El aperitivo

Esta noche no tengo muchas ganas de escribir, pero antes de irme a dormir, y por no perder la rutina, os contaré un cuento, pero uno cortito…
“Había una vez dos señores españoles que iban a trabajar en Roma. Un día, hace mucho tiempo de esto, en un viaje de localización por la ciudad eterna, coincidieron por azar y, siendo como era la hora del aperitivo (del español, no del italiano, que se sitúa sobre las 20.00 horas), decidieron sentarse, junto a la mujer de uno de ellos, en una terraza céntrica. Pidieron un vino blanco, una botella de agua y una cerveza sin alcohol. Y mientras departían amistosamente de aquello que les esperaba en esos lares, llegó la cuenta, que ascendía a 16,20€.  Cuando ya había pasado un tiempo prudencial y todos debían volver a sus quehaceres, se levantaron dispuestos a saldar sus deudas, pero…hete aquí que un caballero, también español, conocido de uno de ellos y de mayor experiencia en las tierras italianas, pasaba por allí en ese momento y les dijo “ya voy yo mejor”. El pago real por lo consumido fue de 8,60€. Precio de barra.
Y aquí se acaba este cuento de espagueti con pimiento” 
Por mi parte sólo me queda decir que, si queréis disfrutar de una cerveza o un vaso de vino en un entorno privilegiado, os sentéis en una terraza del centro, os costará un dinero, pero valdrá la pena cada céntimo. ¡¡Qué dura es la vida del turista!!
Pero, si simplemente queréis “abrevar” o despejaros, id directamente a la barra, pedidlo y tomadlo allí mismo. Un café en una terraza cuesta unos 3 euros, un café en la barra 0,90. Además, no olvidéis que en Italia…¡todo es negociable!.
PD: Dejo una foto del lugar al que suelo ir a trotar y que no pude subir el otro día.
Rincón de Villa Borghese
Rincón de Villa Borghese

Curso en el Corso

Tienes que ayudar a cruzar el río a 1 oveja, 1 lobo y 1 lechuga. Pero si cruzan juntos el lobo se comerá a la oveja y la oveja la lechuga.  ¿Os acordáis de ese juego de lógica? Pues así ha sido más o menos mi día. Tienes 2 niños, 1 marido que acaba de empezar en su trabajo, varios trámites burocráticos pendientes y 1 colegio que – en el día de la presentación de las clases – pone a los niños horarios incompatibles y tienes que conseguir que todos esos elementos se coordinen satisfactoriamente. Conclusión, para hacerlo te pasas toda la mañana y gran parte de la tarde, vía del Corso arriba, vía del Corso abajo, bajo un sol de justicia. En el lado positivo, los paseos te hacen estar más receptiva y te permiten darte cuenta de algunas cosas:
No me gusta ir de tiendas, ni creo que nunca llegue a gustarme, pero en esa calle, y sus aledañas, es casi imposible no echar un ojo, aunque sea de refilón, a los espectaculares escaparates. Y en ese sentido, lo que sí hay que reconocerme es mi buen ojo. “Mira que zapatos más monos”. Y 990 golpes contra el cristal después, me he dado cuenta de que el tacón era demasiado alto y me iban a resultar incómodos…
El tráfico en Roma pues…¿qué no se puede decir del tráfico en Roma? Los verdaderos habitantes de esta ciudad son los coches y, aún más, las motos. Cruzar la calle es verdaderamente arriesgado, pues nunca sabes por dónde te pueden venir, y además los pasos de cebra son grafitis carentes de significado para la mayoría de los conductores. Las calles del centro son un caos sin orden ni concierto. Además, en general, por toda la ciudad, las aceras son muy estrechas, y por ellas tienen casi la misma prioridad los peatones que los vehículos de dos ruedas.  Y luego, para colmo…están las italianas. Esas italianas-italianas, de las de verdad, que ya no tienen ese físico exuberante de las clásicas, pero que se las gastan de la misma manera. Esas italianas, que ahora son altas y delgadas, con unas piernas – con moreno de Capri y longitud eterna – asomando bajo un vestido ajustado. Esas italianas que con su bolsa de Gucci te golpean o, peor aún, con su “aquí estoy yo” se llevan por delante a cualquier niño de menos de un metro (y medio). Esas italianas que, si las tocas levemente para evitar el choque, te montarán un numerito digno de la Loren. (Y digo yo, menos mal que maridísimo está acostumbrado a tratar con locas…mujeres de carácter…y tiene amplia experiencia aguantando el chaparrón con media sonrisa y una calma irritante).
Y ya por último, que se me está alargando mucho la cosa, me he cruzado con una celebridad local. O eso creo, porque, en un momento en el que me he apartado para dejar salir de una tienda a una pareja, me he dado cuenta de que la gente de alrededor se daba codazos mirando al hombre. Incluso, cuando ya habían desaparecido tras una esquina, un chico joven, se ha echado las manos a la cara, tapándose los ojos y luego las ha empezado a agitar nerviosamente, tratando de explicarle a su acompañante el momento único que acababa de vivir. ¿Quién sería? – me pregunto – ¿un deportista, un actor o cantante, un presentador de la televisión?… el hombre del tiempo seguro que no,  porque es un militar de mediana edad con su uniforme y todo. No sé quién sería, pero en todo caso, me ha hecho reflexionar sobre lo poco que sé, en general, de este país.
Así que ya tengo nuevo propósito…¡aprender algo de cultura contemporánea y actualidad italiana!.

Caminar

Hoy ha sido un día previo a la rutina…
Sigo descubriendo Roma, caminando por sus calles y corriendo por sus parques. Pero aún me queda mucho por patear. Al fin y al cabo esta tarde, mientras trotaba un poco en Villa Borghese (¡un auténtico placer!), pensaba que por ahora sólo conozco la cara bonita de Roma, la historia vestida de gala a la espera de que lleguen los turistas para halagarla. Pero que también tendré que salir alguna vez a las afueras, a los barrios menos bonitos, a esos de hormigón (que seguro que los hay), a los pueblecillos residenciales y a los centros comerciales mastodónticos…Y será entonces cuando ya tenga una visión más global (y real) de esta ciudad. Pero piano, piano si arriva lontano.
Por cierto, en otro rato que tenga algo más de tiempo os cuento mis avances con el idioma…aunque creo que desde que llegué, y a cuenta del colegio de los niños, he “hablado” (por decir algo) más francés que italiano…

Burocracia y rutinas

Poco a poco iré hablando de los trámites burocráticos necesarios para “integrarte” en Italia: el codici fiscale, la farnesina, la inscripción en el consulado, la apertura de una cuenta bancaria, el alta de un número de teléfono local, los cursos de italiano…aunque lo más importante aún lo tenemos pendiente…casa y colegio.
Aunque bueno, en realidad, hace sólo un momento que me han llamado del Licée Chateaubriand para decirme, en italiano, que los niños han entrado en el colegio. Vale, admitámoslo, en realidad no sé si me han dicho eso o no, eso es lo que yo he querido entender. Pero luego me he dicho “ay madre, ¡a ver si no me van a estar diciendo eso!” y, escudándome en que acabo de llegar y aún no hablo italiano, les he dicho que me lo repitiesen en francés. Y entonces ya lo he tenido del todo claro…¿cómo puedo ser tan brutica para los idiomas? Me he sentido tontísima…y al final lo peor…le he tenido que decir a la interlocutora que…¡sujetaos!…mi marido la llamaría. ¡¡Voy en caída libre…soy una auténtica “señora de”!!. ¿Quién me ha visto y quién me ve?…Pero bueno…yo creo que probablemente ¡¡¡los niños ya tienen colegio!!!!. Y nosotros una preocupación menos.
Ya sólo tenemos la ardua tarea de buscar una buena casa, cosa que no debería ser tan difícil, pero que en realidad hace leve lo de la aguja en el pajar. Mira que no soy yo muy exigente con el asunto y que desde luego no pido encontrar la casa de mi vida, sólo quiero una casa normal…una casa donde las habitaciones tengan puertas y no estén unidas entre sí, una casa donde los baños no salgan de la cocina y, a ser posible, el baño tenga ducha y la cocina tenga algo más que tubos de agua y gas, una casa que, si es un quinto, tenga ascensor, y ya, apurando un poco más, y esto ya es pedir por vicio, que no tenga frescos en los techos (recién levantada soy bastante sensible), ni mármoles de Pompeya en el suelo…vamos, lo que viene siendo un pisito habitable…Pues bien, he ido a ver casas (o cosas) verdaderamente espeluznantes, sitios donde muchos valientes aventureros no se hubiesen atrevido a adentrarse, lugares donde me entran ganas de sacar la cámara de fotos para retratar la imagen del espanto…y diréis, “pero al menos será barato”…¡¡JA!!. No puedo decir cifras porque me tiembla la voz y la mano sólo de pensarlo, pero hay que sacarse del bolsillo muchos cientos de billetitos de colores, de esos que a todos nos cuesta sudor y lágrimas conseguir. y es que a veces, sinceramente, yo no sé cómo no les da vergüenza pedir esas barbaridades por esos tugurios. Así que cual conquistadores hispanos, aquí estamos, con el machete, apartando maleza, y en busca del Dorado, que para nosotros no es más que un lugar agradable donde vivir estos cuatro años.
Vista desde mi ventana.
Vista desde mi ventana.
¿Lo conseguiremos? Os seguiré contando…