Españoles en Roma

Antes de que estos españoles (es decir “nosotros”) llegaran a Roma hubo muchos otros que pasaron por esta ciudad. De hecho, el año pasado, hablando con la canciller del consulado, me dijo que había nada menos que seis mil españoles inscritos como residentes y que pensaban que había otros seis mil sin inscribir (estudiantes erasmus, trabajadores temporales, viajeros). Hay gente que viene y triunfa, gente que pasa por aquí y gente que llega, se asusta y se va. De todo hay en la viña romana. Y es que Roma tiene tanto de invivible como de maravillosa. Es una ciudad espléndida, bellísima, pero en ningún caso fácil.
Pero vamos a lo nuestro, y es que antes incluso de que aquel país existiese como tal, hubo cuatro emperadores romanos de origen hispano: Nerva (que gobernó durante un par de años), Trajano (la columna del mismo nombre recuerda su buen hacer como gobernante durante casi veinte años), Adriano (que construyó el Castello di Sant’Angelo) y Teodosio el Grande (que convirtió el cristianismo en la religión oficial). Pero vamos, que todos ellos de españoles no tenían nada, eran romanos de pura cepa…
Como también fueron romanos, aunque nacidos en Hispania (que no en España), Séneca o Marcial o el primero de los tres Papas “españoles”, Dámaso I, que parece ser que nació en lo que hoy es Galicia en el S.IV y que mandó construir la primera Basílica de San Lorenzo Extramuros.

 

Los otros dos Papas nacieron en el Reino de Aragón: Calixto III nació como Alfons de Borja en Játiva (Valencia) y vivió entre el S.XIV y S.XV y Alejandro VI, que era sobrino del anterior, también nació en Játiva y se llamaba en realidad Rodrigo de Borja, aunque es más conocido como cabeza de la familia Borgia, que marcó una época llena de intrigas y poder, pero que también hizo mucho por el arte, protegiendo entre otros a Miguel Ángel o a Rafael.
Pero como no es de extrañar, estos Papas no fueron los únicos que en el ámbito religioso pasaron por Roma para quedarse. Ignacio de Loyola llegó en 1539, consiguió que el Papa firmara la bula fundacional de la Compañía de Jesús y se quedó aquí hasta su muerte en 1556, abanderando la Contrarreforma; Francisco de Borja, biznieto de Alejandro VI (sí, esas cosas pasaban en aquellos años), fue posteriormente santificado y se hizo cargo durante algunos años de la Compañía de Jesús; a José de Calasanz, natural de Peralta de la Sal (Huesca), también le hicieron después Santo, pero antes, en 1597 creó en el Trastevere la primera escuela pública gratuita, la Escuela Pía.
Precisamente la misma casa en la que vivió San Ignacio de Loyola, en la vía Montserrato 20, fue la que acogió a Rafael Alberti y a María Teresa León cuando llegaron a Roma en 1963 en el periplo de un largo exilio. Ellos son un ejemplo, pero hay muchos más escritores españoles que eligieron Roma para huir, como María Zambrano o Ramón Gaya, en el contexto del fin de la guerra civil, y mucho antes, también Cervantes, tras matar a un hombre, llegó a Roma para huir de la justicia, y aquí estuvo sirviendo a un cardenal, antes de embarcarse a luchar contra los turcos. Pero el exilio no es sólo cosa de artistas, pues incluso un rey, Alfonso XIII, vivió y murió en esta ciudad, donde también nació otro, Juan Carlos I.
Pero no todos terminaron en Roma obligados por las circunstancias políticas, pues algunos llegaron por el trabajo y el arte, como Ramón María del Valle Inclán que fue director de la Academia de España en Roma entre 1933 y 1935. Academia donde por cierto estuvieron después grandes artistas como Sorolla, Rafael Moneo o Javier Reverte. Sin olvidar tantos otros (tal vez vosotros) que pasaron por aquí como turistas y que luego escribieron sobre su experiencia. Y es que por todos es bien sabido que, independientemente de las circunstancias…¡todos los caminos conducen siempre a ROMA!

 

 

 

Italianini y Spagnolos

Hoy di una clase muy divertida sobre la diferencias entre los italianos y los españoles; os remito al artículo de Juan Arias que hemos analizado y que me ha parecido bastante carinohttp://elpais.com/diario/1984/03/28/opinion/449272809_850215.html. El autor empieza diciendo que aunque la mayoría de la gente piense que un italiano y un español se entienden “porque sí” en realidad son dos idiomas muy diferentes que hay que estudiar en profundidad. Sin embargo los españoles pensamos que con terminar las palabras en “ini” vale y los italianos creen que con terminarlas en “s” también…no os engaño, a veces funciona…peri ni siempri!!

Sara Baras en Roma

Ayer, tal y como os dije, me fui hasta el Auditorium Conciliazione, en el Vaticano, muy cerca de San Pedro, para ver el espectáculo de Sara Baras. Empezó el show media hora tarde por un problema técnico, pero el público dividido (o unido) casi a partes iguales entre españoles e italianos, olvidó el inconveniente tras las primeras notas. Lo bueno del flamenco es que no entiende de países, de orígenes, ni de idiomas, surge de la emoción espontánea que aparece con el cante, con el zapateado, con los movimientos sensuales, pero llenos de carácter, con la energía que destilan y que trasmiten, aquí no hay historia única, cada uno crea la suya, hilada por los recuerdos que te traen – desde el escalofrío y el estrangulamiento visceral – las voces de Keko Baldomero y Rubio de Pruna y los cuerpos de José Serrano y, por supuesto, Sara Baras, todos ellos bendecidos sin duda con la magia del duende. Y así lo agradeció el público puesto en pie, italianos y españoles (hasta el mundo del fútbol estaba representado por Pepe Reina), abrumados y emocionados por un espectáculo donde se homenajeó a los grandes del flamenco: Paco de Lucía, Camarón de la Isla, Enrique Morente, Moraíto Chico, Carmen Amaya y Antonio Gades. 

Pintadas

El otro día en la página de Facebook Españoles en Roma de la que ya os he hablado alguna vez, comentaban las amistades perdidas con la distancia. En ese sentido lo cierto es que yo siempre me he considerado especialmente privilegiada. Primero por tener la suerte de haber encontrado tanta buena gente en mi vida y después por haberla podido conservar – a casi todos – pese al tiempo y la distancia. Por eso, soy fiel devota de la pintada (en español) que casi todos los días veo en la Via Antonio Grasci, junto al Instituto Británico de Roma. Gracias, gente de mi vida, porque el hecho de que sigáis ahí, me ayuda a estar aquí.

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Escritores en Roma

El otro día estuvimos en la despedida de un español en Roma. En el bar, propiedad también de un español, de Jerez, conocimos a muchos otros españoles: dentistas, profesores, funcionarios, taquilleros, aupairs, periodistas, realizadores…que de todo hay en la pequeña Roma hispanohablante. Entre todos ellos disparidad de opiniones, como en casa. Los había encantados de estar aquí, de (re)conocerse, de sentirse romanos (como maridísimo) y también los había gruñones y protestones ante la idiosincrasia italiana, aunque disfrutando del momento (como la que suscribe). 
Investigando un poco, he visto que muchos fueron los escritores célebres que pasaron algún momento de su vida en Roma y también ellos, como nosotros, vivieron Roma a veces con gusto y otras con gran disgusto, disfrutándola y sufriéndola a partes iguales, aunque vencen los que la hicieron suya, sobre aquellos que la echaron a la espalda y a la memoria…Ingleses como Lord Byron, Percy Shelley, John Keats o Dickens, irlandeses como James Joyce, rusos como Gogol, franceses como Stendhal, alemanes como Goethe,  americanos como Henry James y españoles como Cervantes, Valle Inclán, María Zambrano o Alberti. 
Hoy os dejo con una frase de éste último…
“Dejé por ti todo lo que era mío. Dame tú, Roma, a cambio de mis penas, tanto como dejé para tenerte”.

La Frontera

La Frontera (entre Italia y España) es un pequeño bar que se encuentra en el Trastévere, concretamente en la via Garibaldi 70 y que lleva un jerezano que sabe lo que significa “cambembo”. Tres cañas y dos tablas de salchichón y una de chorizo más tarde, aún he llegado a tiempo para contároslo…o no…pero ¿eso qué importa!. No sé si el camino para encontrarse es de sentido único o no, pero en todo caso…es bonito encontrarse con otros…¡¡spagnoli!!

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