Domenica

Lo mejor de Roma son sus zonas verdes. Es la posibilidad de hacer un picnic en uno de sus muchos parques (hoy hemos inaugurado la temporada en el parque di Tor di Quinto después de montar en bicicleta por la pista ciclista de la que ya os he hablado alguna vez) o dar un paseo, sentir un olor a campo, buscar y encontrar un establo lleno de caballos (a solo dos kilómetros de Piazza Spagna). Y esta ciudad que me enloquece por muchas otras razones menos agradables, me vuelve loca también por este tipo de contrastes fantásticos.

 

 

 

Villa Sciarra

Ayer, como os dije, nos dimos una vuelta por el Trastevere y nos acercamos a conocer Villa Sciarra, un pequeño parque que está delimitado por el muro Gianicolensi. Como curiosidad os diré que esta zona ha sido verde y boscosa desde muy antiguo y que la leyenda cuenta que es aquí donde Julio César alojó a Cleopatra durante su estancia en Roma. Pero la historia de Villa Sciarra como tal comienza en el S.XV cuando en este terreno construyen el primer edificio. Aunque es ya en el S.XVII cuando pasó de villa extraurbana a villa urbana y eso hizo aumentar su valor. Es en ese momento cuando la finca pasa a manos de los Barberini y un siglo después los Barberini se unen con los Colonna y con los Sciarra. Como veis al final todo se reparte siempre entre las mismas familias. El último propietario de la finca fue Maffeo Il Sciarra que por problemas económicos terminó perdiendo su patrimonio, de manera que la villa pasó a manos de George Wursts y su mujer, que colocaron numerosas estatuas y fuentes del S.XVIII y de origen lombardo, y plantaron muchos árboles y plantas exóticas. Cuando ellos murieron en 1930, donaron la villa al estado italiano con la condición de que fuese destinada a parque público. Y así fue, aunque el palacete es desde entonces la sede del Instituto de estudios germánicos. El parque, como casi todo en Roma, no está en su mejor estado de conservación, pero pese a ello es un lugar muy agradable para perderse un ratito en la naturaleza sin moverse del centro de la ciudad.

 

Reserva Natural de la Insugherata

El tiempo en Roma es francamente imprevisible. Por ejemplo, para este domingo venían anunciando lluvia y tormenta eléctrica toda la semana y sin embargo a lo largo del día, apenas ha habido un par de leves tormentas, aunque a decir verdad ahora llueve a mares. Aunque ahora, que ya hace rato que es de noche, poco me importa. La cuestión es que al final, esta mañana, mientras estábamos encerrados en casa, esperando que cayera la anunciada lluvia, veíamos el solecito entrar por la ventana, con lo que al final hemos hecho caso omiso de las predicciones y, con un par de chubasqueros por si acaso, nos hemos ido a descubrir un nuevo parque romano, en este caso la reserva natural de la Insugherata, por donde además pasa la Via Francigena, que es un camino de peregrinaje que existe desde el medievo y que en tiempos unía Canterbury con Roma. Desde hace unos años están intentando reflotar esta vía, sobre todo en la zona de la Toscana, donde ya está bastante recuperada. Por lo demás la reserva da color verde y aire puro al norte de la ciudad gracias a su gran variedad de árboles que forman bosques frondosos. Es increíble que en el centro de una gran ciudad como ésta, aún pueda uno pasear junto al río, entre alcornoques, encinas y ovejas. 

Bicicleta y patines

Hoy salí por primera vez a montar en bici desde hace tres meses. Aún no tengo la mano del todo bien, aún está algo hinchada, sobre todo por la mañana, pero me dicen que todo es normal…aunque ya sabemos que para los médicos todo es normal hasta que empieza a ser irreversible 😦
En fin…que fui a villa Borghese, hasta la bandera de gente tratando de disfrutar del leve sol tras el diluvio de ayer. Lo mejor un campeonato de salto sobre patines…¡¡increíble!!

 

Comer en los parques

Primer picnic de la temporada y yo aún sin mi cestita de Caperucita. Maravillosa jornada la de hoy con esta incipiente primavera que ha llegado cuando aún febrero se nos escapa de las manos. Impresionante el parque Doria Pamphilj, el más grande de Roma.
Me gusta que los italianos no tengan ese pudor tan nuestro y no les avergüence comer por las calles o en los parques…¿quién puede rebatir que comer unos filetes empanados, una tortilla o un trozo de pizza bianca tumbado en el césped bajo el sol es un placer mayor?

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