Da Romolo alla Mole Adriana

Ya se ha ido la cugina, ha sido tan tan breve que pese al cansancio supremo me he quedado con ganas de más. Dicen que esas visitas son las buenas, pero la verdad es que yo hasta ahora no he tenido ninguna mala. Los bambini han vuelto de pasar el fin de semana montando en barco con unos amigos en Porto Ercole y maridísimo vuela ya hacia Roma después de un fin de semana nostálgico en Madrid. A nuestros otros dos invitados de esta semana, los catalanes, no les veo desde la hora del desayuno, pues están disfrutando a tope de la ciudad y sufriendo (supongo) los calores de esta (aún) primavera loca. Hoy el paseo ha sido mucho más liviano y menos ecológico, pues en vez de darle tanto a la pata, hemos utilizado el coche para movernos de uno a otro destino. Aún así hemos tomado un capuccino en Sant’Eustachio, hemos intentado (otra vez sin éxito, esta vez por la misa dominical) entrar en el Panteón, hemos ido hasta Testaccio para ver el cementerio acatólico, la pirámide y algunos murales de street art, y luego hemos volado hasta el Aventino, para hacer cola en la Plaza de los Caballeros de Malta y ver el secreto, hemos visitado un par de iglesias (San Alessio y Santa Sabina), disfrutado de las maravillosas vistas del jardín de los naranjos y hemos terminado en la Plaza de San Pedro y después comiendo en un restaurante cercano antes de ir al aeropuerto. Intuir Roma en un día y medio es posible, pues el viernes por la noche estuvimos cenando en el río antes de dar un paseo por el Trastévere. Os dejo además algunos de los platos que hemos comido en Da Romolo alla Mole Adriana, un restaurante agradable y económico cerca de Borgo Pio y anexo a las antiguas murallas de la ciudad.

Cenar en Ponte Milvio

Cerca de Ponte Milvio hay muchos restaurantes, es una zona de moda, llena de gente guapa y buenos sitios para comer o tomar algo. El sábado fuimos a cenar allí y he estado postponiendo esta entrada esperando encontrar el nombre del restaurante donde estuvimos, una bonita terraza que los días de diario sirve el típico buffet por unos 12 euros y por la noche se llena de luces doradas para servir lo mejor de su carta. Pero no ha habido suerte. Tendré que claudicar y comprarme un móvil nuevo, porque evidentemente la memoria de mi cabeza ya anda llena…¡¡ay!!. En todo caso este sitio, del que intentaré averiguar el nombre lo antes posible, es bastante recomendable, no tanto por los precios, como por la calidad, buen ambiente y terraza (en la que hay que reservar al menos un par de días antes para asegurarte el sitio). Os dejo algunas de las cosas que comimos – básicamente carnaza (esta gente es incorregible) excepto por los tartares de pescado… ¡ñam!.

 

Terraza Borromini

Como el otro día os traje un restaurante informal y en un entorno modernito, hoy vuelvo a la tradición italiana y a las vistas espectaculares de esta ciudad única. Y es que este mediodía, nos escapamos corriendo de un evento en la Embajada (cuando ya casi había terminado, ¿eh?) y fuimos a comer con cuatro amigos a una terraza increíble sobre la Piazza Navona. No es que quiera ocultaros el nombre del restaurante para mantenerlo como un secreto, es que no lo sé. Es lo que tiene dejarte llevar, que pierdes mucha información relevante.
Lo que sí que voy a compartir, porque esto lo sé, ya que lo he disfrutado con todos mis sentidos, es lo que hemos comido: burrata y mozzarella (que son lo mismo, pero no tienen nada que ver en su consistencia, pues la burrata es mucho más mórbida), fritura de pescado (muy delicada, nada de rebozados pringosos), diferentes tipos de pulpo (a la plancha con crema de patatas y en ensalada con cítricos), frittelle di neonata (una especie de tortilla de chanquetes; que digo yo que sí, que aquí también debe estar prohibida su pesca, o bueno, prohibida no, porque aquí todo es…¡facultativo!) y pasta con setas y almejas (increíbles los funghi porcini, deliciosos). Al postre no hemos llegado, pues nos esperaban nuestras responsabilidades de familia numerosa (llevar a nuestros bimbi y a cinco de sus amigos a un partido de fútbol), pero seguro que también eran inolvidables. Y mientras cierro esta entrada, me chivan el nombre del restaurante: Terraza Borromini.

Dolce

Cuando llegamos a Roma me empapé de libros, blogs y páginas donde decían qué ver, qué oler, qué tocar, qué oír y, sobre todo, qué comer en esta ciudad. Recuerdo que marqué con especial interés un restaurante que tenía un nombre muy sugerente para una golosa impenitente* como yo: Dolce. Desde entonces siempre que he querido ir, algo se ha interpuesto entre esos brownies, esas milhojas, esos tiramisús y yo. Siempre…hasta hoy. El restaurante está en el quartiere africano (se llama así por el nombre de sus calles) y es uno de esos que tanto se llevan ahora con estructura industrial de techos altos, paredes blancas y acabados metálicos y mobiliario vintage. El menú es informal, a base de diferentes tipos de bocadillos, ensaladas, zumos y, sobre todo, dulces. Todos los días está abierto por la noche y los domingos también desde el mediodía para tomar un brunch como éste que nos hemos regalado nosotros hoy. Después de tanto tiempo, no es que haya quedado impresionada, pero tampoco me ha defraudado. Rico. 
(*) Bueno, debo confesar que cuando el otro día la rubia me sacó una foto del “derrière”, no pude por menos que pensar “tiembla Kim Kardashian” y desde entonces me he dado un poco más a la penitencia de la acelga cocida y al fustigamiento del trote cochinero. Así que hoy…¡me quedé sin postre!

¿Fusión?

Esta mañana, de vuelta a la realidad cotidiana que nos obliga a pensar en lo material, sobre todo al escuchar el mismo eco en la nevera que en nuestros estómagos, fui al supermercado a hacer la compra y me encontré con esto…
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Huelga decir que no me he atrevido a comprarlo. Todo tiene un límite y puestos a fusionar la pasta y la paella, me quedó con la fideua (ñam…se me hace la boca agua). ¡¡Están locos estos romanos!! 🙂

Piamonte y Valle d’Aosta: Gastronomía

Una vez más os dejo algunos pequeños detalles de la comida y la bebida que hemos catado en nuestro viaje por Piamonte y Valle d’Aosta. Nada que objetar…todo espectacular. Empezamos con lo habitual, porque en estas dos regiones italianas se bebe vino y se come…pasta. Vamos, lo normal. Así que os dejo para comenzar unos vinos de la zona de Barolo, una pasta pomodoro y parmiggiano, culurgiones con mantequilla, menta y mojama (ambos de Turín) y tagliatelle al capretto (que nos dieron en Monte Bianco).

 

Después seguimos con la carne, muy típica de estas dos zonas…entrecotte a la piamontesa con queso azul de Aosta, la Carbonade (que es el estofado típico y que normalmente está acompañado de polenta, pero que en esta ocasion nos dieron con espinacas y puré de patatas) y el cabrito asado (que nos dieron en Barolo).
Dejo también un plato de verdura con queso Fontina (típico de Aosta), por lo de haceros creer que somos gente sana y tal 😉

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Y por último comparto los postres más típicos, como la panacotta con pudding de turrón (que nos dieron en Barolo), el tiramisú (de Turín), el tortino al ciocolatto (de Monte Bianco) y, por supuesto, los súper deliciosos e imperdibles chocolates calientes turineses, como estos de Guido Gobino (enfrente del Museo Egipcio de Turín) y que eran clásico, fondente, con sabor a naranja y granizado de chocolate y limón.
Y para terminar (ahora sí que sí) los productos típicos de la zona, como las avellanas y las trufas típicas de la zona de Barolo y los licores de tabaco y miel de Aosta (que iban de 22º a 55º y que yo no pude probar, porque tengo un límite en los 12º del vinos).
Y después de este banquete, con licor y puro, os dejo ya hasta el primero de mayo, porque he cogido carrerilla y me voy unos días a ver a la familia 🙂

La Semana Santa en Roma

Creo que en España esta semana los niños ya disfrutan de las vacaciones de Semana Santa, sin embargo aquí las vacaciones escolares son sólo desde el jueves santo hasta el martes posterior y el único día verdaderamente festivo para todo el mundo es el lunes de pascua o Pasquetta. Es extraño, porque uno se imagina que la semana santa romana tiene que estar llena de liturgia, y en parte es así, sin embargo todos estos eventos no se corresponden con los días de vacaciones. Hoy, domingo de Ramos se ha celebrado una misa en San Pedro, el jueves está la misa Crismal (previa compra de entradas), el viernes por la tarde la Pasión del Señor en San Pedro (con entradas) y por la noche el Via Crucis en el Coliseo con la presencia del Papa (que es gratis y tiene que ser increíble, si no fuera por la cantidad de gente que puede agolparse allí), el sábado la Vigilia Pascual en San Pedro (con entradas) y el Domingo de Pascua la misa y la bendición Urbi et orbi. Además, en varias iglesias se hacen conciertos o se celebra algún otro evento especial como el encendido de la máquina de las 40 horas en Santa María dell’Orto tal y como ya os conté en alguna entrada precedente. 
En todo caso y, aunque es siempre importante cuidar lo espiritual – cada uno a su modo – no hay que olvidarse de que el cuerpo también necesita alimento, por eso, mientras echamos de menos las torrijas, nos damos a los huevos de pascua (que aquí los hay de todo tipo, tamaño y color del envoltorio) y a la colomba, que se llama así porque es un bizcocho parecido, casi igual, al panettone navideño, pero con forma de paloma de la paz.