vamos que si no quieres hacer una cola enorme, más vale reservar. El local es bastante menos clásico de lo que yo hubiese imaginado de “un clásico”, porque tiene techos muy altos con viga metálica vista y está decorado en unos tonos claros que le dan sensación de amplitud, aunque no sea un espacio amplio. Por el contrario el servicio es poco dado a amabilidades excesivas y no se prodigan en sonrisas, por ejemplo, como curiosidad os comentaré que el camarero se enfadaba cada vez que no pedíamos lo que él nos sugería, hasta el punto que directamente nos ha dejado con la palabra en la boca y ha tirado la libretilla de tomar nota encima de la mesa cuando le hemos dicho que no tomaríamos vino, sino dos cervezas y agua. En fin…los romanos son así. La carta es variada, pero su especialidad son los cacio e pepe, que es algo tan sencillo (y tan complicado) como pasta con queso y pimienta. Pero sí, la comida está rica y el precio no es excesivo. Pero la compañía siempre marca la diferencia entre un sitio normal y un buen sitio.

Bambini

Hoy he leído en el Corriere della Sera una noticia que me ha hecho gracia. Y es que el domingo, Antonio Ferrari, propietario de la enoteca del mismo nombre en Padova (al norte de Italia), hizo a una familia una rebaja del 5% sobre el total de la cuenta, en virtud de un “descuento por niños educados”. Y es que parece ser que los niños (5) después de comer se pusieron en completo silencio a dibujar y a hacer sumas, sin necesidad de tablets ni smartphones. Todo un lujo sí. Le doy la razón. Pero digo yo que los pobres niños también tendrán derecho a hablar, sin que eso signifique que molestan, porque a mí sinceramente a veces cuando hablan me molestan más algunos adultos que la mayoría de los niños. La cuestión es que el tal Antonio cuenta en esta entrevista que le hacen en el periódico, que la idea la copió de un local de Miami y que no tomó la decisión de hacerles el descuento para hacerse publicidad – aunque fue el mismo el que luego lo colgó en twitter – sino porque le salió del alma al ver el buen comportamiento de los enanos, aunque también comenta que no lo va a establecer como una norma en su local, porque sino aquellos a los que no se les haga el descuento se podrían sentir ofendidos y sobre todo cuestionados como padres. ¿Qué es lo que más fastidia al resto de comensales del comportamiento de los niños en los restaurantes según este italiano que lleva doce años regentando este local? Pues cuando se encierran en el baño y se ponen a jugar con el agua y sobre todo cuando corren entre las mesas. Le doy la razón. En ese caso tienes ganas de castigar…a los padres que se lo permiten. Aunque a mí personalmente me molestan mucho los gritos repetitivos. Pero ese ya es un problema mío y de mi oído que es muy sensible. En todo caso, lo mejor es amaestrar a las fieras antes de sacarlas de paseo y lo digo como comensal sufridora y también como mamma que alguna vez ha tenido que soportar a sus churumbeles sacar los pies del tiesto y del agobio ni siquiera ha podido disfrutar de la comida. Porque hay una cosa que está clara: niños tranquilos, comida feliz para todos.

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Descanso

Perdonad las ausencias, pero es que necesito un descanso. Porque tratar de poner orden en tu vida de allá, estando acá, a veces es bastante complicado. Y los dos mil kilómetros que las compañías aéreas acrecientan con sus precios abusivos a veces se me echan encima como una losa. Que sí, lo admito…¡que alterada ando, pero arrieritos somos y en el camino nos encontraremos!. Así que hago una pausa y os dejo un par de zumos naturales de los que podéis encontrar en Buddy, un bar que está en la Plaza de S. Andrea della Valle – muy cerca de Piazza Navona – y donde además se puede comer de buffet por un precio medio.

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