Caminar

Hoy ha sido un día previo a la rutina…
Sigo descubriendo Roma, caminando por sus calles y corriendo por sus parques. Pero aún me queda mucho por patear. Al fin y al cabo esta tarde, mientras trotaba un poco en Villa Borghese (¡un auténtico placer!), pensaba que por ahora sólo conozco la cara bonita de Roma, la historia vestida de gala a la espera de que lleguen los turistas para halagarla. Pero que también tendré que salir alguna vez a las afueras, a los barrios menos bonitos, a esos de hormigón (que seguro que los hay), a los pueblecillos residenciales y a los centros comerciales mastodónticos…Y será entonces cuando ya tenga una visión más global (y real) de esta ciudad. Pero piano, piano si arriva lontano.
Por cierto, en otro rato que tenga algo más de tiempo os cuento mis avances con el idioma…aunque creo que desde que llegué, y a cuenta del colegio de los niños, he “hablado” (por decir algo) más francés que italiano…

Burocracia y rutinas

Poco a poco iré hablando de los trámites burocráticos necesarios para “integrarte” en Italia: el codici fiscale, la farnesina, la inscripción en el consulado, la apertura de una cuenta bancaria, el alta de un número de teléfono local, los cursos de italiano…aunque lo más importante aún lo tenemos pendiente…casa y colegio.
Aunque bueno, en realidad, hace sólo un momento que me han llamado del Licée Chateaubriand para decirme, en italiano, que los niños han entrado en el colegio. Vale, admitámoslo, en realidad no sé si me han dicho eso o no, eso es lo que yo he querido entender. Pero luego me he dicho “ay madre, ¡a ver si no me van a estar diciendo eso!” y, escudándome en que acabo de llegar y aún no hablo italiano, les he dicho que me lo repitiesen en francés. Y entonces ya lo he tenido del todo claro…¿cómo puedo ser tan brutica para los idiomas? Me he sentido tontísima…y al final lo peor…le he tenido que decir a la interlocutora que…¡sujetaos!…mi marido la llamaría. ¡¡Voy en caída libre…soy una auténtica “señora de”!!. ¿Quién me ha visto y quién me ve?…Pero bueno…yo creo que probablemente ¡¡¡los niños ya tienen colegio!!!!. Y nosotros una preocupación menos.
Ya sólo tenemos la ardua tarea de buscar una buena casa, cosa que no debería ser tan difícil, pero que en realidad hace leve lo de la aguja en el pajar. Mira que no soy yo muy exigente con el asunto y que desde luego no pido encontrar la casa de mi vida, sólo quiero una casa normal…una casa donde las habitaciones tengan puertas y no estén unidas entre sí, una casa donde los baños no salgan de la cocina y, a ser posible, el baño tenga ducha y la cocina tenga algo más que tubos de agua y gas, una casa que, si es un quinto, tenga ascensor, y ya, apurando un poco más, y esto ya es pedir por vicio, que no tenga frescos en los techos (recién levantada soy bastante sensible), ni mármoles de Pompeya en el suelo…vamos, lo que viene siendo un pisito habitable…Pues bien, he ido a ver casas (o cosas) verdaderamente espeluznantes, sitios donde muchos valientes aventureros no se hubiesen atrevido a adentrarse, lugares donde me entran ganas de sacar la cámara de fotos para retratar la imagen del espanto…y diréis, “pero al menos será barato”…¡¡JA!!. No puedo decir cifras porque me tiembla la voz y la mano sólo de pensarlo, pero hay que sacarse del bolsillo muchos cientos de billetitos de colores, de esos que a todos nos cuesta sudor y lágrimas conseguir. y es que a veces, sinceramente, yo no sé cómo no les da vergüenza pedir esas barbaridades por esos tugurios. Así que cual conquistadores hispanos, aquí estamos, con el machete, apartando maleza, y en busca del Dorado, que para nosotros no es más que un lugar agradable donde vivir estos cuatro años.
Vista desde mi ventana.
Vista desde mi ventana.
¿Lo conseguiremos? Os seguiré contando…