Cambiar de vida

Ahora que vengo de una sesión extra de “españolidad” – fuimos al cine a ver (en italiano) la última película (y primera como director) de Raúl Arévalo y luego nos juntamos con unos amigos españoles para tomar cañas – os tengo que decir que a veces hay que tomar distancia. Por eso, si en este momento alguno de vosotros está pensando en hacer las maletas, en dejarlo todo y echar a andar, que no lo dude más…¡que lo haga!. Porque ahora te puede parecer que el sacrificio es demasiado grande, que lo que dejas atrás es mucho, pero lo que ganas al vivir fuera de tu casa, de tu país, de tu gente, eso sí que es inconmensurable y además, todo lo importante permanece y espera. Así que corre, porque hay momentos en la vida que son de prueba, de cambio y, sobre todo, de inspiración y crecimiento. Y no importa la edad que tengas, 15, 25, 40 ó más. Siempre es el momento. Tampoco importa que el viaje te traiga prosperidad económica o no, porque seguro que algo vas a ganar. Para empezar la experiencia y el conocimiento (del entorno y también propio).
Yo, aparte de en esta experiencia italiana, he vivido otras dos veces en el extranjero y ambas supusieron un cambio. Cuando con 23 años me fui a vivir a Suecia, descubrí un país maravilloso, salvo por la falta de luz, que me hizo perder perspectiva y ganar kilos e incluso, en algún momento, abalanzarme (además de sobre la comida 😀 ) hacia el abismo. Pero también allí conocí a gente con la que me sentiré siempre conectada más allá de esta realidad de hoy, independientemente del tiempo y del espacio que nos unan o nos separen. Y aparte de un país y de una gente, descubrí facetas de mí misma, algunas positivas, pero también otras que me enseñaban una versión de mí a la que jamás querría volver. 
Mi otra experiencia, la primera, fue un verano cuando aún no había cumplido 15 y los genitori me enviaron por segunda vez a pasar el verano al sur de Inglaterra. La primera vez no había sido una buena experiencia (supongo que algunas sí lo son), sobre todo porque yo, con trece, seguía siendo una niña con inquietudes de niña, mientras muchos de mi edad ya pelaban la pava. Sin embargo me sirvió para que a la segunda fuera la vencida. Así, en aquel lejano verano – del que para ser sincera apenas guardo recuerdos concretos, pero sí muchas sensaciones fantásticas – debí aprender algo de inglés, pero sobre todo me quité muchas corazas y miedos y conocí a gente que, de una manera u otra, aún me acompaña.
Así que si aún no lo tienes claro ¡¡desdúdate y ve… la vida continúa también a la vuelta de la esquina!!

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Autor: elenabalo

Medio berciana, medio castellonera. Criada como barberense y crecida como villaodonesa. Y ahora mismo ejerciendo de romana. Soñadora vehemente, vividora pragmática. Unos ratos ingenua y otros escéptica. Hija imperfecta, madre impaciente, compañera indómita, amiga irregular. Culé. Viajera y enamorada de Roma.

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