Lo peor de Roma

Hoy hemos tenido una jornada difícil, de esas en las que estás contento aunque no paras de llorar. Hoy hemos celebrado la fiesta de despedida de los niños con sus (cincuenta 😛 ) mejores amigos del colegio y sus padres. Y estamos contentos porque tanto los bambini como nosotros hemos dejado aquí un grato recuerdo, por todas las cosas buenas que nos deja esta experiencia romana y porque volvemos a casa. Pero no paramos de llorar al pensar que pasamos página, que dejamos atrás personas y lugares, con lo que eso significa. Espero que podamos cumplir al menos una parte de todos los buenos propósitos que hoy hemos verbalizado. En todo caso, Roma ya forma parte de nosotros, con lo bueno y con lo malo…que es lo que hoy os dejo, para que el camino de vuelta se me haga más liviano 🙂
Lo peor de Roma es sin duda alguna el tráfico, que hace perder la paciencia al más pintado y el tiempo a todo el que se mueve por la ciudad. No es la única cosa mala, tiene otras, como el mal mantenimiento de las infraestructuras y, sobre todo, la suciedad, pero a decir verdad, eso es una cosa que a mí (visualmente) me afecta bastante menos (si ya hablásemos del olfato, que no es el caso, la cosa cambiaría). Los otros puntos negativos a los que nos hemos tenido que enfrentar a lo largo de estos cuatro años no tienen tanto que ver con Roma, pues creo que las hubiésemos sufrido en cualquier otro lugar (incluso a menudo te ocurren en tu propio país): la dificultad para comunicarse (que no siempre viene dada por el idioma), las burocracias absurdas (¿qué os voy a contar?), el desconocimiento de los protocolos más habituales (infernal lo de ir al médico), las interpretaciones libres de la ley (ejem, ejem)…

 

 

Españoles en Roma

Antes de que estos españoles (es decir “nosotros”) llegaran a Roma hubo muchos otros que pasaron por esta ciudad. De hecho, el año pasado, hablando con la canciller del consulado, me dijo que había nada menos que seis mil españoles inscritos como residentes y que pensaban que había otros seis mil sin inscribir (estudiantes erasmus, trabajadores temporales, viajeros). Hay gente que viene y triunfa, gente que pasa por aquí y gente que llega, se asusta y se va. De todo hay en la viña romana. Y es que Roma tiene tanto de invivible como de maravillosa. Es una ciudad espléndida, bellísima, pero en ningún caso fácil.
Pero vamos a lo nuestro, y es que antes incluso de que aquel país existiese como tal, hubo cuatro emperadores romanos de origen hispano: Nerva (que gobernó durante un par de años), Trajano (la columna del mismo nombre recuerda su buen hacer como gobernante durante casi veinte años), Adriano (que construyó el Castello di Sant’Angelo) y Teodosio el Grande (que convirtió el cristianismo en la religión oficial). Pero vamos, que todos ellos de españoles no tenían nada, eran romanos de pura cepa…
Como también fueron romanos, aunque nacidos en Hispania (que no en España), Séneca o Marcial o el primero de los tres Papas “españoles”, Dámaso I, que parece ser que nació en lo que hoy es Galicia en el S.IV y que mandó construir la primera Basílica de San Lorenzo Extramuros.

 

Los otros dos Papas nacieron en el Reino de Aragón: Calixto III nació como Alfons de Borja en Játiva (Valencia) y vivió entre el S.XIV y S.XV y Alejandro VI, que era sobrino del anterior, también nació en Játiva y se llamaba en realidad Rodrigo de Borja, aunque es más conocido como cabeza de la familia Borgia, que marcó una época llena de intrigas y poder, pero que también hizo mucho por el arte, protegiendo entre otros a Miguel Ángel o a Rafael.
Pero como no es de extrañar, estos Papas no fueron los únicos que en el ámbito religioso pasaron por Roma para quedarse. Ignacio de Loyola llegó en 1539, consiguió que el Papa firmara la bula fundacional de la Compañía de Jesús y se quedó aquí hasta su muerte en 1556, abanderando la Contrarreforma; Francisco de Borja, biznieto de Alejandro VI (sí, esas cosas pasaban en aquellos años), fue posteriormente santificado y se hizo cargo durante algunos años de la Compañía de Jesús; a José de Calasanz, natural de Peralta de la Sal (Huesca), también le hicieron después Santo, pero antes, en 1597 creó en el Trastevere la primera escuela pública gratuita, la Escuela Pía.
Precisamente la misma casa en la que vivió San Ignacio de Loyola, en la vía Montserrato 20, fue la que acogió a Rafael Alberti y a María Teresa León cuando llegaron a Roma en 1963 en el periplo de un largo exilio. Ellos son un ejemplo, pero hay muchos más escritores españoles que eligieron Roma para huir, como María Zambrano o Ramón Gaya, en el contexto del fin de la guerra civil, y mucho antes, también Cervantes, tras matar a un hombre, llegó a Roma para huir de la justicia, y aquí estuvo sirviendo a un cardenal, antes de embarcarse a luchar contra los turcos. Pero el exilio no es sólo cosa de artistas, pues incluso un rey, Alfonso XIII, vivió y murió en esta ciudad, donde también nació otro, Juan Carlos I.
Pero no todos terminaron en Roma obligados por las circunstancias políticas, pues algunos llegaron por el trabajo y el arte, como Ramón María del Valle Inclán que fue director de la Academia de España en Roma entre 1933 y 1935. Academia donde por cierto estuvieron después grandes artistas como Sorolla, Rafael Moneo o Javier Reverte. Sin olvidar tantos otros (tal vez vosotros) que pasaron por aquí como turistas y que luego escribieron sobre su experiencia. Y es que por todos es bien sabido que, independientemente de las circunstancias…¡todos los caminos conducen siempre a ROMA!

 

 

 

San Saba y cementerios

Han venido los genitori y estamos de paseito por aquí y paseito por allá. Esta mañana les llevé a ver el barrio de San Saba, también conocido como il piccolo Aventino, y después nos acercamos hasta el cementerio acatólico. De vez en cuando voy a rendirle honores a los artistas que allí están enterrados. Mucho arte necesitamos en este mundo. Arte y, sobre todo, sentido común. En fin…que entre todas las figuras escultóricas que hay en el cementerio, les llamó mucho la atención una que representa a una joven yaciente, con las manos en el pecho, entre las que alguien puso algunas flores. Es la tumba que su prometido, de profesión escultor, hizo para Elsberth M. Wegener Passarge, una joven alemana que murió con 18 años y que como dice su epitafio, pasó de un dulce sueño de amor a la vida de los ángeles. Después de comer, ya por la tarde, estuvimos con los bambini y algunos amigos suyos en Villa Ballestra tomando un zumo con vistas al Vaticano.

Totti se retira

Te tiene que gustar mucho el fútbol o tienes que haber vivido aquí para saber lo que significa Totti. Ayer todo el centro de Roma estaba teñido de púrpura y dorado en honor a este tipo corriente que en la ciudad eterna es mucho más que un ídolo. Y es que…si Totti se retira del fútbol, yo no tengo más remedio que irme de Roma 😉 Pero antes hago mías algunas de las palabras que ayer dedicó a su afición: “Apagar las luces no es fácil, y ahora tengo miedo, por eso necesito vuestra ayuda“.

 

Refranes

Hoy hablando de esto y de aquello, me he acordado de que hay un refrán italiano que dice “donna in altezza, mezza bellezza”…vamos, que les gustan altas y altos. Pues no sé si la voluntad hace crecer, pero lo cierto es que la mayoría de la gente italiana con la que nos relacionamos aquí es más alta que nosotros (lo que en mi caso tampoco es mucho decir 😉 ). He dicho.

Basílica de Santa Cruz de Jerusalén

La Basílica di Santa Croce in Gerusalemme está a poco menos de un kilómetro de San Juan de Letrán y su fachada, como aquella otra, llama mucho la atención del paseante por sus formas ondulantes de estilo tardo barroco. Pero la historia de la iglesia empieza mucho antes, en el S.IV cuando en este barrio, ya entonces residencial, se encontraba un bello palacio, el Palazzo Sessorium, donde Santa Elena, madre de Constantino, guardó algunas reliquias de la pasión de Cristo encontradas en el Monte del Calvario y así el palazzo se convirtió en iglesia y pasó a llamarse Basílica Eleniana o Sessoriana. Muy posteriormente, esta iglesia sufrió varias remodelaciones, la del S.XI alteró completamente su estilo, adaptándose al estilo románico, estableciendo una planta, en tres naves, que aún se conserva a día de hoy. La fachada en cambio es del S.XVIII. Cuando entras te llama la atención el suelo de estilo cosmatesco (precioso…me voy a poner uno así en el salón de mi casa) y la forma ovalada del altar. Después te vas moviendo por las diferentes capillas. Está la capilla de las reliquias, con vitrinas llenas de relicarios donde se supone están trozos de la cruz de Jesús, de la cruz de uno de los ladrones, un par de espinas de la corona y el dedo de Tomás. Después hay otra pequeña capilla anexa dedicada a Antonietta Meo, una niña vecina de la iglesia y muy querida por todos, que murió a los seis años y que le escribió una serie de estremecedoras cartas a Dios. Otra de las capillas es la de Santa Elena, que tiene un mosaico (siempre los mosaicos, buscándome) que representa a Cristo, a los evangelistas y cuatro historias de la Cruz. Una cosa que destaca del mosaico es que por primera vez aparecen animales provenientes de América. En esta misma capilla hay una estatua de la Santa y se dice que bajo el suelo se conserva la tierra de Jerusalén que trajo Santa Elena y que le da nombre a la Basílica.